Los ‘cobots’ trabajarán sincronizados con los humanos en la industria 5.0: no existirá ningún entorno ni proceso donde la automatización sea impensable.

Autora: Anna León

Durante los años 60, General Motors incorporó los primeros robots industriales en sus procesos de producción. La robótica industrial estaba por entonces en manos de pocas compañías y multinacionales, algo que con el paso de los años cambiaría de forma radical. Fue con la llegada de la robótica colaborativa y los primeros cobots cuando las pymes tuvieron acceso a la automatización de su producción y se volvieron más competitivas. De esto hace apenas una década.

Ya en 2017 se comercializaron 380.550 unidades de robots industriales en todo el mundo, un 29% más que el año anterior. Por países, China instaló cerca de 138.000 robots industriales, Corea del Sur alrededor de 40.000 y Japón casi 38.000 unidades. Fuera de Asia, Estados Unidos se posicionó como el mayor mercado individual con cerca de 33.000 robots industriales vendidos; seguido por Alemania, donde se comercializaron casi 22.000 unidades.

En nuestro país, las ventas de robots industriales aumentaron un 4% respecto al año anterior, alcanzando las 3.919 unidades. Sin duda, un nuevo récord histórico en España, que ocupa el cuarto puesto en el ranking europeo, por detrás de Alemania, Italia y Francia, y el décimo lugar a nivel mundial.

Son datos facilitados por la Federación Internacional de Robótica (IFR) a finales del mes de junio. Las tendencias están claras: la robótica colaborativa, el Internet de las Cosas (IoT) y el Machine Learning/AI encabezarán la robótica en los próximos años.

¿Robótica colaborativa?

Universal Robots lanzó el primer robot colaborativo, o cobot, en el año 2008. Desde entonces, la dinámica del mercado de la robótica industrial ha cambiado mucho.

“Cuando hablamos de robótica colaborativa, nos referimos a uno de los motores de crecimiento clave para la automatización, especialmente de las pymes europeas. Solo así podrán ser competitivas y retener sus procesos de producción frente al auge de países emergentes que ofrecen mano de obra barata. Ahora, estos fabricantes se pueden plantear el uso de robots colaborativos asequibles, libres de jaulas, versátiles y fáciles de manejar”, explica Jordi Pelegrí, director de desarrollo de negocio para Iberia de Universal Robots.

Este fabricante danés de robots industriales ha instalado ya más de 25.000 unidades en todo el mundo. ¿Y en nuestro país? El volumen de robots instalados en España no para de crecer. “Hemos experimentado un aumento de nuestro volumen de negocio de más del 72% durante el año 2017. Ello se debe a la mayor demanda de cobots por parte de las pymes, aunque las grandes corporaciones también los utilizan”, afirma Jordi Pelegrí.

El Estudio Anual 2017 Estadísticas de Robótica Industrial, por parte de la Asociación Española de Robótica y Automatización de Tecnologías de la Producción (AER-ATP), corrobora el liderazgo del sector automoción donde se instala más del 48% del parque robótico del país, dado que España es el segundo mayor fabricante de vehículos de Europa y séptimo del mundo. La densidad de robots en este sector se considera alta (1.051 robots instalados por cada 10.000 empleados). Por debajo de la automoción, se sitúan el sector del metal que aumenta hasta el 19%, seis puntos más que el año anterior y el de alimentación y bebidas, con el 13% del total del parque robótico. En consecuencia, aunque el sector de automoción ha encabezado la adopción de robots durante años, se aprecian repuntes en otros campos de actividad industrial.

Para el responsable de Universal Robots, el último informe de la Federación Internacional de la Robótica (IFR) pone de manifiesto que aumenta la implementación de cobots en la electrónica, la metalurgia, los plásticos y la alimentación. “Los robots tradicionales representan una inversión alta, por lo que solo son rentables en entornos de producción de series largas. Por el contrario, los cobots son más flexibles y se pueden reubicar y reconfigurar con facilidad, sin costes adicionales para tareas distintas. Es decir, permiten automatizar la producción de series cortas”, afirma.

La robótica colaborativa permite un gran número de aplicaciones gracias a la facilidad de programación y ajuste de estos robots colaborativos. Son aptos para la manipulación y carga y descarga de máquinas, para la soldadura en pequeñas series de producción, o para el pulido y pegado dentro de una línea de producción. “El panorama está cambiando en entornos de industria pesada y en otras áreas, como la manufactura por encargo”, reconoce el director de desarrollo de negocio para Iberia de Universal Robots.

Además de intervenir en líneas de producción, los robots se empiezan a integrar en procesos de control y calidad, aportando más precisión y evitando errores. Un robot trabaja siempre con la misma rapidez, precisión y servicio. “Esto se traduce en reducción de costes y desperdicio de recursos y materiales. Se evita el riesgo de retirar un lote entero, simplemente porque no se haya detectado el producto defectuoso durante el proceso de control de calidad”, aclara Pelegrí.

Gracias a los últimos avances en las tecnologías End of Arm Tooling (herramientas de fin de brazo, en inglés) no existe ningún entorno y proceso donde la automatización sea impensable. Lo que comenzó como un simple brazo robótico para entornos industriales se ha convertido en una plataforma para la creación de innumerables aplicaciones incluso fuera de dicho contexto. Por ejemplo, para pilotar una avioneta, crear una pizzería completamente automatizada, lanzar el prototipo del primer robot quirúrgico de España y diseñar robots que ayudan a rehabilitar pacientes encamados en centros hospitalarios.

Un toque humano

Cuando aún se habla de la Industria 4.0, algunos expertos avanzan el concepto de Industria 5.0 que pretende aumentar la colaboración entre humanos y sistemas inteligentes. Este concepto hace referencia a industrias colaborativas y la vuelta del toque humano en la producción. “Básicamente, la idea de Industria 5.0 refleja una opinión creciente entre los fabricantes sobre la necesidad de responder a una demanda cada vez más individualizada. La automatización puede alcanzar su máximo potencial solo cuando exista un destello o chispa de creatividad humana que influya en los procesos”, explica el portavoz de Universal Robots. Y es que por sí sola, una producción automatizada con robots industriales tradicionales hará sólo lo que se le ordene, a menudo tras largos y agotadores esfuerzos de programación. Por el contrario, los cobots trabajan en sincronía con los humanos, procesando o preparando los productos y siendo supervisados después por el operario.