Camil Ros, secretario general de la UGT de Catalunya: “La precariedad se ha colado en todos los rincones”

Por Gabriel Izard

Comencemos hablando del paro, siempre arriba en las encuestas entre las preocupaciones de los ciudadanos.

El paro forma parte de una fórmula que está al mismo nivel que la precariedad laboral, porque hay mucha gente que está trabajando y tampoco llega a fin de mes. Después de la crisis, las empresas han recuperado sus beneficios y en cambio la gente que trabaja no ha recuperado sus salarios. Y mucha gente que se quedó sin trabajo y ha vuelto a trabajar se ha convertido en un trabajador pobre. Por lo tanto, la combinación entre paro, precariedad y salarios bajos es el principal problema de la gente.

¿Qué papel juega hoy el sindicalismo ante un panorama como este?

Donde hay sindicalismo, hay unas condiciones de trabajo y empleo mejores. Son los convenios colectivos que negociamos y son los acuerdos. El principal antídoto contra la precariedad laboral es el sindicalismo.

La reforma laboral llegó de la mano de la crisis y ahora de la mano de lo que parece ser una nueva recesión, ¿qué debe llegar?

Las reformas laborales y la crisis económica han roto el dialogo social y el mínimo equilibrio que había entre rentas del trabajo y rentas del capital. El papel del sindicalismo es volver a introducir elementos de redistribución de las rentas y del reparto del trabajo. Porque muchas empresas, con la excusa de la crisis, han hecho reestructuraciones que no tienen que ver con la crisis. Si hay recesión económica, las medidas tienen que ser coyunturales en vez de estructurales.

Tras las elecciones generales, si le pudiera pedir un deseo al que ha de ser nuevo Gobierno, el primero ¿cuál sería?

Le pediríamos una moneda con dos caras: la recuperación de derechos y el dialogo político. Son dos cosas imprescindibles para poder salir de la situación económica y política que vivimos en este momento

Pero la coyuntura no parece favorable.

En efecto, por un lado hay una presión de Europa para intentar avanzar en más recortes, y por otro lado hay un intento más centralizador por parte de algunos partidos u otros agentes del estado. Pero no hay otro camino. El Gobierno que salga tendrá que ser valiente ante las presiones.

Los presupuestos son un pilar para gobernar y para tomar medidas en política fiscal, de gasto público… Pero no se aprueban.

En el Estado los presupuestos de este año están prorrogados y eso no va a cambiar. Yendo bien, tendremos presupuestos para el próximo año. Los años que llevamos en Catalunya con presupuestos prorrogados y el tiempo que llevamos en el Estado repitiendo elecciones son unos años perdidos. Casualmente, cuando los presupuestos eran de recortes sociales había consenso para aprobarlos, y sin embargo cuando hay ejercicios con más ingresos, propicios para recuperar derechos, no se puede hacer.

En Catalunya, la prórroga de los presupuestos desde 2017 cronifican el problema. ¿Cuánto tiempo más se puede estar así?

Si en Catalunya no hay presupuestos, supongo que habrá que celebrarse nuevas elecciones. Aquí el debate está en si se hace un pack de presupuestos entre el Ajuntament de Barcelona y la Generalitat. Este puede ser el camino para su aprobación. Si no se avanza en este sentido, Catalunya seguirá con esta situación de bloqueo.

La estabilidad es necesaria parar aplicar medidas. Lo reclama la patronal y lo reclaman los sindicatos. ¿En qué coinciden más? ¿Atraviesan por buen momento las relaciones patronal-sindicatos?

Coincidimos en la estabilidad, pero por razones y posiciones diferentes. Nosotros queremos estabilidad para recuperar derechos a través de la negociación política y creo que las patronales en esto no coinciden tanto: ellos quieren una estabilidad política para otras cosas, como aumentar beneficios empresariales, recortar impuestos, etc. La patronales comentan en discursos que hay que aumentar salarios, pero luego en las mesas de negociación no lo hacen. Y tendrían que pasar de los discursos a las concreciones. En los últimos años, hemos tenido diálogo y negociación con las patronales pero pocos resultados. Evidentemente nos relacionamos en el ámbito de la negociación colectiva y creo que las patronales tienen que hacer un proceso de adaptación a la realidad y de entender que, si no hay reparto de la riqueza, no se generará más consumo. Si hay salarios más altos, hay más fiscalidad y riqueza. La política de recorte del déficit debe llegar aumentando los ingresos, y no con más recortes, y ello requiere una fiscalidad más progresiva y con incremento de salarios. Este simple análisis que va a favor de las empresas, es el que cuesta.

Uno de los temas fundamentales en materia laboral es el del salario mínimo. El Govern apuesta por un salario mínimo de referencia en Catalunya.

Todo lo que sea caminar hacia el salario mínimo de 1.000 euros es positivo, pero la Generalitat no tiene competencias directas para decidir el salario mínimo. Por lo tanto, puede empezar con todo lo que tiene que ver con la contratación pública de la Generalitat, en los pliegos de condiciones y en otros ámbitos. De todos modos, ahora mismo no es posible que la Generalitat pueda decidir que el salario mínimo es de 1.000 euros si no lo conseguimos a nivel estatal. También las patronales tienen un discurso público a favor del salario mínimo de 1.000 euros, pero luego no se aplica en los convenios colectivos.

Algunos asuntos avanzan, el registro de jornada, por ejemplo. ¿Tiene UGT datos sobre los resultados de su implementación?

La aplicación del control horario tiene que valorarse cuando haya pasado por lo menos un año. Lo que tiene que haber son medidas claras para que las empresas las apliquen. Si las medidas no son claras las empresas buscan las maneras de eludirlas. Hay que decir que el control horario no solo afecta a sectores con mucha precariedad, como la hostelería o el comercio, sino al conjunto del mercado de trabajo. Por ejemplo, al sector bancario. La precariedad no solo es un problema de horas no declaradas, también lo es de rotación y de duración de los contratos de trabajo. Es un problema mucho más de fondo.

Se suele decir que uno de los lastres de nuestras empresas es la baja productividad en comparación con otros países. ¿Cuál es su opinión?

Si tenemos baja productividad es porque fomentamos un modelo económico que se basa en el bajo coste laboral, y no en la calidad, ni del producto ni del trabajo. Aquí solo se aumenta la productividad bajando los costes laborales, cuando se podría hacer invirtiendo en personal o en formación. Si solo se compite con precio, acabaremos compitiendo con Marruecos y no con Alemania, y este problema no solo es nuestro sino de todo el sur de Europa. Este modelo es de fondo y se tiene que cambiar. Son las empresas las que deciden como actuar. Las legislaciones pueden ayudar, pero al final los que deciden como se produce y qué salarios se pagan son las empresas.

Llevamos también mucho tiempo hablando de la brecha salarial, pero al parecer se avanza muy lentamente. ¿Qué hace el sindicalismo para luchar en este terreno?

La UGT fue la primera que a principios de este siglo hizo los primeros informes de brecha salarial. Ahora, el conjunto de la sociedad asume que existe. Casualmente, si miramos una actividad económica con mucho personal femenino, vemos que muchos mandos, a partir del encargado hacia arriba, son hombres. Esta forma de brecha salarial indirecta es resultado de fomentar un mercado de trabajo en el que se valoran las horas que se trabajan, y si se fomenta el exceso de horas, indirectamente se actúa sobre elementos de conciliación familiar. La verdad es que se ha avanzado muy poco en planes de igualdad en las empresas. La igualdad de salarios entre géneros no avanza. La solución la resumo de forma muy clara: hay que obligar. Tal como se ha avanzado en los parlamentos, ya que los partidos no pueden presentar listas electorales que no cumplan el criterio de igualdad. Hasta VOX lo cumple, porque de otra manera no se podría presentar a las listas. Se tiene que hacer los mismo en las empresas. Cuando se obligue se acabará la brecha salarial.

Se habla ya la necesidad de un nuevo contrato social, como resultado de los efectos de la crisis económica unido al impacto de las nuevas tecnologías que tantas cosas están cambiando. ¿En qué términos?

No hay que dramatizar con la industria 4.0 y la digitalización. Cuando hubo la Revolución Industrial, se fue progresando, aunque hubo momentos en los que parecía que la tecnología lo destruiría todo. Y no ha sido así. En muchos casos han mejorado las condiciones de trabajo y se han creado otros empleos. Más que pensar que va a destruir,  se trata de pensar como tenemos que adaptarnos. La industria 4.0 no destruidora empleo sino que cambiará el empleo actual. Se trata de que se fomente una nueva forma de trabajar que no pasa necesariamente por trabajar más horas sino que pasa por redistribuir el trabajo y reducir la jornada. Hay que ir hacia las 35 o 32 horas a la semana y la redistribución del trabajo tiene que hacerse con criterios de igualdad y criterios de sostenibilidad. Al mismo tiempo plateamos que tiene que haber un suelo social, hay que abrir el tema de la renta básica en el conjunto de Europa y garantizar un mínimo de ingresos.

A veces se habla de los sindicatos como si se tratara de una sola voz. ¿Acabarán siendo los sindicatos UGT y CC OO uno solo?

No. Nosotros tenemos 130 años de historia. El modelo sindical va de acorde con las legislaciones laborales que tiene cada país. En cada estado de Europa hay fórmulas diferentes. Aquí tenemos el modelo de elecciones sindicales y comités de empresa, un modelo que apuesta por la pluralidad sindical antes que por el sindicato único. En UGT creemos que el sindicato tiene que ser el punto de encuentro de los trabajadores, tanto de los que tienen trabajo como de los que no lo tienen. De ahí nuestra campaña en marcha para hacer visible la precariedad, no solo para denunciar trabajos precarios como los de la hostelería o el campo sino también para denunciar aquellos trabajos que no parecen precarios pero lo son, como por ejemplo en centros de investigación, etc. Ese es el reto del sindicalismo: como defendemos a los trabajadores en los centros de trabajo y en las empresas y como hacemos para combatir la precariedad que se ha colado en todos los rincones de la sociedad.