Muchos autónomos dependen totalmente de la evolución de la pandemia y de las medidas que se tomen desde la Administración Pública.

Texto de Ángel Hermosilla, gerente del Àrea Institucional de Pimec y secretario de Autònoms PIMEC.

Antes de la pandemia de la Covid-19, desde Autònoms Pimec ya se denunciaba que la situación de los autónomos era complicada, pues siempre han sido el eslabón más vulnerable de nuestra economía, desarrollando sus actividades en condiciones difíciles, con unas responsabilidades demasiado elevadas y con una protección injustamente reducida en comparación a otros colectivos. De hecho, la figura del autónomo en nuestro país no está bien definida ni apropiadamente tratada en nuestro ordenamiento jurídico, con unos derechos muy limitados y unas obligaciones discriminatorias. Con la pandemia, este colectivo ha sufrido un duro golpe en su actividad, que ha afectado a sus fundamentos básicos, y muchos de estos autónomos, desgraciadamente, no podrán sobrevivir a sus efectos sobre nuestra economía.

Según datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social, en enero de 2021 se contabilizaban 3.256.740 afiliados en régimen de autónomos en España, un 17,3% del total de afiliados a la Seguridad Social.

La pandemia está provocando un efecto tenaza o sándwich sobre la mayoría de los autónomos. Por un lado, la caída de actividad, por la propia pandemia y sus restricciones, está suponiendo un descenso en picado de los ingresos, y en determinados sectores ello ha significado, para muchos autónomos, estar varios meses sin generar recursos, lo que les obliga al endeudamiento y a reorientar sus especialidades. La liquidez ha sido y está siendo un importante caballo de batalla, al que se suma la solvencia. Por otra parte, se mantienen los gastos cotidianos como una losa, como una auténtica espada de Damocles. Impuestos y tasas, cotizaciones sociales, alquileres y rentings, suministros varios… caen cada mes sobre la espalda de los autónomos. Este efecto tenaza o sándwich está asfixiando a los autónomos y genera una angustia que crece a medida que pasa el tiempo y que la pandemia avanza y se transforma en sucesivas oleadas.

Unos datos permiten visualizar esta situación. En una encuesta de Pimec del pasado mes de diciembre realizada en Catalunya se destaca que un 89,3% de los autónomos manifiesta que finalizó el ejercicio 2020 con una caída de actividad, que en casi la mitad de los casos es del 50% o más respecto al año anterior. En diciembre, un 95,7% mantiene un nivel de actividad inferior a la del mismo mes de 2019, y un 18,3% no tiene actividad. En los últimos meses de 2020 se observa un empeoramiento de la situación, que se ha intensificado en la tercera ola de la pandemia de principios de 2021. Dos de cada tres autónomos catalanes tienen como principal problema la caída de ventas y pedidos, y poco más de la mitad, el pago de impuestos y de cotizaciones sociales. En torno a un tercio de ellos señala como problema el pago de suministros básicos y de alquileres. Cabe señalar que los pagos en general suponen un problema más acuciante para los autónomos que para las micro, pequeñas y medianas empresas (pymes). En esta línea, es importante apuntar que un 80% de autónomos padece dificultades de tesorería, por encima del 54,3% de media de las pymes. Además, este problema se ha intensificado desde el verano pasado. Por otro lado, un 86,4% manifiesta tener o prever dificultades financieras, frente a un 70,0% de las pymes, destacando el hecho de que cerca de la mitad espera dichos problemas para la primera parte de este año. Las perspectivas para 2021 en cuanto a actividad anticipan un retroceso según un 65,1% de autónomos, mientras que en el otro extremo un 12,8% espera un aumento. Merece la pena señalar que uno de cada tres autónomos se está planteando cerrar su negocio, especialmente ante la situación creada por la tercera ola de la pandemia.

Es cierto que en este último ejercicio las diferentes administraciones públicas han ido poniendo en marcha medidas de apoyo a los autónomos, de diverso tipo y con un impacto limitado dada la magnitud del problema. A nivel estatal cabe señalar, fundamentalmente, la prestación extraordinaria por cese de actividad y las moratorias en impuestos y alquileres, así como la posibilidad de acogerse a financiación avalada por el Instituto de Crédito Oficial (ICO). Las comunidades autónomas han destacado por otorgar ayudas directas a los autónomos, que en Catalunya suman un total de 284 millones de euros durante 2020 en tres convocatorias, lo que beneficia a algo más de 140.000 personas. Y, finalmente, las acciones de ayuntamientos, consistentes en ayudas y, sobre todo, moratorias de tasas.

A pesar del despliegue anterior, el apoyo a este colectivo sigue siendo insuficiente, especialmente en los sectores más castigados por la crisis, como turismo, restauración, cultura, deporte y servicios a personas, pues en buena medida las acciones se concentran en endeudamiento y aplazamientos, obviando actuaciones más efectivas que van directamente al corazón de los autónomos. En este sentido, lamentamos que algunas de estas ayudas supongan un gran esfuerzo y mucho tiempo para gestionarlas, así como que no se hayan extendido a la totalidad del colectivo, dejando a muchos autónomos fuera a la hora de conseguirlas.

Los autónomos, igual que las empresas, necesitan liquidez directa para poder superar esta situación. Teniendo en cuenta que, junto con las pymes, suponen el motor de nuestra economía, es necesario que reciban ayudas generosas y sostenidas en el tiempo para poder reactivar la actividad que propiciará la recuperación económica de nuestro país.

Es por eso por lo que he creído oportuno este título para el artículo, porque, desgraciadamente, muchos autónomos dependen ahora mismo de las ayudas para poder sobrevivir. Han dejado de ser negocios y profesionales con autonomía para pasar a ser negocios y profesionales que dependen totalmente de la evolución de la pandemia y de las medidas que se tomen desde la Administración Pública. Por eso, quiero reiterar la idea comentada en líneas anteriores: sin la recuperación de este colectivo no será posible la reactivación total de nuestra economía. Este colectivo es un engranaje fundamental de nuestro sistema y de nuestra sociedad, por su importancia cuantitativa y cualitativa y, también, por su extraordinaria transversalidad y capilaridad. No podemos prescindir de atenderlo y nuestras autoridades deberían prestarle la atención que se merece y necesita, especialmente en estos momentos.

Desde Autònoms Pimec hemos propuesto y defendido ante la Generalitat de Catalunya y el Gobierno de España las medidas que consideramos fundamentales y urgentes para el colectivo. Entre otras, quiero destacar la necesidad de una reducción o condonación del pago de impuestos, así como de las cuotas a la Seguridad Social; formación y acompañamiento para impulsar la competitividad y la reorientación de sus negocios; ayudas directas a la liquidez y solvencia; quita de un 40% del endeudamiento avalado por el ICO, o apoyo a la digitalización de los negocios. Pero no podemos olvidarnos del medio y largo plazo. Y aquí volvemos al punto de partida de principios de 2020: la figura del autónomo necesita un mejor trato en nuestro ordenamiento jurídico y económico, con un mayor reconocimiento por parte de nuestra sociedad y con una atención más justa en ámbitos como por ejemplo la fiscalidad o la protección social. Nuestras autoridades, pues, tienen deberes urgentes para el corto plazo, pero no pueden eludir sus responsabilidades para con un colectivo que requiere un mejor encaje en nuestra economía y que exige protagonismo, sobre todo en un futuro cercano en el que su importancia en el mercado laboral probablemente crecerá de manera significativa.