El ‘compliance officer’ tiene como misión detectar los riesgos que pueda afrontar la empresa, desde el penal al mercantil o laboral, y reaccionar ante ellos.

Autora: Marta Burgués

La creciente complejidad del entorno regulatorio de las empresas ha hecho desarrollar la figura del compliance officer o director de cumplimiento normativo. Según la consultora Deloitte, su labor se centra en el aseguramiento del cumplimiento de la normativa que afecta a cada sector, teniendo, además, como objetivo crear una cultura empresarial de responsabilidad social y buen gobierno.

En España, lo que antes era visto con cierto escepticismo, ahora, debido a las reformas del código penal, resulta algo absolutamente necesario.

Para entender mejor qué hace esta figura, vamos a analizar cuál es su importancia, sus funciones y evolución, de la mano de profesionales relacionados con este ámbito.

Cuándo y por qué surge

David Velázquez, profesor de ESADE Law School, indica que los orígenes son anglosajones. Concretamente, en los años 70, cuando en EEUU empiezan a surgir casos de corrupción, tanto políticos como empresariales, estableciendo medidas anticorrupción. “Posteriormente, en el año 77, el presidente Jimmy Carter firmó la Foreing Corrupt Practices Act (FCPA), ley de prácticas corruptas extranjeras, la primera gran normativa anticorrupción internacional”. En base a esto, Francisco Bonnati, socio director de Bonatti Penal & Compliance concluye que el compliance officer nace como un deber de autocontrol establecido a las multinacionales a través de una ley norteamericana de aplicación extraterritorial que prevé graves sanciones para las empresas y los directivos que la incumplen.

En España, hay dos momentos claves que explican el gran boom de la incorporación del compliance en las empresas. “La reforma del código penal en 2010, cuando se establece por primera vez la responsabilidad penal de las personas jurídicas (empresas), y la de 2015, donde aquellas organizaciones que tienen un programa de compliance, entre otras medidas, podrán ser eximidas de ciertas responsabilidades penales”, comenta David Velázquez.

De manera que, aunque ni la reforma del Código Penal del año 2010 ni la reciente modificación de 2015, se refieren específicamente al compliance officer. Mila González, senior consultant de Hays, expone que “sí establece esta última (en su artículo 31 bis) la obligación de cumplir con un deber de supervisión o vigilancia que, tácitamente, se resume en el cargo en cuestión”: “La supervisión del funcionamiento y del cumplimiento del modelo de prevención implantado tiene que ser confiada a un órgano de la persona jurídica, con poderes autónomos de iniciativa y control”. Es un cargo que ejerce unas funciones que son de obligatorio cumplimiento para la prevención de riesgos penales.

Principales funciones

Debemos remarcar que no solamente vela por los cumplimientos penales. “Debe detectar, prevenir y reaccionar ante todos los riesgos que pueda afrontar la empresa, desde el penal al mercantil y laboral, siempre en el marco de una cultura de cumplimiento por parte de la empresa”, comenta el profesor de ESADE Law School.

Normalmente, el Órgano de Administración de la compañía aprueba la Política de Compliance o Código Ético que quiere aplicar en la organización y designa a los responsables que diseñarán e implantarán las políticas, procedimientos y controles adecuados para que se cumpla. “Cuando estos responsables se dedican en exclusiva a la indicada labor, se les denomina compliance officer. Básicamente sus funciones consisten en prevenir los riesgos de incumplimiento (detectando y evaluando dichos riesgos y fijando controles para evitarlos), evaluar que el Sistema de Compliance funcione correctamente e informar al Órgano de Administración para que éste pueda tomar las decisiones adecuadas”, explica Francisco Bonnati. Y todo ello a través de diversas medidas y controles, “como informes y/o reuniones para realizar correctamente la vigilancia. Además, utiliza herramientas informáticas adaptadas según la empresa, como CRMs”, comenta Mila González.

¿Qué beneficios aporta?

Como hemos visto es una figura prácticamente obligatoria que hará que las empresas estén seguras jurídicamente hablando. Pero hay otras ventajas que la estrictamente penal. “Trabajar en la conducta colectiva, en disponer de personas con una visión común, compartir valores, saber que también es importante cómo hacer las cosas intangibles, esas cosas que no figurando en la cuenta de explotación dan a la empresa un valor que seguro que contribuye a los tan anhelados resultados económicos”, expresa Bienvenido Martínez, director del área de estrategia y técnica el IDE-CESEM. “Asimismo, aquellas empresas que dan visibilidad a esta figura refuerzan su imagen de integridad y seriedad en el mercado”, puntualiza el abogado de Cubelaws, Daniel Vidal.

Con las reformas vistas anteriormente del código penal, la responsabilidad penal se amplía a la persona jurídica, por lo que ser administrador de una empresa pasa a ser una posición de riesgo. Tal como afirma Mila González, “ante la infracción de un empleado, la responsable ahora es la compañía”. Por lo que, según ella, esta figura es responsable de paliar los potenciales riesgos judiciales de las compañías a través de la enseñanza y de la programación de las normativas vigentes a nivel interno. “Además, evita el fraude interno y mejora las condiciones de igualdad y de justicia social en la empresa, ya que, a mayor regulación, mayor justicia”.

Para alcanzar ese objetivo, el socio director de Bonatti Penal & Compliance pone de manifiesto que los administradores necesitan que todos los integrantes de la organización conozcan las actividades y conductas que pueden suponer un incumplimiento de la normativa y también necesitan asegurarse no sólo de que las conocen, sino de que en su día a día actúan adecuadamente y no ponen en riesgo a la organización. “Así, el papel fundamental del compliance officer es actuar como una correa de transmisión eficaz entre los administradores y el resto de empleados e integrantes de la organización, creando para ello un sistema de gestión que le permita informar a los superiores, y formar y asesorar a todos sobre cómo desempeñar sus obligaciones de compliance”.

¿Qué retos presenta?

Los profesionales coinciden en destacar que el principal reto es de carácter normativo. “Pasa por asegurar el cumplimiento normativo (o minimizar al máximo cualquier eventual incumplimiento o sus potenciales consecuencias) de un modo compatible con la propia idiosincrasia de cada empresa y de cada equipo directivo, ya que, de otro modo, suele ser visto como un obstáculo interno en lugar de un apoyo a la mejora empresarial”, explica Daniel Vidal.

Sí, es necesario dotar su función de una regulación básica o unas buenas prácticas que aseguren su independencia y autonomía, para que su labor no pueda quedar condicionada por presiones internas de miembros de la propia organización o del órgano de administración”, comenta Francisco Bonnati. Mientras que también ve importante definir la responsabilidad que pueden tener los compliance por los delitos que haya podido cometer la organización bajo su gestión. Y el facilitar a las pymes el acceso de sistemas de compliance verdaderamente eficaces y que sean económicamente proporcionales a sus recursos.

Futuro del compliance

El incremento de la necesidad de esta figura en la empresa es un hecho. Y a medida que aumenten las normativas, mayor será su requerimiento. De hecho, según los profesionales, hay una demanda de personas especializadas en esta materia, por lo que la figura del compliance es clave en los puestos de trabajo presentes y futuros.

Sin duda, la creciente presión legal y la mayor exigencia de responsabilidad hacia las empresas y sus directivos provocará la consolidación definitiva de esta figura y su plena incorporación en los organigramas de toda empresa no solo de un modo formal, sino participando y apoyando al equipo de dirección en la toma de decisiones”, comenta el abogado Daniel Vidal.

Bienvenido Martínez, de IDE-CESEM, opina que este es un punto más de desarrollo, de avance, de futuro de empresa, en el que a veces es necesario la imposición para hacerlo, y está seguro que muchas empresas están trabajando, de manera anónima y sin ruido, para estar preparados ante los requerimientos del compliance. Francisco Bonnati lo tiene claro: “La concienciación social y el impulso de normativas nacionales e internacionales que refuercen la importancia del compliance officer deben estar en los primeros lugares de nuestra lista de prioridades”. Y concluye: “el compliance y la autorregulación regulada deben asegurar mercados más trasparentes”.