El futuro puede ser una profecía distópica autocumplida o un conjunto de oportunidades para construir un mundo mejor. Cualquiera de esas dos opciones puede ser verdadera.

Texto de Daniel Sánchez Reina, investigador en Gartner, escritor y conferenciante, experto en temas empresariales, autor de El mentor. Guía de mentoring para la gestión y el liderazgo empresarial (Almuzara, 2017)

Las perspectivas que se muestran en este artículo y su intensidad dependerán en gran medida del tiempo que transcurra hasta que se encuentre, libere y entregue una vacuna, hasta que se encuentre un tratamiento efectivo o hasta que nos inmunicemos a niveles superiores al 60% de la población (que es el porcentaje considerado como inmunidad de grupo por la OMS).

La hiperglobalización da paso a la globalización

En términos prácticos no vivíamos en un mundo globalizado, sino en uno hiperglobalizado. Ahora tenemos que repensar este modelo. Las medidas de bloqueo y la concentración de algunos productos básicos (alimentos, higiene y sanitarios) más allá de nuestras fronteras suponen un alto riesgo para el sustento de los países durante las pandemias. Habrá una relocalización quirúrgica, es decir, no masiva, de la capacidad de producción de esos productos básicos, para garantizar el suministro. En otras palabras, pasaremos del mundo hiperglobalizado actual a simplemente un mundo globalizado, no a una vuelta a lo regional. Un mundo regionalizado es un escenario muy improbable, no sólo porque dañaría gravemente los beneficios de casi todas las industrias en el mundo, sino principalmente porque el juego de proveedores está tan disperso y entrelazado en todo el planeta que la autosuficiencia es una quimera.

Los gobiernos subvencionarán la creación de industrias que cubran las necesidades básicas

Como efecto secundario de lo anterior, los gobiernos asegurarán que sus países sean autosuficientes en productos básicos. En muchos países se reforzarán o incluso se crearán industrias locales en los sectores de la agricultura, ganadería, pesca, higiene y material sanitario. Estas industrias locales no serán las principales proveedoras de sus propios países –porque todavía mantendrán proveedores relevantes en otros países–, pero ganarán cuota de mercado y garantizarán existencias y suministros suficientes para resistir meses de confinamiento.

Las cadenas de suministro buscarán proveedores locales de respaldo, sacrificando ganancias

Durante esta pandemia muchas empresas se encontraron incapaces de obtener los bienes y materias primas que necesitaban para sus procesos de ventas y fabricación, debido a las medidas de confinamiento en el país proveedor. Solución aparentemente inmediata: búsqueda de un segundo proveedor (proveedor de respaldo) local, para evitar los potenciales bloqueos internacionales por confinamiento. La mayoría de empresas llegarán a acuerdos con proveedores locales, a pesar de sacrificar costes –y por tanto beneficios–, calidad y/o servicio.

Pero no se desarrollará la suficiente lealtad entre tu proveedor y tú. En caso de otro brote de virus, serás la última prioridad para el proveedor de respaldo, el cual es probable que se encuentre lidiando con los mismos problemas de escasez que tú durante la pandemia. Te verás obligado a aumentar el volumen de negocio con el proveedor de respaldo, de modo que deje de ser “de respaldo” y sea otra más de tus fuentes de suministro.

La innovación se disparará

Las medidas de bloqueo han dividido a las empresas en dos grupos: las que han podido vender sus bienes y servicios durante la pandemia, y las que no han podido.

Dejando a un lado aquellas empresas cuya naturaleza de negocio es física (viajes y hostelería, por ejemplo), se incorporarán innovaciones como canales digitales de venta, entrega a domicilio, cambios en el mix de productos (para incluir productos de primera necesidad), o creación de nuevos productos/servicios.

Los gigantes digitales aumentarán su poder de mercado

Aquellos negocios que decidan crear canales de venta digitales serán lo suficientemente hábiles como para no reinventar la rueda y aprovechar los ecosistemas de plataformas ya existentes en el mercado (gigantes digitales como Amazon, Google, Apple, Alibaba, Tencent, etc.) y sus enormes capacidades en logística y ventas. Estos gigantes digitales serán aún más poderosos de lo que son hoy en día económicamente. No representa un problema desde el punto de vista de concentración del mercado –porque no se trata de una transferencia de cuota de mercado de las pequeñas plataformas a los gigantes, sino una extensión del pastel–, pero sí de potencial concentración de poder para influir en la geopolítica.

Las nacionalizaciones dejarán de ser “el mal” del capitalismo

Tras la pandemia, muchos gobiernos considerarán participar como accionistas en industrias que son estratégicas para preservar los medios de subsistencia en tiempos de confinamiento y crisis sanitaria.

Del mismo modo, sectores económicos muy relevantes para el PIB (directa, o indirectamente a través de sectores auxiliares), como las aerolíneas, necesitarán o bien M&As (fusión o adquisición) para sobrevivir, o bien rescates de los gobiernos. En este último caso, y con el fin de garantizar que el dinero vuelva a las arcas del Estado –contrariamente a lo que sucedió con el rescate de los bancos durante la depresión de alto riesgo en 2008–, los gobiernos exigirán entrar en la participación de las empresas temporalmente. Esto planteará un problema de competencia con el resto de empresas de la misma industria que no hayan sido rescatadas. Se abordará a fondo con normas estrictas y severas para impedir que los gobiernos inyecten más capital del mínimo necesario.

El capitalismo social está llegando

La crisis económica que sigue a la crisis sanitaria está causando y causará estragos a millones de ciudadanos en el mundo. Los países tendrán que reorganizar sus asignaciones presupuestarias para cubrir ayudas a empresas y ciudadanos. Lo compensarán aumentando los impuestos a aquellos ciudadanos con mayores ingresos y a aquellas empresas con enormes dividendos, o, por el contrario, emitiendo deuda. Estas medidas no son mutuamente excluyentes.

Así, la reducción de la deuda soberana dejará de ser religión –al contrario de la crisis del 2008–. El endeudamiento público se convertirá en una potente palanca para estimular la demanda interna en tiempos de pandemia. Y el alza progresiva de impuestos a los altos ingresos será la nueva norma. Incluso en países y gobiernos históricamente reacios a ello, se aceptará como el “nuevo sistema fiscal normal”.

La debilidad de la UE será aprovechada por otros

Una vez más, la Unión Europea ha demostrado ser ineficaz en la gestión de la pandemia como un solo bloque. Las potencias mundiales emergentes se aprovecharán de esta debilidad. Establecerán acuerdos ventajosos de país a país y romperán alianzas seculares, con el fin de aumentar su poder económico y político. China, que ha mostrado interés en establecerse como un jugador relevante con sus propias reglas en la economía mundial, puede utilizar esas alianzas no escritas para extender su influencia. Del mismo modo, Rusia aprovechará para aumentar su influencia en la arena geopolítica, más allá de Oriente Medio.

El distanciamiento social a gran escala será la nueva normalidad

Para evitar largas colas, seremos más selectivos en la compra y se reducirá el consumismo, aumentará el entretenimiento online con pago por visionado y se fortalecerán y crecerán los canales de compra online siendo una oportunidad para que las empresas más pequeñas incrementen sus niveles de digitalización.

Los viajes domésticos aumentarán

Los viajes domésticos se reabren rápidamente, con un efecto positivo en aumento del PIB por demanda interna. Aplicarán economías de escala, por lo que los precios de estos viajes no van a subir significativamente.

En cambio, es probable que los precios de los viajes internacionales se disparen para compensar la bajada de demanda internacional. A medida que las fronteras se reabran y nuestros gobiernos anuncien regularmente los países “seguros”, volveremos a nivel de precios anteriores a la crisis.

El teletrabajo está aquí para quedarse

El teletrabajo traerá más compromiso y productividad para aquellas empresas que practican una cultura de confianza y orientación a los resultados, como muestran los datos sobre las pocas empresas que llevan años con el teletrabajo incorporado. Por otro lado, traerá falta de compromiso de los trabajadores en aquellas empresas que microgestionen, obsesionadas con controlar la dedicación de tiempo, esfuerzo y forma en que se realiza el trabajo. El teletrabajo no es una segunda oficina, sino una manera de trabajar en que debemos respetar las condiciones de cada persona (disponibilidad de un espacio confortable o no, posibilidad de concentración o no a determinadas horas del día, etc.).