La revolución de la conectividad inteligente

Se trata de disponer de los recursos (almacenamiento, bases de datos y procesado de información) cerca de quien los va a necesitar.

La quinta generación de la telefonía móvil supone un cambio en profundidad en la estructuración de toda la red de telecomunicaciones. Por primera vez, la capacidad de gestión de los datos y la inteligencia para procesarlos dejarán de estar al completo en un lugar alejado y centralizado (la denominada nube) y se acercará allá donde sea necesaria. Esta nueva arquitectura permitirá una conectividad inteligente y próxima, lo que supone un impulso decisivo para una verdadera sociedad digital. Y un espaldarazo a la utilización de la Inteligencia Artificial (IA) en nuevos ámbitos de nuestra vida. Seremos capaces de ver y hacer cosas que nunca habíamos imaginado.

El 5G supone la gran descentralización de los procesos y la introducción en el sistema de un grado de flexibilidad y capilaridad desconocido hasta ahora. Sólo así será posible reducir a la mínima expresión el tiempo de respuesta (la latencia) y dar paso a la gran revolución de la interconexión permanente entre dispositivos y entre máquinas (Internet of Things). Un futuro que abre posibilidades infinitas en la automatización de procesos industriales, en la configuración de las nuevas ciudades inteligentes y en la movilidad mediante vehículos conectados y autónomos.

Para que la información se maneje allí donde es necesaria, una de las piezas clave en la arquitectura descentralizada del 5G es el Edge Computing, o computación en el extremo de la red. Se trata de disponer de los recursos (almacenamiento, bases de datos y procesado de información) cerca de quien los va a necesitar. Estos nuevos nodos inteligentes se albergarán en pequeñas cajas que pasarán completamente desapercibidas en el paisaje de la ciudad.

El 5G se basa en un ecosistema comunicativo que incluye la utilización de ondas de radio a través de un rango de frecuencias más amplio y flexible (con una combinación de grandes antenas en lugares altos y un entramado de micro antenas distribuidas y camufladas en el mobiliario urbano). El transporte y captación de los datos requiere que las antenas estén conectadas capilarmente con fibra óptica, mediante la tecnología FTTA (Feber to the antenna). Finalmente, una red de Data Centers medianos (se calcula que serán necesarios entre 5 y 10 en ciudades como Barcelona o Madrid) completa el circuito.

La tecnología 5G amplía la capacidad de la red al dividir la cobertura en áreas mucho más pequeñas, con una antena de muy baja potencia en cada una de ellas. Cada antena ofrece servicio a muy pocos usuarios, permitiendo que tengan una velocidad de datos muy alta (hay menos usuarios entre los que repartir), con una potencia muy reducida (equivalente a hablar en voz baja) y minimizando las interferencias con otras áreas cercanas.

La densificación de redes de comunicaciones con 5G ofrece al ciudadano la posibilidad de acceder a contenidos, aplicaciones y servicios de valor añadido a una hipervelocidad (se considera que la paciencia del usuario se ha reducido a tan solo 3 segundos de espera). Aplicaciones como las relacionadas con el consumo de bienes y servicios, ocio, turismo y las relaciones del ciudadano con su administración mejorarán sensiblemente. Habrá nuevas formas de seguridad y de respuesta en caso de emergencias, vehículos autónomos para atender las demandas de movilidad, nuevas experiencias de compra y visualizaciones inmersivas que transformarán el conocimiento de la ciudad.

El 5G es, sobre todo, una tecnología pensada para resolver problemas reales. Por ejemplo, para ayudar a que los contenedores de residuos de las ciudades puedan diferenciar entre los distintos tipos de plásticos o de envases de cristal para su correcto almacenamiento, asociándolos además a la persona que los deposita gracias a la identificación fácil. O facilitando la agricultura inteligente, para que máquinas vibradoras reconozcan el calibre, aspecto y punto de maduración de la fruta y puedan proceder a su recolección sin apenas supervisión. La alianza entre el 5G y la Inteligencia Artificial hará más eficientes los procesos y nos ayudará, entre otras cosas, a cuidar del medio ambiente.