¿Cómo son estos empleos llegados de la mano del boom tecnológico? ¿Generan precariedad o, por el contrario, libertad de horarios y más flexibilidad?

Autora: Marta Burgués

Nadie niega las ventajas que nos aportan las nuevas tecnologías para hacernos la vida más fácil. Transforman procesos y productividad, y también las formas y relaciones laborales de las empresas y empleados. En los últimos tiempos, dado el resurgimiento de plataformas de trabajo online, han nacido nuevos perfiles laborales que, a la vez, dibujan nuevos paradigmas de trabajo. Muchas empresas están empleando, por un lado, a personas con perfiles tecnológicos interesantes que cuentan con salarios destacados (“en breve, va a haber una explosión de demanda de profesionales con conocimientos sólidos sobre la cadena de datos”, según Esther González, de EAE), pero por otro lado se ha disparado el aumento de freelances para la realización de trabajos puntuales o por procesos, con tarifas algo precarias. Y si bien España cerró 2017 con 3.200.314 autónomos, según datos de la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos-ATA, muchos de los que trabajan en las llamadas nuevas plataformas de trabajo online ni siquiera lo son.

Hacia el crowdemployment

Crowdemployment, crowdwork o crowdsourcing. Son los nuevos términos que se utilizan para referirse al uso de plataformas tecnológicas por parte de empresas o particulares que necesitan personas de forma inmediata. A través de estas páginas webs o apps se encargan proyectos –a autónomos y en general a trabajadores por cuenta ajena– que suelen gestionarse en su totalidad a través de la Red. “Se trata de una nueva manera de distribuir el trabajo vía plataformas online que permiten subdividir tareas y repartirlas de manera fácil y masiva a una gran cantidad de personas que está en la misma plataforma”, explica Xavier de Gracia, un joven barcelonés de 28 años que actualmente trabaja en Nueva York como director de desarrollo de Handy.com, plataforma de servicios del hogar.

Este modelo de trabajo procede de Estados Unidos, cuya Oficina del Censo estima que los empleados a tiempo parcial, autónomos, eventuales y subcontratados suponen hasta el 20% de la población activa del país. De momento, en Europa, el 14,2% de los empleados son temporales y, según datos de la consultora McKinsey, más de 162 millones de personas en el Viejo Continente y Estados Unidos ya forman parte de este tipo de trabajo independiente. En España, sólo un 3% de los trabajadores viven de las plataformas digitales, pero la tendencia al alza es visible.

Pese a su juventud, Xavier de Gracia es uno de los mayores expertos del mundo en plataformas de la denominada economía colaborativa. Graduado por el MBA de Harvard, la plataforma en la que trabaja ha llegado a un acuerdo para ofrecer servicios del hogar en Facebook Marketplace de Estados Unidos. Él nos explica las ventajas de estas nuevas plataformas. Por una parte, no hay horarios fijos, ni turnos, ni ninguna imposición sobre a qué hora se debe trabajar: “es una gran diferencia respecto a la mayoría de trabajos de baja necesidad formativa en la que la obligatoriedad de turnos y la alternancia semanal de los mismos genera problemas de conciliación laboral y estabilidad”. También señala el autocontrol de carga de trabajo: “el proveedor decide cuántas horas a la semana trabaja y su disponibilidad a ofrecer el servicio, lo cual permite el total autocontrol de la jornada y compatibilizar la provisión de este servicio con otras actividades”. Por otra parte, no suele haber exigencia de formación o experiencia previa, por eso “estas plataformas son muy atractivas para personas con difícil acceso al mercado laboral más cualificado”.

En este marco, podemos hablar de plataformas de crowdsourcing como Amazon Mechanical Turk, que se utiliza para trabajos simples y de bajo precio unitario. La plataforma permite que los solicitantes ingresen al sistema unidades de trabajos (HIT o Human Intelligence Tasks) y los trabajadores (turkers) pueden consultar dichos trabajos y finalizarlos a cambio de una recompensa económica determinada. “Aporta una opción a muchas personas de todo el mundo para la realización de unas tareas muy simples a cambio de un pago muy, muy ajustado. Pero el hecho de que sea la única o mejor opción de ocupación para muchas personas es un claro reflejo de las dificultades económicas existentes”, opina Daniel Vidal, abogado de Cubelaws.

La figura del falso autónomo

Tanto Amazon Mechanical Turk como cualquier otra plataforma crowdwork encaminan hacia un tipo de gig economy que, si bien tiene ventajas como hemos visto, podría esconder cierta precariedad. “La aparición de las plataformas bajo este concepto de economía colaborativa tenía sentido y aportaba un valor al principio pero, motivado por su ambición de crecimiento, están conduciendo parte del mercado laboral tradicional hacia estas nuevas reglas. Ya no se trata de unos ingresos extra, sino de la desaparición de un modelo de mercado laboral a favor de otro mucho menos protegido y, por tanto, más precario”, afirma Pascual Parada, director de desarrollo de negocio e innovación de IEBS. En su opinión, se ha llegado a un punto en el que la economía colaborativa consiste en colaborar para que grandes corporaciones internacionales sean aún más grandes y más ricas, por lo que se ha corrompido el sistema.

Bajo estos términos también están englobados los trabajadores de empresas tan conocidas como Glovo o Deliveroo. Algunos repartidores o riders, como se les nombran en estas empresas, han presentado demandas contra ellas por sus condiciones laborales. Y hay sentencias firmes que les han dado la razón, como la del juzgado de Valencia que ve improcedente el despido de un rider porque considera que tenía una relación laboral con Deliveroo y no mercantil. Es decir, tenía que estar contratado como asalariado y no como autónomo, algo que corrobora un informe realizado el año pasado por la Inspección de Trabajo.

A pesar de las sentencias que establecen como falsos autónomos a los riders de Deliveroo, la legislación laboral es difusa y la morfología del contrato laboral no ha cambiado. Los juristas están de acuerdo en que falta regulación. “Dan un servicio bajo demanda con infraestructuras del trabajador, como el coche o la bici, en una plataforma que no es propiedad de los trabajadores sino de la empresa global. Bajo el paraguas de una relación mercantil, vemos claramente como se trata de una relación laboral”, explica Anna Ginès, profesora de Derecho del Trabajo de ESADE Law School. En este caso, la plataforma ejerce un control sutil sobre los trabajadores a partir de algoritmos que asignan pedidos y entregas. “En principio, tienen libertad para decidir cuándo trabajan, pero no es algo real, porque finalmente es la empresa quien lo fija y luego no permite cambios de franjas horarias en función de la disponibilidad del rider, como debería ser”, comenta Ginès.

“Ni la denominación de economía colaborativa, ni el uso de estas plataformas digitales o la figura de los falsos autónomos pueden ni deben servir para camuflar auténticas relaciones de trabajo tradicionales. Ello es ilegal, es un fraude inadmisible y casi siempre lo es en perjuicio de los trabajadores (además de la seguridad social y/o la hacienda pública)”, asiente Daniel Vidal, abogado de Cubelaws.

Retos de las plataformas digitales

Todo esto dibuja un futuro algo incierto porque tales plataformas no van a desaparecer, más bien todo lo contrario. “Debemos asumir que, progresivamente, todo trabajo que no implique necesidad de contacto cara a cara, alto nivel de inteligencia emocional, creatividad, innovación y sensibilidad interpersonal es susceptible de comprarse y venderse a través de estas plataformas”, explica la profesora de Recursos Humanos de EAE, Esther González. “En el futuro, con la excepción de terapeutas, profesionales sanitarios, personal de atención a ciertos clientes y artistas, buena parte del trabajo rutinario pasará por aquí. Lo importante es que la legislación laboral, no solo nacional sino también internacional, evite ambigüedades”.

En este sentido, Anna Ginès, de ESADE, tiene claro que en toda la UE va a haber homogeneidad de leyes a nivel laboral y vendrán regulaciones próximamente. “En España, creo que estas plataformas están explotando la oportunidad de negocio derivada de la incertidumbre que han creado ellas mismas”. Para Ginés, los tipos de contratación más flexibles son desaconsejables: “si en España se permite el llamado contrato hora cero (sólo cuando se presta el trabajo), que ahora no existe regulado como tal en el país, entonces hay un riesgo de inestabilidad laboral importante”. La calidad en el trabajo y el desarrollo tecnológico pueden ir perfectamente de la mano, en su opinión, pero la flexibilidad laboral que se gana debe ir acompañada de una regulación y una protección apropiadas, con jornadas y retribuciones mínimas. Para poner fin a esta incertidumbre, además de la Ley, las empresas deben establecer “mejores condiciones con respecto a la seguridad del puesto de trabajo y su remuneración, y en aquellos casos en los que la relación sea constante en el tiempo, la contratación para la realización del servicio”, comenta Pascual Parada, de IEBS.

“Lo más probable es que formas de trabajo como el freelance, el contracting o el crowdworking sean cada vez más norma en el mundo IT porque ofrecen una mayor flexibilidad tanto para el empleado como para la empresa y se adaptan mejor al trabajo por proyecto. Son modalidades que ya son mandatorias en otros países europeos y en Estado Unidos. En nuestro país, estas modalidades todavía son muy poco comunes, así que nos quedan algunos años en los cuales seguiremos teniendo jefes y horarios que respetar”, sentencia Julien Mur, Manager en Information Technology & Life en Hays.