Los ciudadanos deben recuperen la confianza en los políticos”

Entrevista realizada por Gabriel Izard a Josep Piqué, Exministro de Asuntos Exteriores.

Hablamos con Josep Piqué con motivo de la publicación de su última obra: El mundo que nos viene. Usted, como dijo alguien una vez, ha venido para hablar de su libro. Pero su trayectoria política y su pasado como exministro de gobiernos del PP hacen inevitable la primera pregunta. ¿Qué le pareció la dimisión de Rajoy al frente del partido?

Rajoy perdió la moción de censura y tuvo que dejar la presidencia del Gobierno. A mí me pareció una buena decisión. Él manifestó que había que iniciar una nueva etapa y esta decisión es buena para todos y para él.

La llegada de Pedro Sánchez abre un nuevo capítulo en la política española. En el ámbito económico, ¿qué cree usted que puede aportar el nuevo Gobierno?

Yo no conozco personalmente a las nuevas ministras, pero he visto sus trayectorias profesionales y no creo que haya ninguna duda sobre su competencia y su profesionalidad. Ahora hay que esperar que hagan sus planteamientos políticos para el futuro y que expliquen el programa de gobierno que quieren implementar en sus ministerios. Como punto de partida es indiscutible que son dos personas competentes, formadas y con experiencia.

Por su labor como ministro de Exteriores durante el último mandato de Aznar, pero también como observador privilegiado que es, ¿qué aconsejaría al ministro, Josep Borrell?

Bueno, tengo una edad en la que es mejor no dar consejos, pero sí puedo hacer comentarios. Y es que tener al frente de este Ministerio a una persona que ha sido presidente del Parlamento Europeo y que ha tenido participación directa en los procesos de negociación europea es un plus, un activo muy importante de nuestra política exterior en unos momentos en los que Europa necesita impulso. Se necesita un gran impulso porque estamos en una encrucijada y con una crisis de identidad, con posiciones muy distintas en los estados miembros. En este contexto, una política muy decidida, positiva y proactiva por parte de España, puede ser más adecuada que nunca y Borrell tiene las capacidades para hacerlo.

¿Qué le ha impulsado a escribir El mundo que nos viene?

Tengo un especial interés por los temas geo-políticos. Hace ya algunos años publiqué un libro de divulgación sobre estos temas que se llamaba Cambio de era. Desde el anterior libro hasta ahora han ocurrido muchas cosas, como un nuevo presidente de los Estados Unidos, el Brexit, China, que se ha quitado la careta y tiene una política exterior muchísimo más agresiva, Rusia que invadió Ucrania y se ha anexionó Crimea, el estado islámico no existía, estábamos esperanzados con las primaveras árabes… Han pasado muchas cosas en estos últimos 5 años, sí, y esto es lo que me ha llevado a escribir este nuevo libro.

Usted habla de multipolaridad. ¿Cómo se puede definir este concepto?

En estos momentos la multipolaridad todavía no ha cuajado y estamos en un tiempo de confirmación de una nueva bipolaridad. La que vivimos en la segunda mitad del siglo XX era de Estados Unidos y la Unión Soviética. Eso desapareció con el fin de la Guerra Fría y algunos pensaron que se abría un mundo unipolar bajo la hegemonía de Estados Unidos. Pero no nos dimos cuenta que ese mundo tenía enemigos, sujetos políticos en combate con ese nuevo orden como el terrorismo islamista. Pero también China, que ha dicho expresamente que quiere ser el líder global en la mitad del siglo XXI.

¿El retorno de la historia?

Efectivamente, el equilibrio del terror y Guerra Fría era muy peligroso, pero era un mundo predecible y relativamente estable en la segunda mitad del siglo XX. Todo ello se desmorona con la caída del muro de Berlín y ahora estamos en la etapa de recomposición. El retorno de los imperios, como Rusia con su papel en Siria y Ucrania; Turquía (otomano), Irán (persa), India o México. En 2030 no habrá ningún país europeo en el G7, pero encontraremos a Brasil o México. El bipolarismo imperfecto que vemos se irá modelando en el tiempo hacia una multipolaridad porque todos esos nuevos actores querrán tener un papel en el nuevo escenario.

China como nueva potencia hegemónica. ¿Tendremos que aprender el mandarín?

Hay una consideración previa respecto a China, y es que ha sido el país más importante del mundo durante milenios hasta mediados del siglo XIX. China durante este corto periodo he dejado de ser una gran potencia, y ahora pretende volver a la historia. De hecho, están dando todos los pasos con una estrategia muy clara, recuperando el crecimiento económico y dotando de recursos a una gran parte de la población. Pero ahora ya están en una nueva fase. No es ya la fábrica del mundo, como se dice, pues la fábrica del mundo se está desplazando al sudeste asiático. China, en cambio, es una enorme potencia económica que va a disputar la primacía económica directamente a Estados Unidos. También en educación, tanto universitaria como en formación profesional. Están creando y atrayendo talento, invirtiendo muchísimo en este terreno porque saben que el futuro pasa por ganar la revolución digital. China lo ha interpretado de una manera muy precisa, muy clara y está actuando en ese sentido.

¿Qué consecuencias tiene el nuevo panorama geopolítico en Occidente?

Paradójicamente, la victoria de Occidente en la Guerra Fría abre un periodo de desoccidentalización del planeta, despertando potencialidades de países no occidentales que ahora están disputándonos el sitio. El declive relativo de Estados Unidos es cierto, pero no viene de ahora sino de varias décadas atrás y no es resultado del efecto Trump. La novedad actual con el “América First” es que vamos a hacer frente a la situación nosotros solos, y eso nos llevará por ejemplo a desentendernos de muchos temas del continente americano. El repliegue del mundo anglosajón debilita al conjunto de Occidente.

¿Vislumbra usted alguna oportunidad para las economías europeas?

Dependerá de lo que hagamos. Tenemos futuro si profundizamos en nuestro proyecto político. Eso quiere decir profundizar en la integración, no solo económica sino también política de la Unión Europea. Para que eso se produzca, hace falta que avancemos en varias direcciones. Por separado no vamos a ser relevantes en absoluto. El centro del mundo está ya muy lejos de aquí, en el estrecho de Malaca, en la conjunción entre el Índico y el Pacífico. Si no hay una reacción en la gobernanza de la unión monetaria, la unión fiscal, el euro, un presupuesto común, un fondo monetario europeo, un ministro de economía y finanzas europeo… Si no avanzamos en la Europa de la seguridad y la defensa y en una Europa con una clara política exterior común que incluya la defensa del libre comercio…

¿Seguiremos retrocediendo?

Lo más inquietante es que no hay actitudes homogéneas en Europa. Francia está teniendo una actitud con Macron muy proactiva, pero Alemania no acaba de acompañar, y el eje franco-alemán ha sido siempre sustancial para avanzar en la construcción europea. Además, países antiguamente europeístas como Holanda, ahora encabezan el euroescepticismo junto con los nórdicos o Irlanda. Los antiguos países satélites de la Unión Soviética, Polonia, Rumanía, Eslovaquia, y ahora también Eslovenia, tienen ahora una actitud contraria a cualquier cesión de soberanía. Además, nos encontramos con una Italia que tiene un gobierno claramente no pro europeo. Tenemos por lo tanto que pensar con mucha profundidad cuál es el papel de España. El proyecto de Europa interesa a todos los europeos ya que nació para superar la división, la guerra, superar la confrontación y los nacionalismos. Si para alguien es importante Europa es para España. Espero que el nuevo gobierno tenga una posición más positiva y pro-activa. Que no se limite solo a acompañar a lo que dice Francia o no enfadar a Alemania, sino que tenga una actitud más protagonista.

Habla usted en su libro del auge de los nacionalismos y los populismos tras la crisis económica. ¿Tienen el mismo origen?

Lo primero es hacer un diagnóstico correcto y entender por qué se producen esos fenómenos y ver cómo se identifican las causas. En este contexto debo subrayar la gran crisis económica que hemos sufrido durante una década de otoño del 2007 hasta prácticamente hace un año. Ahora Europa se está recuperando, aunque no del todo porque la crisis ha sido muy profunda. Esto ha generado un sentimiento antiglobalizador y desafección de los ciudadanos ante sus instituciones políticas porque han pensado que no daban respuestas adecuadas a estas situaciones tan complejas. Además, en Europa hemos tenido que digerir algo que no había y que ha sido un tanto pesado, como ha sido la integración de todos los países del Este. Mientras éramos primero 6, luego 9, 12, 15, era una entidad institucionalmente manejable. Con 28 miembros y con el Brexit 27, todo esto se ha hecho mucho más complejo. Analizar bien estas causas es muy importante para encontrar respuestas. Y las respuestas no pueden ser otras que reforzar el vínculo entre las instituciones y los ciudadanos, es decir, que los ciudadanos recuperen la confianza en sus responsables políticos. Para ello se necesita una lucha clara y decidida contra la corrupción, y también que los perdedores de este proceso no se sientan desatendidos, desarraigados. Deben ver que hay políticas inclusivas. Este reto lo tiene cualquier gobierno europeo: Francia, Alemania, España y el resto de países europeos.

Se dijo que el auge del independentismo acarrearía males mayores para Cataluña a nivel económico, sobre todo tras el cambio de sede social de las grandes empresas. Pero las cifras económicas parecen desmentirlo.

Que la economía catalana es fuerte es una evidencia. Y como la economía española y en particular la catalana son muy exportadoras, el resultado es muy positivo. Pero que el Govern catalán diga que tener o no tener sedes de grandes empresas y entidades financieras es indiferente es desconocer absolutamente las lecciones de la economía y del poder. No se nota de un día para el otro, pero se acaba notando a medio y largo plazo. De la misma manera que la actividad económica siga potente, las inversiones tienen mucho que ver con la capacidad de crecimiento en el futuro. Es evidente que la actitud que hay ahora en cuanto a desarrollar grandes inversiones es de esperar y ver. Puede haber algunas excepciones muy meritorias, pero en general la actitud de los agentes económicos internos y externos en Cataluña es que mientras siga la situación de incertidumbre hay muchos lugares en el mundo en donde poder invertir y hacerlo sin tantos problemas. Lamentablemente si esto no se reconduce, los catalanes lo vamos a notar en el medio plazo.

¿Cuál ha de ser ahora la política correcta para Cataluña? El Cercle d’Economia, que usted presidió, ha propuesto reformar la Constitución para mejorar el autogobierno.

El Cercle d’Economia tiene una larga historia. A lo largo de 60 años ha intentado hacer aportaciones positivas al debate público. Este es un papel propio de una entidad relevante de la sociedad civil que además ha sabido mantener su independencia de los poderes públicos nacional, autonómico, local. Eso le da notoriedad y que la entidad sea potente. Esta contribución reciente ha sido acogida bien por algunos y mal por otros. Otros, entre los que me incluyo, tenemos muchos matices aunque yo me quedo con la contribución al debate. Llevamos demasiado tiempo situados en compartimentos estancos, de manera que no hay comunicación, como hemos visto en las últimas elecciones autonómicas en las que se ha visto que no hay trasvase de votos entre los dos grandes bloques: el constitucionalista y el independentista. Eso quiere decir que la sociedad está profundamente dividida y todo lo que contribuya por lo menos a que haya propuestas encima de la mesa para debatirlas es positivo.

Para finalizar, ¿se sentiría tentado de nuevo por la política? Se llegó a hablar de usted cuando se fue Luis de Guindos…

En esto momento de mi vida, puedo justificar que he dedicado bastantes años al mundo público, aunque la política es algo que se inculca desde que uno es pequeñito. Yo dejé la actividad política pero no he dejado la política porque me sigue apasionando y creo además que se pueden hacer contribuciones, opinando, escribiendo libros, en actividades como el Cercle d’Economia cuando lo presidí. Pero volviendo a su pregunta, no tengo ningún interés en volver a la actividad política, aunque voy a seguir apasionado por los temas políticos y voy explicar mis opiniones hasta que me muera.