“Esta crisis ha inyectado ingenio creativo para años”

Por Anna León

Arquitecto, escritor y humanista. Juli Capella, conocido por proyectos como Can Zam, Heron City y los hoteles Omm y Diagonal Barcelona, es uno de los principales divulgadores de la cultura del diseño de los años 80. Autor de libros como Diseño de arquitectos en los 80; Arquitectura en Cataluña: la era democrática y Arquitecturas diminutas, Capella compagina la dirección de su estudio con la publicación de columnas sobre arquitectura y urbanismo. Descubrimos su vertiente más crítica tras la crisis del Covid-19.

Durante el confinamiento, vimos cómo terrazas, balcones y ventanas se han convertido en el vínculo de mucha gente con el exterior. ¿Cómo lo ha vivido usted?

Los ciudadanos han sabido rediseñar los espacios y utilizarlos con imaginación. Y las historias humanas han sido lo más valioso de esta pandemia. La gestión pública, en cambio, ha sido bastante deplorable. Yo espero que cambien algunas ordenanzas que garanticen viviendas más saludables y dignas, y ciudades más equilibradas y verdes. 

¿Hasta qué punto una pandemia como el Covid-19 puede ser fuente de inspiración?

Desde luego se ha producido una inyección adrenalínica de ingenio creativo que durará años. Van a desarrollarse productos para la salud, nuevos materiales, dispositivos electrónicos. Y observaremos un repunte de la autofabricación y el abastecimiento local de productos.

¿A usted qué le gustaría diseñar?

El hecho de diseñar un objeto es una gozada. Para mí supone jugar a ser demiurgo. La cuestión es si eliges construir chalets, oficinas, discotecas u hospitales, si esbozas un corazón artificial o inventas una jeringuilla de un solo uso que salva vidas. Frecuentemente, sin embargo, el diseñador invierte su talento en banalidades. ¿De verdad hace falta un nuevo modelo de silla, por ejemplo? A mí me encantaría poder proyectar sillas que curasen la artrosis o coches que no llegaran a chocar.

Los expertos ya dan pistas acerca de cómo serán las ciudades post Covid-19. ¿Qué pueden aportar la arquitectura, el urbanismo y el diseño?

Los expertos me dan mucho miedo. Se creen que lo saben todo y, por lo tanto, repiten lo que ya saben. Ya lo decía Frank Lloyd Wright: “El experto es aquel que ha dejado de pensar: sabe”. Yo creo más en los soñadores, intuitivos, imaginativos y arriesgados. Y de esta índole hay un buen puñado ejerciendo de arquitectos y diseñadores. La forma de conseguir esas mejoras radica en que el cliente –sea un empresario o la propia administración– apueste por añadir estas innovaciones en los nuevos proyectos. Para mí, el urbanismo, la arquitectura, el interiorismo y el diseño de productos son lo mismo, únicamente cambia la escala. Todas esas disciplinas tratan de organizar y mejorar el entorno material que nos rodea, además de facilitar nuestro día a día sin perjudicar al planeta. Así de simple y complejo. No quiero exagerar, pero creo, firmemente, que el diseño –el buen diseño– salvará el mundo.

¿Qué opina de Barcelona? ¿Cree que evoluciona en la buena dirección?

Creo que Barcelona es una ciudad fantástica y potente, pero sufre una fuerte presión mercantilista. Presión que se debe corregir, si se quiere conservar su esencia y humanidad. La Ciudad Condal me recuerda esta frase del geógrafo David Harvey: “En la actualidad ya no construimos las urbes para que la gente viva, sino para que se invierta en ellas”. Se debería trabajar para lograr una buena colaboración entre los sectores público y privado, orquestada por el primero, siguiendo reglas simples y claras y reduciendo la asfixiante burocracia. Asimismo, se debería apoyar y potenciar la regeneración de los barrios, buscando un equilibrio: centralizar es un error, como se ha podido ver. Todo ello con ilusión, pasión y cabeza (seny). Es decir, a la barcelonesa. 

En este sentido, ¿dónde queda el concepto smart city?

El concepto de ciudad inteligente siempre me pareció algo tonto. Cómo se puede calificar de smart building a un edificio inteligente al que, simplemente, le han añadido sistemas de domótica. O calificar la arquitectura de sostenible. ¿Es qué puede ser de otra forma? ¿Es que alguna ciudad quiere ser tonta? Entiendo a qué se refieren con ese mantra, pero esa ambigüedad tecnocrática no me convence. Una ciudad muy avanzada, desde el punto de vista tecnológico, puede ser positiva o una fuente de problemas: controles que limiten el derecho a la intimidad, fomento de las desigualdades sociales, etc. El big data y las nuevas tecnologías no son neutros y se deben usar con ciertos propósitos, preferentemente sociales. Lo demás es humo engañabobos de políticos demagogos. ¿Por qué nadie habla de good city o fair city? Para mí una ciudad buena o justa es mejor que otra muy lista.

Se calcula que la mitad del país, más o menos, ha teletrabajado durante estos tres meses de confinamiento. Más allá de llevar mascarilla, utilizar gel hidroalcohólico y evitar zonas comunes, ¿qué va a cambiar?

De repente, nos hemos dado cuenta de que dedicar horas a desplazarnos, contaminando cada vez más, es bastante absurdo. Y que organizar y participar en un montón de reuniones representa una pérdida de tiempo. Y que viajar de Barcelona a Madrid para acudir a una cita de una hora, perdiendo todo un día, acaba siendo un despropósito. Las oficinas van a ser más ambiguas, intermitentes y confortables y, en paralelo, seguirá aumentando el teletrabajo doméstico. Aun así, deberíamos tener cuidado y no convertir nuestra casa en un infierno laboral. Creo que separar el lugar de trabajo del hogar es algo sano. En primer lugar, para cambiar de escenario, desplazarse y caminar. En segundo lugar, para no mezclar dos actividades que se pueden llegar a perjudicar.

¿Y el hogar del futuro? Nos lo podemos imaginar esterilizado y habilitado con los últimos avances en domótica. ¿Nos veremos obligados a vivir en hogares asépticos, más fríos y menos acogedores?

En nuestras manos está que esos nuevos hogares que ahora se configuran sean más cálidos, acogedores y sanos. El hecho de extremar medidas higiénicas no condiciona una estética fría. Ese es el imaginario colectivo imbuido por películas de ciencia ficción tipo 2001 Una odisea del espacio, pero también está el futuro tipo Blade Runner u otro entremedio que queramos perseguir. Tal y como lo veo, no creo que la mejora de las condiciones de la vivienda sea incompatible con más y mejor espacio público. Al contrario, cuanto más tiempo pasas encerrado en casa, más valoras salir a disfrutar del exterior. Por lo tanto, la casa será de mayor calidad, más afable y amigable para así contrarrestar un posible peligro; y la calle más limpia, equipada y deseada. Hogar y ciudad son una especie de yin-yang indisoluble del bienestar.

La pandemia ha hecho tocar fondo a varios sectores económicos, siendo la hostelería y la restauración uno de los más afectados. ¿Qué cambios implicará el Covid en el sector?

En España tenemos 15.000 hoteles, el doble que Italia y el triple que Francia. También contamos con más de 80.000 restaurantes de los que 4.000 se consideran gastronómicos, según Ferran Adrià, que atraen a un 15% del turismo que viene a deleitarse con nuestra cocina. Y más de 180.000 bares con tapeo incluido. Somos una potencia brutal en hostelería y restauración, donde dejamos constancia de la calidad y la innovación que podemos ofrecer. Desgraciadamente, muchos establecimientos deberán cerrar, otros reconvertirse, y los más nuevos adaptarse a la era post Covid. Sin duda, estos últimos serán los que tengan más éxito, ya que la gente es muy curiosa de por sí. Se extenderá el delivery, el take away y los catering, pero los locales no variarán mucho en su interior. En mi opinión, ganarán mercado los restaurantes sanos, con alma, que inspiren confianza y sean asépticos sin necesidad de gritarlo a los cuatro vientos. Estoy convencido de que el hecho de no depender tanto del turismo extranjero tiene aspectos positivos. Como cuidar más al cliente local. En la Rambla parece que se han dado cuenta y se están reinventando.

Decía Einstein que la crisis “es la mejor bendición para las personas y los países, porque trae progresos”. ¿Está de acuerdo con esta visión?

No estar de acuerdo con el genial Einstein se puede considerar anatema. Sin embargo, esta crisis no me parece ninguna bendición. Lamento que mucha gente haya contraído la enfermedad y no la haya podido superar. Pero lo importante es saber si esos progresos que trae la crisis, guerra o depresión, llegarán solo a unas cuantas personas como suele suceder. O en caso contrario, decidimos viajar todos en el mismo barco y aprovechar los avances para llegar a un mismo puerto. Hasta la fecha, las crisis han acrecentado aún más las distancias sociales. Mal asunto: me parece que no avanzamos; más bien retrocedemos.

Por último, ¿qué es la “nueva normalidad” para Juli Capella? ¿Cómo nos aconseja afrontar esta etapa?

Estoy mosqueado con eso de la “nueva normalidad”, porque no dejará de ser la situación injusta y desequilibrada de antes y siempre. Yo no quiero volver a lo que había, porque para mí era un contexto algo anormal. Ya que lo hemos parado todo, dando lugar a esta crisis, aprovechemos para cambiar hacia un panorama algo mejor. Yo preferiría una etapa de reequilibrio y sosiego, en lugar de volver al mismo ritmo frenético de antes. Todo el día corriendo para ir a ningún lado. Creo que esta vez todos podemos hacer algo con nuestra actitud, cada uno en su pequeña parcela laboral. Lo vamos a hacer mejor, buscando un modo de vida súper normal. Pero no me atrevo a dar consejos, solo sirven para “pasárselos a los demás”, como decía Oscar Wilde.