Por su capacidad de crear valor añadido y mayores niveles de empleo y reparto de riqueza, la industria puede ser clave para la recuperación económica de Catalunya.

Texto de Jordi Renom, presidente de la Associació d’Enginyers de Catalunya.

La pandemia del Covid-19 ha comportado una emergencia sanitaria global que ha evolucionado en una crisis económica y social contundentes, de una naturaleza y profundidad inéditas hasta el advenimiento vírico. Pero las crisis no son ajenas a la evolución de la sociedad. Sabemos por experiencia que de tales coyunturas se sale, mejor o peor, en función de las decisiones tomadas y de las acciones ejecutadas.

Sobrevenida a esta situación, se han producido el anuncio del cierre de la planta de Nissan en la Zona Franca y las de Montcada y Sant Andreu. En este caso, esperemos que las Administraciones hagan todos los esfuerzos para convertir este reto en una oportunidad, en la certeza de que el país tiene suficientes capacidades para aprovechar todo el activo que representa el conocimiento y capital humano de los profesionales de Nissan y sus proveedores para reforzar la actividad industrial en el propio sector y de otros sectores de la Industria 4.0.

En esta línea, es evidente que hay que activar políticas y acciones que ayuden a superar la crisis, que se desplieguen con celeridad y con la ambición de transformar en positivo el sistema productivo, acelerando esfuerzos e inversiones para resolver los retos que –ya antes de la crisis del Covid-19– teníamos identificados: el cambio climático, los impactos de la digitalización y una mejor distribución del valor generado por la economía. La industria puede ser, en este marco, el vector sobre el que pivotar la recuperación económica en nuestro país. Porque estamos preparados y por su capacidad de crear valor añadido de calidad, y mayores y más estables niveles de empleo y reparto de riqueza.

La Associació y el Col·legi d’Enginyers Industrials de Catalunya han querido sumar su voz al conjunto de la sociedad catalana, en la voluntad de ser actores proactivos en forjar el futuro alrededor de una industria competitiva y sostenible, que quiere ser palanca de equidad y bienestar. Lo hemos hecho con el documento “La industria: vector de recuperación económica en Catalunya”, donde recogemos 40 propuestas y recomendaciones concretas para ayudar a dar forma a la respuesta política y económica y en las iniciativas de las empresas y profesionales, para salir de la crisis del Covid-19.

Ya en el año 2013 culminábamos en Catalunya una reflexión de tipo transversal bajo el título “+ Industria”, con el fin de reforzar el sector industrial como respuesta catalana a la crisis financiera de hace una década. Explicitaba entonces que “la industria en la mayoría de los países avanzados –aquellos que han encabezado el desarrollo mundial en los últimos dos siglos– no sólo ha sido el elemento vertebrador, y motor, de las economías, sino también uno de los factores principales en la configuración de su organización social”.

Además, en esta ocasión, otros sectores tendrán más dificultades durante los próximos meses para actuar de motor de la recuperación económica. Más recientemente, los Pactos Nacionales para la Industria y para la Sociedad del Conocimiento han vuelto a situar los aspectos claves de progreso al centro del tablero con propuestas concretas.

Con toda probabilidad no se movilizarán todos los recursos económicos que una situación como la que atravesamos requeriría. Pero sin embargo serán muchos. Y generarán una deuda pública que caerá sobre los hombros de las generaciones más jóvenes. Esto añade más responsabilidad a la hora de acertar como orientar su destino de forma que, a la vez que son útiles para construir puentes para las personas y empresas afectadas por la crisis, aceleren transformaciones estructurales.

Creemos que disponemos de suficientes elementos, bastante reflexión y bastante referentes y, por otra parte –hemos de ser conscientes de ello–, no tenemos tiempo. No se llevará a cabo todo en un día, pero se pueden reforzar ya las bases y los instrumentos para concentrar los esfuerzos. Lo que se haga ahora determinará el país en la próxima década. No es la hora de repensarlo todo –tenemos la suerte de que mucho ya se ha hecho últimamente–, es el momento de elegir, priorizar y actuar. De ser eficientes, para acelerar el cambio a mejor del perfil competitivo del país.

Las acciones que se desarrollen deben ayudar a crear a corto plazo PIB y minimizar los impactos de la crisis del Covid-19. Pero también representan la oportunidad para actuar con una visión estructural allí donde ya teníamos diagnosticada la necesidad de transformar la sociedad con un esfuerzo público-privado, desde una economía y desde una industria más sostenibles, eficientes y competitivas como palancas de equidad y bienestar para nuestro país.

Una vez definido el marco general de actuación, creemos importante destacar los vectores que deben orientar las actuaciones.

Competitividad: Las empresas debe ser competitivas para sobrevivir. Es cierto, sin embargo, que la crisis nos da la oportunidad de redefinir el concepto de competitividad con factores que van más allá del precio y del corto plazo. La propia sociedad puede conformar algunos de los factores de competitividad valorando el impacto a medio y largo plazo de sus propias decisiones de compra.

En las últimas décadas la competitividad empresarial y, muy particularmente, en los sectores industriales, ha pivotado en un reconocido binomio: la innovación, entendida como un proceso sistemático, y la internacionalización.

La generalización global de estas estrategias las ha convertido de suficientes a tan sólo necesarias. El avance en las tecnologías transversales de la mano de la conectividad y las crecientes capacidades derivadas de la microelectrónica, por un lado, y los efectos negativos del cambio climático generado por la actividad humana, hacen aparecer un nuevo binomio de competitividad: la transformación digital de las empresas y la sostenibilidad de la actividad industrial.

Tecnologías como la robótica, el internet de las cosas, la fabricación aditiva, la inteligencia artificial, la nube, los nuevos materiales… impulsaban antes del Covid-19 –y lo seguirán haciendo después– una nueva revolución que toma forma en la Industria 4.0 y en la Economía Circular.

Este nuevo paradigma es eminentemente tecnológico. Tiene sus bases en la ingeniería. Una y otra configuran nuevas necesidades en los conocimientos y competencias de los profesionales que las han de desplegar. Aparece el talento en la ecuación, de manera estratégica, sin el cual la competitividad no florecerá. Y aparece, también, la necesidad de una nueva cultura empresarial, una nueva forma de liderazgo que ofrezca entornos fértiles y proyectos atractivos para atraer el talento y contribuir a que desarrolle todo su potencial.

Transversalidad: En el momento de proponer acciones concretas se pone de manifiesto la creciente transversalidad de la economía, impuesta por la revolución tecnológica que convierte en servicios el valor aportado los productos. Los sectores tradicionales viven una creciente hibridación entre ellos y así pueden beneficiarse de lo que se haga en otros ámbitos con los que se ven obligados a desplegar nuevas soluciones a las necesidades de sus clientes.

El paradigma de esta transversalidad lo encontramos en la sostenibilidad que, entre otros factores, implica energía, movilidad, materias primas y reciclaje o digitalización.

Una salida rápida de la crisis –y poder aprovechar las oportunidades que se presentan en este momento– hace inexcusable la sincronización efectiva de las iniciativas públicas y privadas. Es el momento de priorizar y concentrar esfuerzos. Estamos convencidos de que los efectos serán más eficientes, más rápidos y transformadores.

Las Administraciones deben movilizar simultáneamente instrumentos que tienen en sus manos para incidir en la situación y evitar, con actuaciones, lo que ellas mismas han predicho. Hay que pasar de la predicción a la acción. Y haciendo un símil con la crisis sanitaria, hay que actuar para doblar, ahora hacia arriba, la curva de caída económica. Desplegando con celeridad medidas en la compra pública, subvenciones, incentivos fiscales y medidas regulatorias, y hacerlo en el marco legislativo de la UE es la mitad del éxito de una pronta recuperación.

El sector privado y la sociedad civil, por su lado, han de mostrar iniciativa, experiencia y talento capaz de cambiar las cosas y aprovechar el momento para dejar atrás los problemas que nos han frenado durante las últimas décadas y proyectarse hacia el futuro. No asustarse y mostrar una disposición inteligente al riesgo, y también, porque no decirlo, a la solidaridad. Las empresas y las personas son, somos, la otra mitad de la solución.

Ahora tenemos la oportunidad de empezar de cero. Pero debemos focalizar nuestras acciones. No podemos ser excelentes en todos los sectores, al igual que las empresas no pueden ser excelentes en todas sus funciones.

Es el momento de un pacto donde intervenga toda la sociedad, donde empresas, empresarios, sindicatos, autónomos, funcionarios, educadores, sociedad civil y administraciones públicas, pudieran decidir dónde focalizar los esfuerzos de país y trabajar en estos ámbitos para ser los mejores a nivel mundial. ¿O no es lo que han hecho otros países como China, la fábrica del mundo? ¿O la India, la fábrica de software del mundo? ¿O los Estados Unidos, la fábrica de créditos del mundo?

Por lo tanto, foco y especialización en ciertos sectores y vertido masivo de recursos pueden ser las llaves para que a medio plazo Catalunya pueda aprovechar la oportunidad que este reset mundial nos ofrece.