Algunas empresas lo han puesto en práctica ya sin dificultad, pero para otras supone todo un quebradero de cabeza.

Texto de Marta Burgués

Desde el 12 de mayo de 2019, las empresas tienen la obligación de aplicar un registro del horario de la jornada laboral de sus trabajadores. Una medida necesaria contra el abuso de horas extras no pagadas. ¿Cómo se está llevando a cabo este registro? ¿Qué efectos está teniendo?

Casi la mitad de las horas extraordinarias trabajadas en el segundo trimestre de 2018 no fueron pagadas en España, según el INE y el informe del sindicato CC.OO. Y en Catalunya, se hicieron 77 millones de horas extras, el 44% de las cuales no fueron pagadas durante el pasado año. Con el fin de paliar esta precariedad laboral, el Gobierno aprobó el 12 de marzo una norma que obliga a las empresas a registrar diariamente las entradas y salidas del trabajo de sus empleados, con un periodo de carencia de dos meses, hasta el 12 de mayo, para que las empresas se adaptaran.

Esta nueva norma persigue los objetivos de garantizar el cumplimiento de la jornada laboral dentro de sus límites; poner a disposición de la Inspección de Trabajo y la Seguridad Social un sistema de control horario; controlar las horas extra no pagadas y las jornadas fraudulentas; y llevar un control más exhaustivo del absentismo laboral.

Aunque todavía no hay datos en profundidad del resultado de aplicar tal norma, el barómetro PIMEC del primer semestre de 2019 concluye que el 50% de les pymes no ha notado ningún efecto por el registro de la jornada laboral y un 24,4% de las empresas apunta un aumento de conflictos por discrepancias con los trabajadores.

Objeciones a la norma

Tras meses de obligatoriedad de la norma, lo cierto es que “algunas empresas ya tenían registros implantados y lo que han hecho ha sido tenerlos con más rigor, otras están empezando a poner tecnología, otras siguen en negociación con sindicatos, y hay empresas que no están haciendo nada”, señala Fernando Calvo, People & Culture Director de Hays España. Opina lo mismo David-Isaac Tobía García, socio director de Sagardoy en Catalunya, y remarca que “las empresas están preocupadas y con voluntad de cumplir”. Miguel Fresneda, CEO de Woffu, apunta que “otras prefieren esperar a que el Gobierno desarrolle aún más la nueva normativa, pues sigue generando muchas dudas para los departamentos de recursos humanos”.

¿Dónde está el problema? Las fuentes consultadas establecen que se trata de una norma demasiado general que no se adapta a la casuística de cada empresa o a las actividades de cada uno de sus trabajadores. “Existen muchas formas distintas de organizar la jornada laboral y la forma de trabajar, y por tanto no siempre es tan sencillo como establecer un control horario de entrada y salida en la empresa”, explica el socio director de Sagardoy en Catalunya. Destaca que no es lo mismo el control de jornada de un administrativo que entra por la mañana y se va por la tarde que los vendedores que están todo el día fuera de la compañía, o personas que están permanentemente de viaje, o que trabajan en sitios distintos cada vez.

Es el caso de la empresa Nutriset, que han aplicado este registro el 1 de julio pero se han encontrado con muchas dificultades para cuadrar jornadas anuales de trabajo. “Una cosa son los trabajadores de oficina o de la sede y otra el vendedor de Vigo, el de Madrid, el de Granada, Girona, Zaragoza o Valladolid, explican desde la empresa. “Cada uno en una comunidad autónoma diferente, con unas fiestas locales diferentes y unas preocupaciones a nivel de horarios diferentes a las de la sede. Cuadrarlo todo, con la especificidad que tienen los vendedores, que trabajan muchas horas y además hacen ferias, trabajan los fines de semana…”. Se han encontrado, a pesar del control riguroso que llevan a cabo, que se ha generado un trabajo nuevo de gestión. En este aspecto incide Fernando Calvo, de Hays España: “hay un sistema de registro, pero luego alguien debe controlar todo esto, y supone tiempo y recursos”.

En PayFit, empresa de soluciones para RRHH, la consideran una medida muy necesaria para evitar jornadas excesivas, pero que “ha creado mucha inseguridad a las empresas, sobre todo en el inicio de su aplicación ya que hasta que no entró en vigor no se tenía muy claro cuáles iban a ser los criterios de actuación por parte de inspección de trabajo”.

Este registro también puede ser interpretado como un cambio cultural dentro de la empresa. “Hace años, muchas personas fichábamos en un reloj. Luego, muchas compañías anularon ese control y optaron por una política de no control, pero no como manera de no pagar horas extras, sino simplemente para dar esa tranquilidad a los trabajadores de que había una cierta flexibilidad general. Ahora se ven en la necesidad y en la obligación de corregirlo. Porque no hay excepción, todas las compañías deben controlar esa jornada”, resalta David-Isaac Tobía García, de Sagardoy.

Para Luis Fernando Rodríguez, CEO de Watch&Act, el compromiso de los empleados con la empresa se puede ver perjudicado por la entrada en vigor de esta norma, porque por lo general, a mayor control, mayor desconfianza mutua. Es un principio axiomático que afecta negativamente a las relaciones laborales entre empresa y trabajador.

“Durante años nos hemos orientado a una cultura del no presencialismo, donde lo importante no eran los horarios sino los resultados, era una dirección más basada en los objetivos que en la presencia. Si ahora la legislación dice que no tienes que pagar por resultados sino por horas, todo esto desaparece. ¿Quién recibe más retribución, el que saca más resultados en sus horas o el que tiene buenos resultados pero está muchas horas?”, cuestiona Fernando Calvo, de Hays.

Cómo se hace

El director de Tecnología e Innovación de PIMEC, Andreu Bru, explica que les empresas han optado por varios métodos: registro manual en papel, hojas de Excel o un registro digital a través de aplicaciones informáticas de diversa sofisticación. “Hacerlo a través de papel o mediante un Excel es un sistema de difícil gestión a la larga y solo viable para micro-empresas, por lo que recomendamos utilizar sistemas de registro digital”. PIMEC ha desarrollado una solución informática gratuita para este registro destinado a sus empresas asociadas.

Nutriset ha implantado este sistema que les ayuda a regular su control de horario. “Complementariamente al programa, se ha hecho un Excel, trabajador por trabajador, con el calendario que le corresponde, las fiestas locales, los días que trabaja y se han de recuperar… Todo concuerda con un Outlook donde van a parar todas las incidencias y un archivo donde se guardan las comunicaciones de todas las dificultades que van apareciendo”.

Por su parte, Calidad Pascual ha adaptado el control de la jornada a las diferentes realidades que conviven en la empresa. “Por un lado, en los centros de trabajo, tanto fabriles como delegaciones comerciales y oficinas, contamos con sistemas de fichaje telemétrico y, por otro, para aquellos colectivos sin presencia física en los centros de trabajo, así como todos aquellos que realicen jornadas de teletrabajo o flexiwork, disponemos de una aplicación accesible desde cualquier dispositivo, tanto ordenadores y tabletas como teléfonos móviles”, comenta Joseba Arano, director de Personas y Gestión Ética, Responsable y Excelente de Calidad Pascual. Para adaptarse a la norma, llevan tiempo trabajando con sistemas de fichaje en los centros de trabajo, por lo que la nueva normativa no supone ninguna modificación para el colectivo de presencia física. En cuanto al grupo comercial, “hemos desarrollado un sistema fácil y accesible con el objetivo de que el registro horario de inicio y fin de jornada se convierta en una tarea rutinaria que realicen todos los empleados de manera automática. Actualmente, en estos primeros meses de implantación de la aplicación, estamos analizando posibles incidencias y dificultades”.

Flecos por resolver

Desde Sagardoy recuerdan que la ley no regula ningún mecanismo concreto, la ley dice que la empresa debe controlar. En realidad se ofrece libertad a las empresas para que cada una encuentre el mecanismo de control que mejor se acomode a sus necesidades, a su tamaño, a su plantilla, a su presupuesto incluso.

Por ello, a pesar de que desde los sindicatos el tema del registro de jornada y el control horario ha sido una reivindicación constante durante muchos años y celebran la norma, Núria Gilgado, secretaria de Política Sindical de UGT Catalunya, cree que la norma se ha quedado corta: “tiene muchos vacíos, no concreta cuál es la forma idónea de hacer el registro de jornada, porque obliga a las empresas a negociar, y en el caso de no llegar a un acuerdo, la última palabra y la última decisión es del empresario”. Comenta que tampoco especifica de qué manera se puede acceder a este tipo de información, pues “la persona trabajadora debe tener acceso a la información del registro diario de su jornada, pero la ley no dice que se tenga que entregar en papel, o mediante correo electrónico… solo que tiene que estar accesible”.

Desde UGT creen que hay compañías que no incorporan sistemas fiables ni objetivos, donde hacen firmar a los trabajadores las horas que trabajan, “pero se les obliga a no poner todas las horas que trabajan, sino solo el horario oficial”. Y avanzan que también tiene mucho que ver el cómo se aplica la ley: “si estamos hablando de una empresa que no hace un abuso de las horas extraordinarias, que no vulnera el derecho al descanso, que está aplicando la normativa de manera estricta, si hace un control de la jornada mediante una hoja de Excel, o mediante firmas, no tendría por qué pasar nada, porque no está vulnerando la ley, el problema es quienes vulneran la ley y utilizan este tipo de sistemas para continuar vulnerándola”, concluye.

En conclusión, esta norma evolucionará con el tiempo. Desde Sagardoy explican que ha venido para quedarse porque es una obligación que deriva del derecho comunitario. “Deberá irse adaptando, incluso añadiendo algún tipo de excepción o matiz a determinados tipos de trabajo y trabajadores”.