El ahorro energético puede repercutir en una mayor competitividad y capacidad de innovación, una mejora en la imagen corporativa y una cultura empresarial más sostenible.

Autor: Víctor Recacha

Cada año se producen y consumen, a nivel mundial, unos 18 teravatios-hora de energía, lo que equivale a 5.000 millones de barriles de petróleo. Se estima que el coste de este consumo energético asciende a un 10% del PIB mundial. Mientras tanto, cada año que pasa se emiten a la atmosfera más de 36.000 millones de toneladas adicionales de CO2. Esta cantidad siguió creciendo en 2017, a pesar de que hace dos años casi 200 países se unieron en el Acuerdo de París para limitar las emisiones de gases del efecto invernadero y frenar el calentamiento global.

La creciente conciencia colectiva ante el gran reto del cambio climático está poniendo todos los focos en la transición energética. En especial, la eficiencia y ahorro de energía son un aspecto clave, no solo por cuestiones medioambientales sino también por su significado estratégico y económico para consumidores y empresas.

Un ejemplo reciente es la prohibición impuesta el pasado verano por la Unión Europea a la comercialización de bombillas halógenas. Esta iniciativa está orientada a sustituir, en toda la UE, las viejas bombillas por luces LED. La transformación supondrá una reducción anual de emisiones que se prevé en 15 millones de toneladas de CO2. Esto es equiparable a lo que emite el país de Portugal entero. El fabricante de sistemas de iluminación Philips estima que el cambio supondrá ahorros para el consumidor de más de 120 euros anuales. Esto es debido a que la iluminación LED tiende a durar más y consumir menos energía.

Y el potencial económico va más allá. La transición energética atraerá ocho millones de empleos a Europa, según el Informe IPM ‘Los empleos de la transición energética’. De estos, la mayoría corresponden al sector de la eficiencia energética (cinco millones), mientras que el resto (tres millones) serían creados por la industria de las energías renovables.

En el caso de las empresas, el ahorro energético es fundamental, ya que además de reducir las emisiones de CO2 y el impacto ambiental de las mismas, puede traducirse en ahorro económico. Y, más allá, puede repercutir en una mayor competitividad y capacidad de innovación, menor dependencia energética, una mejora en la imagen corporativa y una cultura empresarial más sostenible e implicada socialmente. El uso más eficiente de la energía suele requerir la implicación de los empleados y puede representar un factor de motivación, siendo una oportunidad para diferenciar la empresa.

De hecho, fue precisamente un grupo de 35 empresas españolas quienes se unieron el pasado abril para exigir en un manifiesto la aprobación de una ley de cambio climático y transición energética. Las impulsoras del manifiesto, que van desde medianas empresas hasta las principales multinacionales del sector, consideran que “las economías que lideren la transición
[energética] serán las primeras en aprovechar las oportunidades que la descarbonización ofrece y las que más se beneficiarán de la misma”.

Meses después, el Gobierno está preparando una ley para regular precisamente esto. La nueva Ley de Cambio Climático y Transición Energética, cuya tramitación está programada para finales de año, aborda la cuestión de la descarbonización, cuyo horizonte sitúa a mitades de siglo. También incluye la lucha contra el cambio climático y acciones para cumplir el Acuerdo de París. Respecto a la transformación en el modelo energético, la ministra para la Transición Ecológica Teresa Ribera ha cifrado la inversión requerida para esta transición hacia la descarbonización en unos entre 70.000 y 80.000 millones de euros hasta 2030.

El compromiso de Endesa
El liderazgo de la distribución eléctrica en España lo tiene Endesa, compañía que desempeñar un papel clave, incluso de liderazgo, a la hora de revolucionar el comportamiento energético del mundo empresarial. Es especialmente significativo que sea una de las empresas que ha decidido incluir en su plan estratégico la transición energética. Esta toma como pilares fundamentales la evolución hacia un modelo digitalizado más sostenible y una apuesta por la descarbonización total de su ‘mix’ energético para 2050. Esto último se ha interiorizado hasta el punto de que, por primera vez, el bonus de los altos directivos de Endesa estará vinculado a la reducción de emisiones de CO2.

El desarrollo de programas de mejora de la eficiencia energética permitió a Endesa conseguir un ahorro de 415 gigajulios en 2017. Para ello, se rediseñaron procesos, se llevaron a cabo programas de conservación y adaptación de equipos y se impulsaron cambios en la manera de trabajar de los empleados en relación al consumo energético. Los programas de eficiencia apuntan tanto a oficinas como a redes de distribución y procesos de generación de energía.

La eléctrica también está implementando una mejora en el parque de oficinas, teniendo en cuenta el ahorro energético, la incorporación de energías renovables y la reducción en emisiones de CO2. En Cataluña, se están desarrollando obras de mejora en las oficinas de Figueres, Vic, Tarragona y Llobregat para reducir su consumo energético, suministros y generación de residuos. En el caso de Figueres, se espera que la reforma repercuta en un ahorro de 222 MWh anuales, además de una reducción de 99 toneladas en las emisiones anuales de CO2. En Llobregat, la reducción prevista asciende hasta las 151 toneladas de CO2 por año.

Otro ejemplo es la instalación de vinilos de protección solar para reducir la carga térmica de los edificios con fachadas de vidrio sin reducir la iluminación. Este mecanismo ha sido incorporado recientemente a los edificios de la eléctrica en Lleida y Salt.

Para los edificios de nueva construcción, la empresa tiene fijados unos estándares de diseño. Estos incluyen sistemas pasivos instalados para optimizar el uso del clima del entorno, en combinación con sistemas activos de alta eficacia.

La nueva sede de Endesa en Barcelona, un complejo de oficinas ubicado en la calle Vilanova (en Arc de Triomf) fue completada hace 6 años tras una inversión de 35 millones de euros y cuenta con una doble fachada de vidrio, así como con paneles solares térmicos. El complejo dispone de 42.400 metros cuadrados en un espacio donde trabajan alrededor de 800 personas.

La parte de nueva construcción de las instalaciones recibió la calificación A en eficiencia energética, es decir, el máximo nivel del Certificado de Eficiencia Energética otorgado por la Generalitat. Esta calificación supone un ahorro anual estimado de 357.886 kWh, en unas instalaciones con un consumo anual total de 197.785 kWh. La magnitud de este ahorro es equivalente al consumo energético de 84 familias. También supone unas emisiones de CO2 un 60% inferiores a las de un edificio de dimensiones similares con los requisitos mínimos de eficiencia del Código Técnico de Edificación (CTE).

Según Endesa, el resto de empresas también se podría beneficiar de tomar medidas respecto a la eficiencia energética. Así lo recoge su segundo Informe de comportamiento energético de las empresas españolas 2017. Incluso en el caso de las pymes, más de la mitad podría amortizar en 2 años y medio la inversión que supondría adoptar una parte de las medidas propuestas en el informe (optimización de potencia, eliminación de consumos fantasma, compensación de energía reactiva y cambio de sistema de iluminación convencional por LED). ¿Los beneficios de aplicarlas en su totalidad? Podrían ahorrar 4.660 euros al año.

La necesidad de una transición energética para poder afrontar una serie de retos económicos y ambientales sitúa sobre la mesa la cuestión del ahorro energético. Pero, por otro lado, este podría también ofrecer nuevas posibilidades y oportunidades muy significativas para las empresas que decidan apostar en esta dirección.