La mayoría de robos de menos de 400 euros en supermercados y pequeñas tiendas son llevados a cabo por ladrones profesionales.

Texto de Guillem Tapia

El de los hurtos y los a veces mal llamados “pequeños delitos” es una lacra que

hace muchos años que dura y que, al contrario de lo que puede parecer, no es cíclica. Hay cierta tendencia a pensar que los ro- bos de poco valor, como los que se producen en los supermerca- dos, experimentan un repunte en los periodos de crisis en los que las personas más vulnera- bles pueden verse empujadas a cometer sustracciones para cu- brir sus necesidades básicas. La realidad, sin embargo, es que los hurtos que se llevan a cabo para cubrir primeras necesidades son una minoría, y los robos que se producen sistemáticamente en el comercio minorista son come- tidos por individuos de un perfil que dista mucho del de una per- sona en apuros económicos.

Los responsables de la ma- yoría de las sustracciones que se producen tanto en peque- ñas tiendas de barrio como en los establecimientos de la gran distribución son delincuentes profesionales que conocen a la perfección la laxitud de las pe- nas que se aplican a los robos sin violencia por valor de me- nos de 400 euros y aprovechan esta circunstancia para conver- tir el hurto en su modus vivendi. Un estudio de AECOC de 2018, elaborado en colaboración la consultora EY, señalaba que los productos de alimentación es- trella a la hora de ser sisados de los lineales de los súper son las botellas de alcohol, los embuti- dos, los aperitivos y las latas de conservas. Estos productos tie- nen algo en común: todos ellos son fáciles de colocar en el mer- cado negro. Una prueba bastan- te elocuente de que la verdadera motivación de estos ladrones es lucrarse, no subsistir.

UN FENÓMENO ENQUISTADO

Entre 2014 y 2018 los hurtos se han mantenido estables en una cifra que ha oscilado entre las 727.000 y las 706.000 denun- cias anuales entre el primer y el último ejercicio de este periodo. Cuando se publiquen los datos del año 2020 quizás sí se aprecien algunas variaciones significati- vas. Los meses de confinamien- to estricto debido a la pandemia de la Covid-19 –que estuvieron acompañados por un gran des- pliegue policial en las calles y una mayor presencia de seguridad privada en los supermercados– disuadieron a los ladrones du- rante algunas semanas. Una vez se recuperó una cierta normali- dad, en tanto que se suprimieron las restricciones de movilidad, los robos volvieron a los mismos ni- veles que antes de que se iniciara la crisis del coronavirus.

El ciclo económico no tiene una gran incidencia en la evo- lución de los hurtos en nuestro país. Sin embargo, sí ha tenido una gran repercusión en este tipo de criminalidad los cambios en el código penal del último lustro. En 2015 se dio un paso impor- tante para tratar de combatir la multirreincidencia delictiva pro- fesional. Ese año se llevó a cabo una reforma del código penal que elevaba los hurtos reiterados por valor de menos de 400 euros de faltas a delitos leves. Esta modi- ficación abrió la puerta a que las personas que fueran condenadas en sentencia firme por al menos 3 delitos leves se enfrentaran a una

pena de 1 a 3 años en prisión, con el importante efecto disuasorio que eso supuso para la delincuen- cia. La mayor severidad de las pe- nas se acompañó de la creación de nuevos juzgados y la utilización de los juicios inmediatos para de- litos leves. El resultado fue que se dictaron 300 sentencias de prisión (delito grave) por acumulación de delitos leves en 2 años y se redu- jeron sobremanera los juicios por hurtos que quedaron en suspen- sión, pasando de 91.000 en 2015 a 54.000 en 2016.

Sin embargo, esta situación vivió un vuelco en 2017, cuando el Tribunal Supremo (TS) exclu- yó del Código Penal el tipo agra- vado de hurto por reincidencia de delitos leves al considerar que las penas eran desproporcionadas. Esto, en la práctica, ha supuesto que los profesionales de los robos sin violencia dejen de percibir la prisión como una amenaza real y su mayor preocupación sean las multas. “Algunos ladrones profe- sionales prefieren pagar la multa para quedar limpios y no buscar- se más problemas con la justicia, pero la mayoría simplemente no las pagan. Muchas veces las san- ciones son imposibles de notificar porque los infractores no tienen domicilio conocido o, directa- mente, se declaran insolventes y no las abonan. En cualquier caso, las sanciones actuales no tienen ningún efecto disuasorio sobre los ladrones de oficio”, señala el responsable de seguridad de una de las grandes cadenas de distri- bución españolas.

PÉRDIDAS DE 1.800 MILLONES

Un estudio elaborado por la Con- federación Española de Organi- zaciones Empresariales (CEOE) que se publicó en 2019 señala que los robos en establecimientos minoristas suponen unas pérdi- das para este tipo de empresas de 1.800 millones al año, o lo que

es lo mismo, un agujero del 1% en la facturación anual. El mis- mo informe cifra en 300 millones anuales el dinero que las diferen- tes Administraciones destinan a procedimientos infructuosos que no consiguen exigir responsabi- lidades de ningún tipo a los in- fractores de los hurtos.

“Es manifiesto el desgaste que supone tanto para los cuerpos policiales como para los profe- sionales de la Justicia el hecho de que la reincidencia no tenga una respuesta ajustada a su realidad delincuencial”, señalan desde la CEOE. La asociación empresarial también destaca que la reforma del Código Penal de 2015 iba en la buena dirección para “solucionar la multirreincidencia y poner en mayores dificultades a las perso- nas que hacen del hurto su modo de vida”, pero lamenta que tras la sentencia TS se “vuelve al punto de partida y el problema social continúa”.

La necesidad de elevar la se- veridad de las penas para los ladrones multirreincidentes no es una demanda exclusiva de la patronal española. Hace un año –en el contexto del repunte de la inseguridad en la ciudad de Barcelona que se vivió en el ve- rano de 2019– la Asociación de Fiscales alertó de que las he- rramientas de las que disponen para combatir los hurtos son “escasas y poco disuasorias”. Su receta para poner fin a esta lacra social (como el comercio, víctimas del hurto podemos ser todos: un domicilio particular, un turista, cualquier ciudadano) pasa por una reforma del Código Penal y la Ley de Enjuiciamen- to Criminal que endurezca las penas. De esta forma, la asocia- ción profesional asegura que se conseguiría un efecto de pre- vención general para aplacar el incremento de los delitos leves de hurto.