Pese a contar con empresas que son referentes mundiales ya, el sector biotecnológico español requiere medidas de urgencia que favorezcan su financiación.

Texto de Enric Rello Condomines, profesor del Departamento de Empresa y Economía de la Universidad Abat Oliba CEU.

Siglo XXI, primavera de 2019, un día cualquiera, 06:30 AM, Barcelona, Cataluña, España, Unión Europea, soleado, doce grados centígrados. Boston, Massachusetts, Estados Unidos de América, 00:30 AM, nubes y claros.

Biotecnología es sinónimo de investigación e innovación, la configuración mundial y la evolución tecnológica establecerá en las próximas décadas el posicionamiento de los países.

La biotecnología es oportunidad de futuro en nuestro siglo. Al igual que ocurrió con el sector textil, en el que los países emergentes aprovecharon sus costes de personal como ventaja competitiva y provocaron la deslocalización de la fabricación y la producción, otros países, aquellos más avanzados, apostarán por un ecosistema biotecnológico. Lo harán de forma parecida a aquellos que en su día apostaron por el diseño y el desarrollo de nuevos tejidos y generaron así una verdadera creación de valor, centrándose en la generación de beneficios procedentes del llamado negocio de la trasferencia tecnológica.

Referentes mundiales

La biotecnología ofrece las mayores rentabilidades de la bolsa en Wall Street. El Nasdaq recoge las máximas rentabilidades entre las Small & MedCap con capitalización bursátil menor al one billion USD.

Axsome Therapeutics Inc., fundada en 2012 (ASXM–Nasdaq), presenta una capitalización bursátil del 480 millones de USD; a cierre de ejercicio 2018 cotizaba alrededor de 2,82 USD por acción; a principios de abril de 2019 su revalorización alcanzaba cotizaciones de 14,50 USD por acción.

La biotecnología española no es ajena a su referente americano. El mercado continuo español, aún alejado del mercado americano, sigue su tendencia y se encuentra en fase de adolescencia, la mayoría de compañías biotecnológicas españolas son privadas y aún no se ha producido un salto significativo del sector al mercado bursátil español.

España debe apostar entre situarse como una economía de primer mundo en la que prime la biotecnología o ser una sociedad en decadencia alejada de los modelos basados en la innovación y la tecnología puntera. Así pues, deberemos decidir cómo posicionamos nuestro tejido empresarial, y decidir si fomentamos la innovación y la biotecnología.

Experiencias pasadas en otros sectores, por sus apuestas en la innovación, nos muestran el futuro. Así pues, podemos permanecer en el pasado como eligieron empresas insignes como Olivetti con sus máquinas de escribir, hoy en día desbancadas, o empresas que apostaron por la innovación como IBM o Apple.

Compañías españolas son referentes mundiales, y sus operaciones están avaladas con sus casos de éxito, como ocurre como TiGenix (resultado de la fusión de la española Cellerix, con la belga Tigenix) adquirida por la japonesa Takeda en julio de 2018 por un valor de 520 millones de euros; Palo Biofarma, que licenció en el año 2015 un fármaco en desarrollo en Fase I al gigante farmacéutico Novartis; u Oryzon Genomics S.A. que licenció en el año 2014 un fármaco en Fase I a la multinacional farmacéutica Roche y que le reportó 25 millones de USD.

Oryzon, fundada en el año 2000, hoy compañía cotizada en el mercado continuo español (ORY–ISIN: ES0167733015), presenta una capitalización bursátil de 137 millones de euros; a cierre de ejercicio 2018 cotizaba alrededor de 2,17 euros por acción; a principios de abril de 2019 su revalorización alcanzaba cotizaciones de 3,51 euros por acción; y en el primer trimestre de 2019 los analistas españoles establecían una valoración potencial de sus acciones en 8,9 euros por acción, los europeos en 9,3 euros por acción y los norteamericanos en 15,0 euros por acción.

El informe Asebio

Las empresas biotecnológicas, por su potencial, son de vital importancia en el tejido empresarial, y las cifras públicas en 2016 ya mostraban la existencia de más de 600 empresas biotecnológicas españolas, según fuentes procedentes del Instituto Nacional de Estadística (INE), con respecto a la encuesta sobre innovación de las empresas.

La patronal de la industria biotecnología española –ASEBIO– hacía público en el año 2018, en su “Informe Asebio 2017 situación y tendencias del sector de la biotecnología en España”, que durante el año 2016 el sector biotec como rama de actividad presentaba una tasa de crecimiento del Valor Añadido del 17,4%, el mayor de todos los sectores productivos, con una expansión en el empleo del 5,3%. Además, las aportaciones directas e indirectas del sector biotec superaban los 7.300 millones del PIB, o lo que es lo mismo un 0,7% del total nacional, con una generación de más de 108.000 empleos.

Por otra parte, la capilaridad nacional sectorial llega a las distintas regiones españolas. De sus 651 empresas con dedicación principal a la biotecnología, el 58% se concentra en tres áreas geográficas, Cataluña que presenta un porcentaje 23,3% (152 empresas), Madrid con un porcentaje del 18,7% (122 empresas) y Andalucía con un porcentaje del 16.0% (104 empresas). Valencia y País Vasco, se sitúan en un segundo pelotón con un 10,0% y un 8,8% respectivamente, seguidas de otras comunidades como Galicia, Castilla y León, Aragón y Navarra.

No obstante, la biotecnología tiene aún mayor relevancia por cuanto se introduce en los diversos campos productivos. Según fuentes del INE, en su encuesta sobre innovación en las empresas 2016, 2.767 empresas realizan actividades relacionadas con la biotecnología. Para 651 de esas empresas, la biotecnología era su actividad principal o exclusiva; para 130, la biotecnología era una línea de negocio secundaria; y para 1.812 compañías, la biotecnología era una herramienta necesaria para su producción.

Necesidades del sector

El sector biotecnológico es un sector intensivo en investigación y desarrollo, sus proyectos son a largo plazo y requieren de financiación continuada. Como sector estratégico a nivel nacional, requiere de políticas instrumentales que permitan y prioricen su desarrollo.

En general la I+D, y en particular el sector biotecnológico, deben estar por encima de estrategias y convicciones políticas, puesto que de ellas depende el futuro del bienestar y el desarrollo social. Durante décadas las prioridades políticas han estado desligadas de las necesidades estratégicas que no pueden ni deben convivir con los calendarios electorales. Así pues, la biotecnología, la educación o la sanidad, deben acordarse en grandes pactos sociales, que desafortunadamente tan sólo se verán reconocidos cuando la convicción y el reclamo social hagan que se incluyan en la agenda política, como ha ocurrido en materia de pensiones, igualdad y derechos humanos.

Recordando aquellos versos de Antonio Machado, “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, el sector biotecnológico tienen necesidades específicas de urgencia que no pueden esperar a un gran pacto social, puesto que de ellas dependen la supervivencia de infinidad de pequeñas y medianas empresas, de startups, de empleo cualificado de personal investigador, y del desarrollo de proyectos biotecnológicos en el campo de la salud con enfermedades no resueltas tan graves como el Alzheimer, tumoraciones oncológicas, enfermedades raras (rare diseases), actividades y herramientas diagnósticas o aplicaciones nanotecnológicas.

Entre las actividades prioritarias de inmediata implantación que requieren de la intervención pública, encontramos un marco estable en ayudas a la I+D basadas en subvenciones, frente a las actuales ayudas reembolsables a modo de préstamos, que lastran financieramente a las empresas biotecnológicas con proyectos avanzados, en aquellos periodos del modelo de negocio en que sus proyectos exitosos alcanzan fases de mayor intensidad inversora. La supresión de avales a favor de la Administración Pública, que en la actualidad garantizan el repago de las deudas públicas concedidas al sector y que inmovilizan los fondos públicos que deberían destinarse al desarrollo de los proyectos biotecnológicos, y que desafortunadamente terminan inmovilizados en pignoraciones bancarias requeridas para el otorgamiento de avales, lo que desvirtúan el carácter incentivador de estas ayudas. La coinversión público–privada en fondos de equity, que permitan evitar la derivación de responsabilidades personales y patrimoniales sobre los socios emprendedores y sus miembros de consejo de administración cuando se produzcan proyectos no exitosos. Y, por el contrario, que para aquellos proyectos exitosos, se propicie la recuperación por parte del Estado de las inversiones realizadas, instrumentando planes de recompra de capital en autocartera, o en favor de sus empleados, o de sus socios fundadores, financieros y tecnológicos preexistentes.

Políticas fiscales

No obstante, una de las principales herramientas en materia de fomento de la Investigación y Desarrollo que debe permitir atraer capitales internacionales, así como la reorientación y el destino interno de inversiones financieras privadas, redunda en la voluntad de aprobar políticas fiscales incentivadoras, mediante la aplicación de deducciones y bonificaciones en el impuesto sobre la renta de las personas físicas y el impuesto sobre sociedades a aquellos sujetos y vehículos inversores que inviertan en empresas biotecnológicas.

Las políticas fiscales en el tratamiento de las ganancias de capital sobre empresas biotecnológicas, que permitiesen una tributación reducida en cuanto al tipo del Impuesto de Sociedades sobre rendimientos positivos generados en un periodo superior a tres o cinco años; la reducción del tipo impositivo aplicable a las ganancias de capital obtenidas en la venta de participaciones en sociedades biotecnológicas; la exención a la tributación de beneficios obtenidos que fuesen reinvertidos en el sector biotecnológico; o el tratamiento como gasto fiscal de las inversiones realizadas sobre empresas biotecnológicas, son tan sólo algunos ejemplos de los vehículos incentivadores.

No obstante, la aplicación de deducción por inversión en acciones de entidades biotecnológicas que coticen en el mercado continuo español, en procesos de ampliación de capital o de oferta pública de valores, fomentarían la participación de inversores privados en un sector que, aun con promesas de mayores rentabilidades, también albergan un mayor grado de riesgo y volatilidad de sus acciones, que podría verse mitigado con una mayor rentabilidad, al hacerse efectiva una mejora en la rentabilidad ajustada a riesgo.