Como el bitcoin, hay ya más de 2.200 divisas virtuales, monedas opacas y descentralizadas pero de difícil uso todavía. Hasta que llegue libra de la mano de Facebook…

Texto de Joan Torras, profesor asociado de finanzas de EADA Business School.

La crisis del 2007 fue una crisis sin precedentes en la economía moderna que implicó un punto de inflexión, afloró múltiples fallos del sistema capitalista y, como consecuencia, propició la llegada de una generación de visionarios que aportó un planteamiento disruptivo.

Los inventores de las criptomonedas rompieron los esquemas del mundo tal y como lo conocíamos; eran jóvenes que no superaban los 30 años, idealistas, con un conocimiento tecnológico muy amplio. Sus aficiones infantiles eran la robótica, los videojuegos, la programación informática, las matemáticas y la física, y también la economía.

La crisis económica y de valores del mundo occidental creó un nuevo paradigma, para muchos difícil de entender, con una gran dosis de idealismo; un paradigma basado en la búsqueda de la excelencia, potenciando economías colaborativas, con sistemas de seguridad infranqueables (blockchain), descentralizados (tecnología peer to peer), anónimos y basados en el principio de solidaridad.

Es en ese preciso momento cuando se rescataron la tecnología de las firmas digitales de los años 80 y la publicación de 1998 “B-money, an anonymous distributed electronic cash system” de Wei Dai. Ello inspiró en 2008 la nota “Bitcoin: a peer-to-peer electronic cash system” de Satoshi Nakamoto, creando los cimientos de las criptomonedas. Esta nota hubiera ganado el Premio Nobel de Economía en 2016 si no hubiera sido desestimada la candidatura por el hecho de no conocerse la identidad real de Satoshi Nakamoto, el inventor del bitcoin.

Bitcoin empezó a funcionar en enero de 2009, y nació con la vocación de ser una divisa no controlada por ningún gobierno: anónima, sin fronteras, segura y basada en sistemas como la prueba de trabajo, el cifrado asimétrico, la tecnología blockchain y la tecnología peer-to-peer (la primera gran red peer to peer fue Napster, programa informático de descargas e intercambio de archivos musicales MP3).

Entender el ‘blockchain’

La verdadera revolución, aunque se nos hizo creer lo contrario, no era el nacimiento de una nueva criptomoneda, sino trasladar la tecnología blockchain al mundo real.

Blockchain es una base de datos distribuida que se modela enlazando los datos uno detrás de otro con un cierto orden. Dos partes pueden realizar una operación entre ellas y registrarla en un bloque y cuando éste se cierra con una serie de transacciones verificadas (ya que los bloques tienen una capacidad limitada), se sincroniza entre todos los nodos, logrando así la irreversibilidad del sistema, y creando un nuevo bloque a continuación. Blockchain permite crear una base de datos compartida donde cada dato registrado no puede ser alterado o hackeado.

A modo de ejemplo para entender qué es el blockchain, si asistimos a un discurso dentro de un pabellón lleno de asistentes, y el orador en cierto momento se equivoca y dice 100 en vez de 100.000, toda la gente oirá el error. Si al terminar el encuentro, preguntamos a cada persona qué ha pasado, cada individuo será un bloque de información que contendrá los datos del evento, y si apuntamos su DNI, según el orden en que van saliendo, tendremos una cadena de bloques creada. Si en un futuro quisiéramos verificar el error, entrando en la cadena de bloques podríamos ver que realmente el político se equivocó y dijo 100 y no 100.000, ya que así lo apuntó la mayoría de asistentes.

En este punto es importante diferenciar entre una criptomoneda y blockchain. Una criptomoneda usa tecnología blockchain para ser transaccionada, blockchain es la base de datos donde se almacenan las transacciones y el saldo del que disponemos.

Hoy en día ya se está desarrollando el uso de la tecnología blockchain desligada de la creación y operativa de las criptomonedas. En medicina están surgiendo iniciativas que usan blockchain para integrar nuestro historial médico en una sola base de datos global de manera anónima; cada prueba, receta médica o diagnóstico, es añadida a la cadena de bloques; cadena que es, como ya hemos comentado, inmutable, y totalmente anónima.

Las compañías aseguradoras pueden beneficiarse de la información y saber, con total certeza, que mi historial médico no ha podido ser modificado. Simplemente usando la información guardada en la blockchain médica ya son capaces de emitir una valoración (repetimos, información totalmente veraz, segura e inalterable).

También se están abriendo nuevas vías de negocio para las compañías farmacéuticas ya que, si la blockchain es pública, tienen acceso a diagnósticos, recetas médicas, análisis y evolución de la enfermedad. Así pues, pueden tener un estudio detallado del impacto del medicamento en el enfermo, reacciones adversas, etcétera; siempre conservando el anonimato del enfermo y en tiempo real.

También existen aplicaciones de blockchain en sistemas de votaciones o referéndums digitales, ya que la emisión del voto es vista de manera pública, pero salvaguardando la identidad privada del votante, y los resultados no pueden ser modificados ni alterados, acabando así con fraudes o estafas.

También se pueden encontrar numerosos ejemplos de blockchain en el sistema financiero; hoy en día ya se pueden realizar transacciones interbancarias procesadas en cuestión de segundos, a cualquier hora o destino del mundo, con unas comisiones muy reducidas o prácticamente nulas.

La moneda de Facebook

La evolución de las criptomonedas ha sido exitosa de momento; hoy en día coexisten más de 2.200 divisas virtuales en el mercado de las criptomonedas. El bitcoin es la divisa dominante con más de un 50% del mercado; se trata de una moneda opaca, descentralizada, sin ninguna alianza empresarial detrás de ella, sin ninguna red importante para poder ser intercambiada por bienes y servicios (ya que actualmente las transacciones que podemos hacer con ella son residuales a nivel global) y ningún activo subyacente que la respalde. Pero aun así, circulan bitcoins por valor de 160.000 millones de dólares, el equivalente a la capitalización bursátil de Inditex, BBVA, Telefónica y Repsol juntas. Bitcoin y el resto de criptomonedas son básicamente herramientas especulativas y su alta volatilidad y el hecho de que el mercado esté tan atomizado dificulta su uso.

Desde hace unos meses hemos asistido a una nueva revolución que se ha iniciado con el Proyecto Libra. Facebook, juntamente con varios socios más tan importantes como Spotify, Ebay, Paypal, Lyft, Spotify, Uber, Farfetch, Mastercard o Visa, va a lanzar una nueva criptomoneda, libra, que será totalmente digital, sin fronteras, sin intermediarios, basada en la tecnología blockchain, y, a priori, fuera de toda regulación gubernamental.

El principal problema de una criptomoneda es su opacidad, su dificultad técnica para que se use de manera efectiva para intercambiar bienes y servicios reales, su capacidad para generar una masa crítica de movimientos que consigan mantener una baja volatilidad y garanticen su valor real.

Libra es diferente. El hecho de que esté detrás de ella Facebook –una red social con 1.800 millones de usuarios–, permitirá acercar las criptomonedas a una comunidad más grande que la población de Estados Unidos y China juntas, creando una masa crítica de usuarios y simplificando de manera clara todo el proceso, desde la obtención de la criptomoneda hasta su  utilización. Parece que finalmente una criptomoneda podrá usarse de manera diaria para ser intercambiada por bienes y servicios.

A diferencia de bitcoin, libra tendrá una reserva de monedas física que irá ligada a la creación de esta criptomoneda. Cada nueva libra creada ingresará una cantidad equivalente de moneda real en la reserva, con lo que, al tener reservas reales, tendrá un valor intrínseco claro, y reducirá la volatilidad de la moneda, ya que al haber un activo real detrás, las fluctuaciones serán equivalentes a la fluctuación que pueda experimentar la cesta de monedas que sustenta su valor. Es decir, va a ser una moneda con una cotización estable. Por primera vez, no será una criptomoneda para especular, sino para ser usada en la economía real.

Los usuarios no interactuarán con la reserva, sino que habrá vendedores autorizados que se asociarán con casas de cambio y serán  quienes realizarán las entradas y salidas de divisa real a la reserva a escala global. El control de estos vendedores autorizados lo tendrán las multinacionales que están detrás del proyecto. Los socios fundadores son los que tendrán en su posesión los mecanismos de validación y evolución de la blockchain, restringiendo entonces el poder al usuario final, pero aportando un plus de seguridad y estabilidad.

Con libra podremos comprar bienes y servicios, de manera global, sin tener que cambiar de divisa; a modo de ejemplo, podremos pagar un taxi en Londres, podremos comprar bienes de segunda mano gracias a Ebay, podremos enviar y recibir moneda a través de nuestras redes sociales, pagar nuestra suscripción de Spotify, pagar un hotel en Booking.com, pagar viajes en Kayak.com o simplemente comprar el pan en cualquier comercio del mundo sin comisiones, con nuestra tarjeta MasterCard o VISA, que tendrán un monedero de libra asociado.

Con libra se sientan las bases de un futuro y nuevo sistema financiero. El proyecto libra no pretende ser una criptomoneda, pretende ser un Banco Central, un sistema financiero paralelo que dará entrada a mucha gente que hasta ahora no tenía acceso al sector bancario, solo será necesario un teléfono móvil para operar. Pero, ¿por qué saltan todas las alarmas? Porque libra anulará la capacidad de implementar políticas monetarias por parte de los gobiernos, y, además surge la duda: ¿quién será el organismo encargado de controlar la dotación y valorar la idoneidad de la reserva de libra? Hasta ahora, una burbuja especulativa de criptomonedas era anecdótica en el contexto de la economía mundial, pero si libra triunfa, cualquier fallo, rumor, o mala praxis se convertirá en un riesgo sistémico para la economía mundial, y hasta la fecha, el sistema financiero nunca ha lidiado con un riesgo tan grande.