El sector innova investigando fármacos pero también con el desarrollo de servicios que generan nuevos ingresos en torno al paciente y sus patologías.

Texto de Laura Marín, consultora en comunicación especializada en estrategia y contenido digital.

El sector farmacéutico ha sido, desde el inicio de esta crisis sanitaria provocada por la COVID-19, uno de los sectores esenciales. ¿Significa esto que se ha librado de sufrir las consecuencias de esta pandemia? A pesar de lo que podamos pensar, no del todo. Factores como las dificultades en el abastecimiento de materias primas, la ralentización de los procesos de investigación y desarrollo, la complejidad de llegar a los pacientes y la paralización en las acciones de venta, entre otros, han supuesto retos que, sumados a los cambios en la industria y los consumidores que ya se venían dando anteriormente, reflejan que la nueva realidad de este sector será también muy diferente a la anterior de la crisis y exigirá una transformación de las compañías farmacéuticas en toda su cadena.

Pero, empecemos por el principio: ¿qué significa innovar en el sector farmacéutico? En este punto, “es importante no confundir innovar con inventar o mejorar. Inventar es crear algo nuevo que antes no existía, mientras que mejorar sería obtener un resultado igual con menos recursos. En cambio, un proceso de innovación puede ser sobre algo ya existente y supone enfrentarte a un problema con una visión diferente, donde el resultado suponga una mejora competitiva respecto a tu competencia”, explica Valero Pallàs, director general de Ecoceutics. “Según la Real Academia Española (RAE), innovar es mudar o alterar algo, introduciendo novedades. Personalmente me gusta definir innovación como un logro atribuido orgánicamente por parte de la sociedad. Porque, ¿de qué sirve innovar si tus clientes no perciben el valor de esa innovación?”, añade Pallàs.

Y esa percepción del cliente puede darse desde un abanico muy grande: “innovar puede ser algo tan sencillo como hacer las cosas de siempre de manera diferente: desde la comunicación, la visita médica, la relación de las farmacias con el cliente…”, remarca Inma Riu, fundadora y CEO de Farmaschool y Saludability. Pero también puede ser algo tan complicado como salvar vidas, solucionar enfermedades y mejorar la calidad de vida: “entre 1986 y el año 2000 el aumento total de la esperanza de vida media en el mundo fue de 1,96 años, de los que 40% se debió exclusivamente a la eficacia de los nuevos medicamentos que aparecieron en ese periodo de tiempo”, escribía Humberto Arnés, director general de Farmaindustria en la revista Medicina general y de familia.

En este contexto, el tipo de innovación también es muy variado en toda la cadena. “Por lo que respecta a la industria farmacéutica general, se debe destacar toda la innovación farmacológica que realizan los laboratorios de manera constante y continua, pues está en su ADN, así como el lanzamiento de nuevos principios activos y tratamientos, como puede ser la creación de la vacuna contra la COVID-19”, comenta el director general de Ecoceutics.

Quizás esa carrera por encontrar una vacuna y otros tratamientos contra el coronavirus ha servido para poner todavía más de relieve la prioridad de la innovación para la industria farmacéutica. Y esa prioridad la reflejan los datos el estudio de PwC, que afirma que el 58% de directivos del sector farmacéutico creen que la innovación es esencial para su negocio, sea ligada a la investigación tradicional de nuevos fármacos o al desarrollo de servicios que generen nuevos ingresos en torno al paciente y al tratamiento de sus patologías. El propio informe de PwC apunta a tres palancas determinantes para hacer que esa innovación suponga una ventaja competitiva para una organización:

– Agilizar el paso de las ideas al mercado.

– Hacer eficiente la apertura a la colaboración externa.

– Aprovechar integralmente las capacidades de innovación internas.

Respecto al segundo y tercer punto, la encuesta de PwC revela que el 90% de la industria farmacéutica contempla con buenos ojos buscar partners y colaboradores externos que permitan incrementar su capacidad innovadora, así como extender la participación en ella a todos sus empleados. Y el ejemplo de las ventajas de esas colaboraciones lo encontramos también en la investigación conjunta de una vacuna entre Sanofi y GSK o el test preliminar de cuatro candidatos vacunales por parte de Pfizer junto a la firma BioNTech.

Innovación corporativa

En este contexto, quizás una de las colaboraciones que más están explotando los gigantes del sector es con las startups o proyectos en fases más iniciales. “El acercamiento de las grandes corporaciones hacia las empresas de nueva creación surge de la necesidad de conjugar la capacidad de innovación disruptiva de productos y servicios, cada vez más extendida en las startups”, exponía Gemma Estrada, directora de salud digital y tecnología de Ferrer, en unas declaraciones al diario económico del negocio de la salud PlantaDoce.

Estrada apuntaba que el driver básico del proceso reside en el propio cambio que sufre el modelo de negocio actual. “Los pacientes desean tomar el control de la gestión de su salud y las herramientas que lo permiten están al alcance de todo el mundo”, remarcaba. Miquel Martí, consejero delegado de Barcelona Tech City, complementaba estas declaraciones: “Las farmacéuticas tienen muy claro que su futuro pasa por el big data y la inteligencia artificial. Es por este motivo que las grandes compañías tienen la necesidad de complementar su core business con activos que vayan más allá del desarrollo de medicamentos”.

¿Cómo lo consiguen? Se han desarrollado diferentes vías, entre ellas la colaboración con hubs digitales y tecnológicos como Barcelona Tech City, la implementación de programas de aceleración propios o la colaboración con programas de terceros. Entre estos últimos encontramos ejemplos como:

Grant 4 Apps: iniciativa lanzada por el laboratorio Bayer. El programa se inició en 2013 en Berlín, y en Barcelona lanzaron su primera edición en septiembre de 2015.

Health-U: programa de Sanofi dirigido a ayudar al desarrollo de startups con soluciones innovadoras en salud.

Novartis Cancer Startup Program: reto de innovación para startups “HealthTech” enfocadas en el cuidado del paciente con cáncer.

S2B Health & Care: con foco en startups innovadoras y de base tecnológica en el ámbito de la salud y la atención, está impulsado por Fundación Ship2B y cuenta con DKV Seguros, Cofares, Fundación Once y BStartup como partners.

Emprende InHealth: programa impulsado por UnLimited y Lilly que permite a las startups crecer más rápido gracias a conocimientos y experiencias que acompañarán a los participantes en su camino como emprendedor.

La mayoría de estos ejemplos tiene en común la colaboración con startups y, por tanto, la tecnología. En salud, tecnología es equivalente a mejorar la calidad de vida del paciente y mejora de los procesos internos. Y está revolucionando el concepto de medicina que conocíamos hasta ahora, sobre todo después de la crisis del coronavirus. Tal como apunta Begoña Fuente, healthcare manager de Minsait, “la llegada de la digitalización y el uso de tecnologías como respuesta ante la crisis se han hecho visibles en tres tendencias tecnológicas principales”:

– Digitalización/virtualización de consultas: reduce la probabilidad de contagio y asegura la calidad del servicio a los pacientes.

– Creación de apps y chatbots: ayudan a la detección de casos y mejoran la respuesta del sistema en cuanto a la información que se le proporciona a la población.

– Uso de la inteligencia artificial: un uso ético de tecnologías como el machine learning y big data permiten procesar volúmenes de datos, consiguiendo acelerar el diagnóstico y potenciar la medicina personalizada.

Tecnología en la farmacia

Esa tecnología no solo se ha aplicado en grandes corporaciones, startups, hospitales o centros de investigación, sino que se ha colado también en las farmacias. “Las tecnologías son necesarias y son precisamente estas las que nos posibilitan la forma de hacer farmacia, porque la sociedad ha cambiado y quiere que su farmacia esté adaptada”, explicaba Carlos González, vicepresidente de CEIM en el IV Encuentro de Asefarma. Además, “entendemos que las nuevas tecnologías pueden ayudar a optimizar nuestro tiempo, a agilizar procesos productivos de poco valor añadido y que podamos dedicarle el tiempo necesario al verdadero valor de la farmacia, que es la atención al cliente o paciente”, añadía Carlos García-Mauriño, socio fundador de Asefarma.

“En la oficina de farmacia estamos viendo una diferenciación grande entre la que apuesta por la tecnología y la digitalización versus la farmacia más tradicional. Nuestra misión es hacer una mejor farmacia a través del conocimiento, de la patología, de los productos, de la gestión, del mundo digital, etc. Esto se traduce en una mejor percepción de la farmacia y eso es positivo tanto para el paciente, el consumidor, el laboratorio y el sistema de salud. Por ejemplo, si la farmacia está al día de la categoría patología de piel, podrá hacer mejor análisis, saber cómo puede ayudar al paciente, recomendar mejor, evitar pedir visita al médico del centro de salud y evitar colapsar más las visitas a los médicos“, explica Inma Riu.

“Nuestra innovación ha sido muy clásica: preguntar más y mejor a las farmacias, descubrir nuevas necesidades, crear una comunidad muy fuerte y reforzar las ganas de ser mejores a nivel profesional. Todo esto de una manera muy útil y práctica y de la mano de los mejores profesionales”, añade. Y, por supuesto, la tecnología “ha sido la clave por la que hemos podido llevarlo a cabo. Sin tecnología, sin automatización, sin identificación de las necesidades, sin comunicación digital, esto no hubiera podido llevarse a cabo. Estamos 100% dedicados a encontrar herramientas útiles y que nos ayuden a crecer cada día”, concluye.

Por su parte, Valero Pallàs, director general de Ecoceutics, refuerza esa idea: “La transformación empieza con la digitalización y para digitalizarse hace falta el uso intensivo de la tecnología. Es básico utilizar la tecnología para ser más productivo, eliminando todas aquellas tareas que te alejan de tu razón de ser. ¿Y qué implica ser más productivo? Hacer más con menos. Esta ha sido nuestra obsesión desde 2016, hacer uso de la tecnología para automatizar todos los procesos del back office de la farmacia”. “Nuestras farmacias, por poner varios ejemplos a nivel de back office, utilizan herramientas digitales que automatizan desde la realización de pedidos diarios, pasando por la clasificación diaria de productos por familia, hasta la fijación de máximos y mínimos en todos y cada uno de los productos. Respecto al front office, nuestra tarjeta cliente está integrada totalmente en el ERP de la farmacia, con lo cual, todo el proceso de alta, generación de puntos y relación con el cliente esta automatizado. A su vez, próximamente lanzaremos una APP que acercará aún más a las farmacias a sus pacientes-clientes”, complementa Pallàs.

Otro punto destacado en la farmacia es el uso de los datos: “Creemos firmemente que sin datos no es posible construir un futuro, todo lo que no es medible, no existe”, reclama Pallàs. “Con ellos y una correspondiente interpretación objetiva de los mismos es cuando podemos realizar un análisis de una situación, a partir de aquí crear una estrategia y después construir una táctica. Como cualquier empresa o sector, el farmacéutico no solo deberá contar con datos, sino que deberá tener la capacidad de poseer sistemas que les permita un análisis de los mismos, para una mejor toma de decisiones. A su vez, tomar decisiones basadas en datos supone un ahorro de costes importante, pongo un ejemplo: ¿cuándo debes realizar las compras o debes fijar el número máximo o mínimo de unidades de un producto, es mejor basarse en la intuición o en datos objetivos y patrones de consumo de tus pacientes? Los datos son ya el petróleo del presente”, añade.

Inversión en salud

Todo este proceso transformador, sumado al impulso vivido durante la pandemia, aumenta el potencial del sector y da entrada a nuevos inversores. “Las compañías españolas de salud han continuado cerrando rondas de financiación y ampliaciones de capital con un respaldo mayoritario de fondos de inversión y gestores de capital riesgo nacionales, pero también con una participación creciente de actores internacionales. El importe de las rondas de las empresas españolas de la salud superó los 140 millones de euros hasta noviembre de 2020”, según los datos recogidos por PlantaDoce.

También crece la inversión en investigación y desarrollo de medicamentos de la industria farmacéutica en España, que alcanzó los 1.211 millones de euros en 2019, con un crecimiento del 5,2% respeto al año anterior. “Creemos que la inversión privada se va a ver incrementada de manera sustancial; ya podemos ver ejemplos claros en el ecosistema startup de Barcelona con la creación de proyectos relacionados con el sector salud, con rondas de financiación muy interesantes. Nuestra visión es que este interés por el sector no va a decaer, todo lo contrario, se va a incrementar, y este mayor interés va a conllevar una mayor inversión”, asegura Pallàs. “Respecto a la inversión pública consideramos que la deuda pública, los déficits públicos, así como el envejecimiento de la población van a conllevar una necesaria racionalización del gasto. Creemos que la digitalización va a entrar también en la sanidad pública por una necesidad de reducción de costes, y esta digitalización va a crear oportunidades para determinadas empresas”, añade. Se abren aquí nuevas posibilidades que habrá que seguir con detalle en próximos artículos.