Las universidades están demostrando en esta pandemia su capacidad de resiliencia y su adaptación de forma rápida a nuevas realidades.

Texto de Elena Rodríguez Vall-llovera, directora de la Oficina del Vicerrectorado de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

El paso en pleno semestre hacia modalidades de docencia online ha tenido un impacto considerable en el sistema universitario. Todas las universidades españolas cuentan con experiencia en la utilización de las tecnologías de la información en la docencia, pero la mayoría utilizaban hasta hace poco las plataformas especialmente como soporte complementario a la docencia presencial. La adaptación al modelo online de forma abrupta ha supuesto un reto tecnológico importante pero, sobre todo, ha planteado un reto pedagógico para el que el sistema no estaba suficientemente preparado.

Por un lado, la tradición de trabajo conjunta en el marco del Consejo Interuniversitario de Catalunya ha permitido armonizar las actuaciones entre las 12 universidades catalanas, la Dirección General de Universidades y la Agencia de Qualitat Universitària (AQU). Por otro lado, el trabajo realizado en la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) y las directrices del Ministerio de Universidades también han facilitado un marco común para la toma de decisiones rápidas.

Ahora, el objetivo principal es afrontar el nuevo año académico con una mayor planificación y dibujar un nuevo escenario que nos permita consolidar los avances conseguidos a medio y largo plazo.

El próximo curso 2020-21 empieza bajo el marco de las recomendaciones del Ministerio de Universidades para enfocar el curso universitario hacia una presencialidad adaptada, con el establecimiento de pautas para la presencialidad en unas determinadas condiciones sanitarias. Este marco también prevé que cada universidad establezca un plan de contingencia que permita un cambio masivo e inmediato a un sistema de docencia online si la situación sanitaria así lo requiere.

Los retos principales que afrontará el sistema universitario durante el curso 2020-21 empiezan por garantizar el apoyo al profesorado para planificar las asignaturas en modalidad de enseñanza online, con énfasis en los aspectos pedagógicos y metodológicos, y de forma coordinada en cada titulación. El esfuerzo hecho este semestre ha permitido superar la situación, pero ha supuesto una alta dedicación de todos los implicados y no es sostenible mantener esta misma carga de trabajo en el tiempo; es necesario dimensionar adecuadamente los mecanismos para ayudar al profesorado, tanto en el diseño de las asignaturas, como en la preparación de los materiales, la atención de las consultas y dudas de los estudiantes. Además, hay que asegurar que se podrá proporcionar el soporte tecnológico que precisen.

Por otro lado, el escaso margen de tiempo que han tenido los profesores para trasladar las metodologías presenciales a formato virtual no les ha permitido repensar la asignatura o preparar materiales adicionales para los estudiantes. Muchos profesores han optado por impartir sus asignaturas en el formato de la grabación de la clase o la videoconferencia en directo, ya que este es el sistema más rápido para realizar a distancia lo que ya se hacía presencialmente.

Para el próximo año, los profesores tienen una pequeña ventana de oportunidad para pensar en otros modelos de docencia online ya desde el inicio de la asignatura, más centrados en el estudiante, que complementen o sustituyan la clase grabada. Para realizar esta transformación, es necesaria una adecuada planificación y partir de una estrategia clara y consensuada. Implantar un modelo de docencia online que mantenga elementos comunes en las diferentes asignaturas de una misma titulación ayuda mucho a los estudiantes a aumentar su rendimiento y les confiere mayor seguridad.

Otro aspecto que ha implicado un enorme esfuerzo y que tendremos que garantizar el próximo año es el asegurar la atención de los estudiantes, a través de la plataforma virtual de cada universidad, con sistemas de tutoría y partiendo de un grado de interacción que sea asumible por parte del profesorado. Este equilibrio no es fácil de mantener, los estudiantes piden una mayor flexibilidad para poder adaptarse también a esta situación, y hay que encontrar el punto de equilibrio entre la flexibilidad y el mínimo aceptable para seguir una planificación ordenada.

La evaluación de los estudiantes con garantías es uno de los aspectos que más está preocupando a las universidades este semestre. La aplicación de metodologías para realizar pruebas online, técnicas que permitan constatar la identidad del estudiante durante la evaluación, así como poder asegurar la originalidad de la autoría, tanto de los exámenes como de los trabajos entregados durante el semestre, con herramientas antiplagio y otros sistemas, ha implicado un amplio despliegue tecnológico y académico.

El hecho de poder planificar el próximo año académico en modalidad virtual con algo más de tiempo nos tiene que permitir potenciar la evaluación continua como sistema de evaluación principal; ahora más que nunca la evaluación continua debe permitir no sólo superar la asignatura, sino garantizar la consolidación del aprendizaje.

La tecnología nos puede ayudar a implementar sistemas de validación de identidad que permitan añadir confianza durante todo el semestre, a través de webcam y otras técnicas alternativas, siempre partiendo de la base de que la gran mayoría de estudiantes se comporta de forma honesta durante la evaluación y que la utilización de estos sistemas no hace más que añadir valor a los títulos.

El siguiente gran reto a afrontar radica en diseñar un sistema que permita la realización de las prácticas y garantice su calidad. Buena parte de las prácticas universitarias pueden realizarse a distancia, en modalidades de teletrabajo, utilizando simuladores o plataformas de soporte. Pero en determinadas titulaciones estos modelos de prácticas no presenciales no son evidentes, como las prácticas de laboratorio en las carreras científicas, las residencias en hospitales en medicina u otros ejemplos muy evidentes. Aquí habrá que adoptar modelos mixtos que permitan garantizar las condiciones sanitarias en la presencialidad. Hay que partir de la base de que no todas las prácticas se pueden cursar a distancia.

Posponer las prácticas a la espera de que la situación mejore genera dudas respecto a cuándo se podrán realizar, además implicaría tener que dar soluciones a un volumen cada vez mayor de estudiantes de varios semestres que pudieran tener las prácticas pendientes, lo que conllevaría tener que alargar la finalización de los títulos; en la medida de lo posible vamos a tener que adoptar soluciones para poder realizar las prácticas dentro del curso académico previsto.

Por último, la realización y defensa de los trabajos finales también es posible que deba adaptarse a modelos online, parcial o totalmente.

En este nuevo escenario las agencias de calidad están realizando un papel fundamental de acompañamiento de las universidades, ya que la transformación del sistema debe garantizar todos los estándares de calidad.