La práctica totalidad de fracturas y ceses dentro de las empresas familiares se debe a una mala comunicación entre sus miembros.

Autora: Núria Vilanova, Presidenta de ATREVIA

Las empresas familiares, sólo por el hecho de serlo, gozan de una ventaja competitiva. En Cataluña, más del 88% de las empresas son familiares. Estas aportan un 69% del valor agregado bruto (VAB) y dan empleo a uno de cada cuatro catalanes. Además, generan mucho mercado interno pues, de media, el 80% de su facturación se genera en España, ya sea en la misma Cataluña, ya sea en otras Comunidades Autónomas. Más del 40% de organizaciones que componen el Instituto de la Empresa Familiar son catalanas.

Con estos datos, amén de una larga tradición de sagas emprendedoras, podemos decir que el espíritu de la empresa catalana es eminentemente familiar y que todas esas familias que sacan adelante su organización juegan con conciencia el papel que les toca. No en vano, durante los duros embates de la recesión económica que ha vapuleado nuestra economía durante cerca de un decenio, de una forma que no tenía precedentes, han sido las empresas familiares, sobre todo las catalanas, las que han demostrado ser las más comprometidas con el empleo, logrando retener más puestos de trabajo que otras compañías no familiares.

Esto, además, en un ámbito trufado de dificultades que comprometen la competitividad y el desarrollo de las compañías familiares, desde el elevado coste energético hasta cargas impositivas que las relegan a procurar contar con las mínimas plantillas. No es difícil, así, que sólo el 15% de empresas familiares llegue a la tercera generación.

Y, aún y así, la empresa familiar catalana logra mantenerse a flote y, en algunos casos, experimentar un extraordinario crecimiento. Y el secreto, la llave de la supervivencia y del éxito, es la buena comunicación entre los miembros de estos núcleos emprendedores.

Involucrar y apasionar

Desde Atrevia, la agencia de comunicación que presido, hemos trabajado durante nuestros cerca de treinta años con muchísimas empresas familiares. Les ayudamos en su estrategia de comunicación, en los procesos de comunicación interna y en su posicionamiento en las redes sociales. Sin embargo, nos percatamos de que este aporte no evitaba que surgieran problemas en el seno de la familia que conllevaban a la fractura de las relaciones familiares o al cese de la empresa.

Por este motivo, y habida cuenta de que la nuestra es, también, una empresa familiar, tomamos la decisión de estudiar en profundidad como es el proceso de comunicación dentro de la familia empresaria.

Así, detectamos que la práctica totalidad de fracturas y ceses dentro de estas organizaciones se debían a una mala comunicación entre sus miembros que, por falta de protocolos claros, capaces de anticipar conflictos, afectaban negativamente a la empresa. Vimos que mejorar este aspecto es primordial para apuntalar las fortalezas de estas empresas y sacar partido a esa competitividad que llevan inscrita en su ADN.

Tal y como se pone de manifiesto en el libro La esencia de la empresa familiar. Valores y comunicación, que acabo de publicar con Plataforma Empresa, y en el que he contado con la colaboración de más de 50 empresarios familiares en España y Latinoamérica, el secreto del éxito de muchas familias que han emprendido se halla en la buena gestión de la comunicación y en conseguir superar el doble reto de mantener la familia unida y asegurar la continuidad de la compañía.

Quiero poner de manifiesto que, para la elaboración del libro, he tenido el placer de dialogar con más de 50 empresarios de 18 países, como las lideradas por las familias Slim, Servitje, Motta, Luksic, Sarmiento, Gilinski, Benavides, Vicini o Pascual.

La empresa catalana

En el caso concreto de Cataluña, hay nombres, como los de Francesc Rubiralta (Celsa), Mar Raventós (Codorniú), Mariano Puig Planas (Exea Empresarial), Eulàlia Planes (Fluidra), o Miguel Torres (Bodegas Torres), que corroboran, día tras día, a través de sus éxitos y su aversión a las comodidades de la autocomplacencia, que la base de un crecimiento sólido reside en la capacidad de involucrar a los miembros de la familia y que éstos, sobre todo cuando heredan empresas, mantengan viva la llama de la ilusión que su fundador depositó en crearla. Liderazgo, valores fuertes y comunicación en la familia, en suma.

A partir de estos tres patrones, todos los citados tienen en común la prioridad de mantener vivo el latido del espíritu emprendedor dentro de la organización: dinamitar el confort, la pereza y el estatus quo para aportar la frescura y el compromiso de volver a empezar a diario.

Para que ello sea posible, sí necesitamos, ahora más que nunca, y hablando no sólo como analista de los procesos de comunicación dentro de la empresa familiar, sino como emprendedora de este tipo de organización, apoyo institucional. Que se potencie la formación profesional dual para mermar el paro juvenil generando ecosistemas donde coexistan, en un win-win, organizaciones, administraciones y centros de formación.

Otro asunto de máxima urgencia es el de la digitalización que sigue siendo un reto para las empresas españolas, aunque Cataluña sea la comunidad mejor posicionada de todas, gracias a la conspicua actividad de empresas tecnológicas que se desarrolla alrededor de la presencia del Mobile World Congress en Barcelona. Aun así, consultando el reciente estudio “España 4.0, el reto de la transformación digital de la economía”, únicamente el 38% de organizaciones españolas tiene una estrategia digital, sólo el 16% de las pymes dispone de un canal de venta digital y el 21% está presente en redes sociales.

La empresa familiar catalana, ahora más que nunca, tiene que apostar por su progresiva digitalización y caminar hacia la industria 4.0 que prevé que, para los próximos tres años, el 80% de empresas europeas experimente un proceso de transformación digital. No adaptarnos a ese contexto es perder competitividad en un mercado que se va globalizando irreversiblemente.

Cuando los problemas no se solucionan

El fundador de una empresa familiar quiere que la familia continúe unida y que la empresa siga adelante por el impacto que tiene en la sociedad porque crea empleos, innova y hace crecer la economía del país y, a la vez, mantiene estrechados los vínculos de la familia. Pero a veces los sueños de los empresarios fundadores no se cumplen, por ello, cuando se llega a ese punto en que la empresa ya no une, es preferible vender.

A veces hay que decidir entre qué es lo primero: ¿la familia o la empresa? Y si llega el momento en que no toda la familia esté apasionadamente involucrada en el proyecto de hacer crecer la organización sólo hay dos opciones: vender la compañía o que la empresa sea lo suficientemente sana, financieramente hablando, para poder comprar las participaciones accionariales de las partes que desean vender.

Ese momento puede ser propicio para dar entrada a los fondos de inversión que pueden ser grandes aliados ya que entran durante un tiempo, comprando esa parte del accionariado, lo que ayuda a que la empresa crezca. Más tarde esa compañía sale a bolsa o se recompra la parte que habían adquirido.

La entrada de estos inversores privados, ajenos al núcleo fundador, ha dado excelentes resultados en casos como El Ganso, Pronovias o Cortefiel.