Catalunya cuenta con el mayor clúster agroalimentario ecológico del sur de Europa. Un potencial que no deja de crecer año tras año.

Por Anna León Mir

A lo largo del año 2018 se destinaron 210.818 hectáreas (5,02% más comparado con el ejercicio anterior) a la agricultura ecológica en Catalunya. Asimismo, se contabilizaron 3.859 operadores (8,92% más) distribuidos en varias categorías: comercializadores, importadores, productores vegetales y elaboradores, minoristas incluidos. A pocas semanas de finalizar este 2019, se prevé que el sector experimente, de nuevo, un incremento significativo, alrededor del 10% en operadores y superficie, pero también en ganadería y actividades agroalimentarias, según el Consell Català de la Producció Ecològica (CCPAE), tutelado por el Departament d’Agricultura, Ramaderia, Pesca, Alimentació i Medi Ambient de la Generalitat de Catalunya. Fuentes de este organismo de control resaltan que Catalunya cuenta con el mayor clúster agroalimentario ecológico del sur de Europa, potencial que facilita el crecimiento continuo en términos de producción. “Como asignatura pendiente quizás podríamos señalar que el sector todavía debe tejer complicidades para agruparse y defender sus intereses como colectivo ante la gran industria agroalimentaria”, señalan.

Costes añadidos

La agricultura ecológica tiene unos costes añadidos porque produce de manera muy diferente a la convencional. Por ejemplo, no utiliza abonos ni pesticidas químicos, respeta el medio ambiente y trata de preservar la biodiversidad del suelo. “Es posible que los costes del sistema bio frenen la transición de la agricultura convencional a la ecológica, pero también deberían plantearse los costes medioambientes generados a corto y largo plazo. Estamos dañando el planeta”, advierten fuentes del CCPAE. Y recuerdan las ayudas a las que se puede recurrir: “Para hacer frente a esos costes, pueden contar con un fuerte apoyo de las instituciones en forma de ayudas agroambientales. Además, los gastos de la certificación se pueden asumir a través de Programas de Desarrollo Rural”.

Producto de temporada

La agricultura convencional puede acelerar el proceso de crecimiento de frutas, verduras u hortalizas, sin embargo los cultivos ecológicos respetan el ritmo natural de los alimentos. Esto impide que se pueda recoger un producto determinado varias veces al año. Desde el sector bio trabajan para concienciar sobre la necesidad de consumir productos de temporada. “Debemos volver a comer tomates durante la época del año en que se producen, por el bien de todos y del planeta. Recuperamos los sabores de siempre, elegimos producto local y de temporada y generamos menos huella de carbono”, recomiendan. El periodo de conversión de un modelo agrario convencional o industrial a uno ecológico dura de uno a tres años, en función del tipo de cultivo. Ese periodo, tras el que se obtiene la certificación ecológica correspondiente, se puede reducir si se cumplen una serie de requisitos previos. Por ejemplo, que la producción se lleve a cabo en terrenos agrícolas abandonados o sin cultivo en los últimos tres años.

Agricultura extensiva

Según el CCPAE, un total de 40.000 hectáreas de las más de 210.000 dedicadas a la agricultura ecológica se destinan a cultivos. El resto a prados, pastos y forrajes para alimentar al ganado, aunque el número de explotaciones de este tipo es de 927. No obstante, la normativa europea establece que la ganadería ecológica debe ser extensiva, por lo que es normal un número tan alto de hectáreas inscritas. “Aun así, 40.000 hectáreas de cultivos eco son muchas y seguimos creciendo, año tras año”, declaran.

El consumo de productos ecológicos ya supera el de alimentos veganos, según el Informe de EAE Business School: Alimentación Saludable 2018. A medida que aumenta esta demanda, también lo hace el número de comercializadores y distribuidores. Operadores ecológicos consultados destacan los valores de esta producción sostenible y responsable, muy por encima de costes y otras dificultades.

Tres ejemplos

Ous Roig: producción ecológica a gran escala

A finales del pasado mes de febrero, Ous Roig daba el salto a la producción de huevos ecológicos, a raíz de la inauguración de una granja de 36.000 ponedoras en la comarca del Montsià (Tarragona). Con la puesta en marcha de estas instalaciones, Ous Roig se propone encabezar la producción de huevos ecológicos. De hecho, se prevé que la nueva granja podría producir un millón de huevos ecológicos mensuales, concentrando más de un 35% de la puesta de huevos ecológicos de Catalunya. El balance meses después es “francamente positivo”, en opinión de Agustí Roig, adjunto a dirección de la empresa. “Desde hace años comercializábamos este tipo de huevos, que procedía de colaboradores homologados. El aumento de la demanda de este tipo de producción motivó la decisión de invertir en este sistema, complementando así la oferta de Ous Roig en sistemas cien por cien libres de jaula y con acceso al aire libre (campero y suelo)”, añade.

En Ous Roig ya disponían de la autorización del Consell Català de la Producció Agrària Ecològica (CCPAE) para el envasado de huevos ecológicos, de manera que la inversión adicional ha sido la puesta en marcha del nuevo centro. Un complejo de 12 naves de producción con 3.000 aves en cada una. “Desde el punto de vista medioambiental, las instalaciones disponen de paneles solares para el autoconsumo energético y priorizan la integración en su entorno desde el punto de vista estético del uso de materiales”, detalla Roig.

Tanto las gallinas camperas como las ecológicas se mueven por corrales al aire libre, aunque a las segundas se las alimenta con grano natural ecológico. Esta diferencia influye en la calidad nutritiva y organoléptica del huevo. Además, no se les pueden suministrar antibióticos, hormonas o harinas de pescado. Aun así, existen otros requisitos, de carácter técnico, relacionados con la densidad o el número de aves por nave, menor en la cría ecológica que en la campera. El huevo ecológico, regulado por la normativa CEE nº 2092/91, se identifica con facilidad gracias al código 0 marcado sobre cada uno de los huevos.

Agustí Roig asegura que existe una demanda importante de huevo eco, aunque este sigue siendo un porcentaje reducido comparado con el huevo convencional. En cuanto al tanto por ciento que puede representar el huevo ecológico dentro de su negocio, Roig augura: “Si nos basamos en la experiencia de países de nuestro entorno, con un desarrollo del mercado ecológico más temprano, podríamos alcanzar entre el 10 o el 15% del total de las ventas en nuestro mercado”.

Nestlé: un gigante que apuesta por la alimentación bio

La suiza Nestlé, a la que algunos consideran la compañía agroalimentaria más importante del mundo, dio a conocer su inmersión en la alimentación ecológica a finales de mayo de 2018. De esta manera, se proponían aumentar entre un 10 y un 15% su cifra de negocio en el plazo de cinco años. Aunque todavía es muy pronto para hacer balance, sí tienen claro que quieren adaptarse y dar respuesta a las demandas de los consumidores en torno a la alimentación bio, healthy y prémium. “Una parte de los consumidores está dispuesta a pagar algo más por estos productos. El coste no puede ser un argumento: o adoptamos un modelo sostenible o no hay futuro”, argumentó Jacques Reber, director general de Nestlé España, durante la rueda de prensa en la que explicó los compromisos mediambientales de la compañía, el pasado 22 de octubre en Madrid. En concreto, Nestlé ha ampliado algunas de sus categorías bio e incluso lanzado novedades que oscilan desde los cereales para el desayuno a los tarritos y snacks infantiles, galletas sin gluten bio e incluso tés e infusiones prémium con nuevas referencias de cultivo ecológico, por citar algunos.

Nestlé cuenta con 10 fábricas en nuestro país, donde apuesta por materia prima de calidad y de proximidad siempre que sea posible. Fuentes de la empresa aseguran que se está haciendo “un esfuerzo” para que toda la actividad ejercida en toda la cadena de valor sea sostenible, seleccionando materia prima de calidad y proximidad “siempre que sea posible”.

Un ejemplo de ello es la iniciativa “Solís Responsable”, en marcha desde el año 2013, que garantiza una agricultura sostenible a largo plazo al integrar los tres eslabones de la cadena de producción: el agricultor, la transformación primaria y la elaboración del producto en la fábrica. “Se trabaja de forma sostenible y bajo unos criterios avalados, entre otros, por la norma de producción integrada de la Junta de Extremadura. Así garantizamos que, desde el cultivo del tomate en el campo a la elaboración de la salsa, somos respetuosos con el medio ambiente”, comentan fuentes de la empresa. De entrada, todo el tomate empleado está considerado kilómetro 0 porque procede de los cultivos de la Vega del Guadiana, zona ideal para su cultivo, debido a la climatología, condiciones de la tierra y horas de sol. Todos los actores están coordinados y se aprovechan al máximo los recursos y mecanismos de producción naturales que aseguran una agricultura sostenible a largo plazo, además de recolectar los tomates en su mejor punto de madurez para elaborar las salsas de tomate. Asimismo, se pretende utilizar menos agua y abonos y controlar las plagas de forma racional. “En cifras, hemos conseguido reducir un 9% el agua de riego (930 millones de litros) y emplear un 9% menos de fertilizantes y un 14% menos de plaguicidas”, valoran.

Parés Baltà: de la elaboración ecológica a la biodinámica

En Catalunya, el 41% de la superficie de cultivos ecológicos se dedica a la viña. Parés Baltà es una de las bodegas pioneras en la elaboración de vinos ecológicos Y biodinámicos del país. Los primeros pasos hacia una viticultura sin productos químicos se iniciaron 41 años atrás. Joan Cusiné Hill, hijo de viticultores, se hizo con esta bodega familiar en el año 1978, aunque los primeros viñedos datan de ocho años antes. “El abuelo Joan ya cultivaba el huerto y los primeros viñedos que tuvo de manera ecológica. De él, hemos heredado el amor y respeto por la tierra, así como algunas de las técnicas que todavía utilizamos a día de hoy”, reflexiona Marta Casas, enóloga de Parés Baltà. Casas hace referencia al rebaño de ovejas que les ayuda a mantener las cubiertas vegetales a raya y fertilizar el suelo de manera natural. O la colmena de abejas de la que obtienen una limitada producción de miel de romero, a la vez que les ayudan a polinizar y crear un ecosistema sano y equilibrado. “Un ecosistema lleno de una biodiversidad real, natural y autentica”, afirma.

A partir del año 2000, la tercera generación de la familia Cusiné tomó las riendas del negocio. Y apenas 12 años después, decidieron apostar por la viticultura biodinámica (certificada por Demeter), un paso más allá de la ecología. “En un principio, este tipo de agricultura despertaba nuestra curiosidad, pero enseguida nos dimos cuenta que era el camino que nos había transmitido el abuelo”. Además de no emplear elementos químicos, la biodinámica les ayuda a trabajar de la forma más natural posible: usan plantas medicinales, integran el cultivo en el bosque, incrementan la biodiversidad, fertilizan con estiércol y elaboran preparados con piedra de cuarzo que influirán en la dinámica de crecimiento de la planta. “La biodinámica busca la interacción de varios elementos capaces de ayudarse entre sí para obtener un fruto de calidad, sano y respetuoso. Involucra todas las fuerzas de la naturaleza, plantas y medicinales, creando un entorno sano para el cultivo, crecimiento y desarrollo de la planta”, detalla Casas.

Todo este proceso requiere de “mucho esfuerzo” personal y conciencia grupal. “Contamos con 200 hectáreas de viñedo, por lo que necesitamos bastante personal cualificado. Pero ello no tiene por qué aumentar el precio del producto final. Además, el consumidor busca, cada vez más, vinos ecológicos, sanos y con valor añadido”, admite Casas. “Sientes –continúa– que este es el camino que debes emprender y, al final, es una forma de vida que llegas a entender”. Para la enóloga de Parés Baltà, la producción ecológica no encierra obstáculos de ningún tipo, ya que la rentabilidad se puede medir de muchas maneras. “Lo importante no es ser orgánico o biodinámico, sino hacerlo así porque quieres, haya demanda o no. Si además se sabe apreciar, pues mucho mejor”, concluye.