“El futuro del trabajo recaerá en quienes ahora tenemos más de 40 años”, afirma la autora de Silver surfers, un manual con ideas para planificar el día de mañana.

Texto de Raquel Roca, periodista, speaker y autora de Silver Surfers. El futuro laboral es para los mayores de 40 (LID).

¿Sabes cuánto tiempo puede llegar a estar un profesional parado buscando empleo en España cuando tiene más de 50 años? Cuatro años.

Esa es la dura realidad para un 39.2% de personas, según el estudio de la Fundación BBVA-Ivie. El 72.1% restante lleva buscando trabajo desde hace un año o más. Claramente, los mayores de 50 años son junto con los más jóvenes un grupo en exclusión, solo que en este caso con menores posibilidades de encontrar trabajo cuanto más tiempo dediquen a la búsqueda (y cuanto mayores se hacen). Según Consumer.es, las ocupaciones para las que aún se demanda a mayores de 50 años –o, mejor dicho, no se las excluye– son: venta telefónica, atención al cliente, hostelería, mantenimiento, comerciales o coaching, los monitores de transporte y comedor escolar. En el resto… Las dificultades del talento sénior también se dan, por supuesto, a nivel ejecutivo o directivo.

Las claves del panorama sénior (“Los trabajadores séniors en la empresa española: realidades y retos”, del Observatorio de Demografía y Diversidad Generacional de la Fundación IE) son:

– Solo un 17 % de los empleados de las empresas encuestadas tienen 55 años o más, y solo el 0.5 % más de 65 años.

– Un 42 % tienen estudios universitarios, de los cuales casi un 11 % poseen también estudios de posgrado.

– La mayoría son operarios (24 %), seguidos por los técnicos (22 %) y de alta dirección (8 %).

La conclusión es que aún son demasiadas las empresas que se desprenden de los trabajadores mayores o los profesionales séniors que deciden irse prematuramente, lo que demográficamente es una locura. Para que lo entiendas mejor y hagas tus propios cálculos para con tu vida (y tu empresa), según las proyecciones del INE para los próximos diez o quince años la población en edad de trabajar (20-69 años) va a perder un millón de efectivos (3 y 4%) de aquí a 2027-2031. Este cambio significa una importantísima reestructuración del conjunto de la población en edad de trabajar. El peso de las personas relativamente jóvenes, menores de 50 años, dentro del conjunto de la población en edad de trabajar disminuye de un 62 % en 2017 a un 54 % en 2027 y a un 53 % en 2031. En el mismo intervalo, el peso de las personas relativamente mayores (más de 50 años) dentro de esta misma población pasará del 38% en 2017 al 46% en 2027 y a 47% en 2031. Haga cada país su propio cálculo.

No podemos seguir pensando en desprendernos de las personas séniors porque, en casi todo el mundo, los mayores de 40 y 50 años (y esperemos muchos mayores de 60 años) vamos a ser el 50% de la fuerza laboral. Y no se trata solo de no desprenderse de los séniors, sino también de tenerlos en cuenta a la hora de contratar o colaborar por proyectos.

Se pierden efectivos

En el caso de España, el país llegó a su máximo de población hace ya un tiempo: en 2012, con 47.265.321 habitantes. Desde entonces y hasta 2017, el número de defunciones superó al de nacimientos por tercer año consecutivo, por lo que hemos perdido 700 000 habitantes. En 2030 seremos unos 46 millones y en 2065, 41 millones de habitantes, por lo que en menos de 50 años se habrán esfumado del censo más de 6 millones de personas.

La población de la Unión Europea se volverá en las próximas décadas cada vez más gris. El número de personas en edad laboral (15-64 años) disminuirá de manera significativa: de 333 millones en 2016 a 292 millones en 2070 (Ageing Report 2018). El futuro del trabajo recaerá en su mayor parte en quienes ahora tenemos más de 40 y 50 años. Como recoge el informe “Los Trabajadores Mayores en España 2017-2027”:

  1. El empleo está cada vez más dominado por ramas de actividad donde no se prima la fuerza física ni se produce un desgaste físico.

  2. Los trabajadores que llegan a esas edades más avanzadas han tendido a llevar y llevan vidas mucho más saludables que los que los han precedido, con una evidente mejora en la salud.

  3. El clima general en el que se han producido las políticas de prejubilación en determinados sectores de la economía se está volviendo cada vez más en contra de esta práctica empresarial que, aunque no deriva en merma en la Seguridad Social, da mal ejemplo en una sociedad cada vez más sensible a la necesidad de aprovechar al máximo el capital humano existente.

  4. Las políticas públicas que regulan la jubilación parecen abonar la idea de hacer cada vez más difícil la jubilación anticipada y retrasar la edad de la jubilación legal. Todo ello no puede menos que incidir en la edad de salida del mercado de trabajo, retrasando la misma y alargando la vida laboral (en 2019 la jubilación está en 65 años y ocho meses con la idea de llegar a los 67 años en 2027).

Estar, están en ello, pero no convendría depender de una planificación tan lenta cuando los cambios hoy día requieren de mayor rapidez. El presente es que la edad de salida del mercado de trabajo de los españoles está en los 62 años, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que ya es de tres años antes que en Suecia, Noruega o Estados Unidos.

‘Age friendly’ es lo que toca

Ser agefriendly (amigable con la edad) es un concepto que lleva desarrollando la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 2006 –sí, tranquilo, no eres el único que no había oído jamás hablar de ello– cuando reunió a 33 ciudades en 22 países para “generar un proyecto que ayude a determinar los elementos clave del entorno urbano que apoyan el envejecimiento activo y saludable”. El resultado fue un marco para que los distintos lugares del mundo evalúen su “amigabilidad con la edad”.

¿Y en qué consiste tener una perspectiva amigable con la edad? Pues básicamente en aprender a ponerse unas gafas particulares que nos ayuden a ver si lo que pasa a nuestro alrededor está enfocando adecuadamente –o no– la atención en los temas de particular relevancia para las personas mayores (que son los problemas de todos a medida que envejecemos, que no se nos olvide). Ya sean políticas, los servicios de un lugar, age management en las empresas…

Por ejemplo, ahora se habla y trabaja mucho –con razón– sobre las smart cities (ciudades inteligentes), ya que para el 2050 las ciudades acogerán al 70% de la población. Pero ¿cuál será la edad de la mayoría de las personas que vivan en 2050 en esas ciudades? ¡Exacto! Gracias por ponerte las gafas agefriendly. Entonces, ¿cómo debemos rediseñar y acondicionar las ciudades inteligentes para aumentar el máximo confort de la que será la mayoría de su población? Nuestras necesidades sociales, de transporte y de vivienda cambian, por lo que los urbanistas, arquitectos y diseñadores de políticas sociales deben ponerse estas gafas también. Vivimos más, vivimos mejor, con más salud, claro que sí. Y subiendo. Pero cuando tienes 65 años caminas a tres kilómetros por hora. Y cuando tienes 80 a dos. Pues eso te cambia muchas cosas. Por cierto, ¿son tus oficinas age friendly?

En Europa ya hay iniciativas muy potentes al respecto, como Age Friendly Economy (agefriendlyeconomy.eu) que, a través de un bootcamp, un curso intensivo, y un cluster virtual, una agrupación o conjunto de empresas, marcas u organizaciones que suman fuerzas para aprovechar sus diferentes especializaciones, fomentan ideas innovadoras que se transformen después en nuevos productos y servicios para comercializar y que ayuden a mejorar la vida de las personas mayores.

Todos esperamos poder vivir en nuestra casa hasta el fin de nuestros días, pero ¿qué hacer si un día la soledad o la dependencia nos acechan? Un tema espinoso; no nos gusta mucho pensar en ello. Déjame contarte una anécdota. Hace unos meses tuve que ir por trabajo a Ginebra; tras pasear un rato por esa bella ciudad me senté a tomar un café. A mi lado había una madre y una hija, paraguayas creo. El caso es que les pregunté algo y me puse a charlar con ellas… La reacción de la mujer, tras mirarme fijamente un rato fue: “¿Sabes que eres la primera persona que me dirige la palabra en los siete años que llevo aquí viviendo? En este país nadie se habla si no se conoce… Es tan frío como el frío que hace. No me extraña que esté todo lleno de residencias de ancianos, ¡no había visto tantas en mi vida!”. Está claro que pillé a esta mamá con ganas de regresar al calor de su país, y confío en que lo consiguiera, pero el comentario de las residencias me sorprendió y me dio muchísima pena. Frío-soledad. Creemos que en los países latinos con lazos familiares más fuertes no pasa eso, pero la realidad es que en España hay casi dos millones de personas que viven solas. Y aunque vivir en soledad no significa necesariamente sentirse solo, el 59% de las personas mayores que viven solas sí han expresado tener sentimientos de soledad y aislamiento. Pensemos en opciones para paliar esto, que no sean las residencias de ancianos tradicionales.

Ser silver surfer significa empatizar con el sénior de hoy y planificar el día de mañana.