Autor:  Gabriel Izard Granados | Economista y profesor de la UAB

La actualidad se tiñe de noticias mayoritariamente políticas, y en menor medida de información económica. Si nos referimos a todo lo que afecta al ámbito del comercio y los consumidores, el trato en los medios suele ser puntual y con frecuencia de manera poco profunda. Como el tema que nos ocupa, el de los horarios comerciales, que emerge de tanto en tanto. Un debate que puede parecer antiguo, pero al que las administraciones, que siguen regulando de espaldas a la realidad, no dan respuesta.

La realidad está marcada hoy día por la irrupción del mundo digital, que se traduce, refiriéndonos al comercio, en la compra por medios electrónicos, sin limitaciones horarias. Y así, los grandes en la venda por internet viven a sus anchas, lo que motiva la protesta de las organizaciones empresariales de comercio para que se dé un cambio de rumbo en la legislación, adaptándola a la realidad del siglo XXI.

Pero las batallas políticas-partidistas, sin ser necesariamente ideológicas, han dibujado un panorama fragmentado en el uso de los horarios y días de apertura sin orden ni concierto. Todo un desbarajuste de restricciones en aperturas y días festivos. Algunos se escapan de las restricciones: las tiendas de conveniencia de menos de 300 metros cuadrados pueden abrir tantas horas como quieran, al igual que las situadas en zonas calificadas como turísticas. ¿Y esto quién lo dice? El Real Decreto-ley 19/2012, de 25 de mayo, que liberaliza o suspende la obligatoriedad de licencia y lo sustituye por declaraciones responsables para estos establecimientos comerciales. Y también la Ley 1/2004, de 21 de diciembre, en el texto consolidado de 17 de octubre de 2014, que hace referencia a estos establecimientos y a la determinación de las zonas de gran afluencia turística. Es el inicio de la liberalización de horarios comerciales, auspiciado por el Partido Popular.

De hecho, el marco legal es más complejo, y deja a las autonomías la decisión del horario de apertura y cierre de las tiendas en los días laborables de la semana y también los domingos y festivos en los que podrán estar abiertos los establecimientos, con un mínimo de 10. El desbarajuste empieza a ponerse en marcha, y en este contexto, las empresas de distribución detallistas que operan en Cataluña se encuentran en una encrucijada de difícil solución. ¿Cuánto tiempo puede abrir una tienda a la semana: 72 horas (6 días/12 horas) o 90 horas (6 días/15 horas)? ¿En qué horario?

El debate sobre la liberalización versus conciliación familiar de empleados de comercio y de consumidores se torna irrelevante cuando los intereses de los partidos (repito, no la ideología) se superponen a las necesidades ciudadanas. ¿Quién no puede estar de acuerdo con la necesidad de ayudar a la conciliación familiar? ¿Cómo se pone en marcha y se progresa hacia horarios más racionales? ¿Cómo pueden las administraciones actuar para mejorar nuestros horarios? ¿Por qué no hay un debate con participación de agentes sociales y todos los niveles de las administraciones para llegar a un gran acuerdo sobre ello? El marco legal siempre es importante, pero las prácticas, hábitos y comportamientos de la ciudadanía son el resultado de muchas otras cosas también.

En Cataluña, desde el 1 de octubre pasado, los comercios detallistas cierran sus establecimientos comerciales a las 9 de la noche al ejecutarse la Ley 18/2017 de 1 de agosto de comercio, servicios y ferias. Esta ley contraviene algunos preceptos del texto consolidado citado anteriormente, y de ahí la impugnación por el Consejo de Ministros el 2 de noviembre ante el Tribunal Constitucional. Este recurso puso el énfasis en cuestiones semánticas y de libertad comercial, aunque en su formulación no tuvo en cuenta, curiosamente, el artículo 36-A de dicha ley. Este artículo establece dos horarios al año: el que va de octubre a mayo y el que va de junio a septiembre. En el primer periodo se prohíbe la actividad de venta entre las 9 de la noche y las 6 de la mañana del día siguiente, mientras que en el segundo es de 10 de la noche a las 7 de la mañana.

El resultado es sorprendente: los comercios pueden abrir 90 horas, pero en el primer periodo tienen que cerrar a las 9 de la noche. Se legisla para que la tienda pueda abrir a las 6 de la mañana si quiere beneficiarse de las 90 horas que tienen disponible. El consumidor que se acerca al híper y tiendas ubicadas en centros de concentración comercial un viernes o sábado más tarde de las 9 se encuentra la tienda cerrada, acostumbrado a que antes se habría de 10 a 10. También en la trama urbana. Todas las tiendas tienen que cerrar a las 9. ¿Todas? Bueno no, las de menos de 300 metros tienen libertad total. Su servicio de proximidad en este sentido es excelente, aunque a menudo se plantean grandes dudas en cuestión de conciliación familiar en el caso de los empleados de estas tiendas, normalmente gestionadas por personas emigrantes.

La conciliación es cosa seria y nos afecta a todos: empleados y ciudadanos que no podemos estar sometidos a regulaciones y leyes resultado de los intereses partidistas coyunturales. La conciliación y mejora de los horarios afecta a las relaciones de las personas, a las horas de dormir, al horario para comer o las horas de cenar, al horario de espectáculos, al horario de ocio nocturno, a muchos aspectos de la vida cotidiana, mucho más allá de la restricción horaria según temporada. Este debate debería impulsarse en la administración, el mundo empresarial de todo tipo (no solo el comercio), la ciudadanía, los autónomos (¡esos sí que no tienen horarios!) …

Y más, tras la irrupción del consumidor omnicanal, frente al que la paradoja de los horarios parece quedar muy lejos. Este nuevo consumidor tiene en sus manos hoy día todas las opciones posibles: comprar en la web después de ver el producto en la tienda (webrooming); comprar en la tienda después de ver el producto en la web (showrooming); o comprar desde el móvil con una aplicación…

Con todo ello, el debate sobre liberalización de horarios no aporta soluciones pensando en el consumidor con necesidades específicas de cada lugar, y ofrece situaciones y resultados poco entendibles por la ciudadanía. La actual situación en la que, en Madrid, por ejemplo, un hipermercado de 7.000 metros cuadrados de Carrefour puede no cerrar nunca y en cambio, en Cataluña, las tiendas de los centros comerciales han de cerrar a las 9, no tiene ningún sentido. Menos, cuando no es el resultado de un profundo debate sino de coyunturas o dejaciones inexplicables. Es la hora de racionalizar los horarios comerciales pensando en los operadores, en los consumidores y sobre todo en el futuro. Pero sin una voluntad de todas las partes no será posible.