“Telecomunicaciones, logística, bienes raíces y nuestra cuantiosa deuda pública atraen el interés de estos inversores institucionales”

Texto de Josep Lladós, profesor de Economía en la Universitat Oberta de Catalunya

Las economías con déficit exterior requieren de financiación ajena para sostener su actividad económica interna. Frecuentemente se asocia este desequilibrio a problemas de competitividad internacional y se le criminaliza por ser causa de dependencia ante el resto del mundo. Sin embargo, se olvida que el déficit no es necesariamente negativo cuando resulta de un sostenido impulso inversor y la economía es capaz de financiarlo sostenidamente con recursos foráneos. El persistente déficit por cuenta corriente de Estados Unidos proporciona un ejemplo excelente.

Las bondades del equilibrio exterior son discutibles cuando éste se alcanza mediante la restricción de la inversión en el interior de una economía. Durante el duro ajuste a la crisis, España mejoró su capacidad de financiación exterior, pero a costa de empeorar su déficit en la creación de capital productivo. Tras la reactivación reciente, el superávit persiste pero pierde fuelle rápidamente ante el deterioro de los mercados de exportación.

Más relevante es analizar la posición inversora internacional neta. Muestra la diferencia entre las inversiones realizadas en otros países y las inversiones recibidas del exterior, tanto directas como financieras. En esta imagen, nuestra sonrisa se desvanece. Con la única excepción del gigante norteamericano, presentamos la peor posición inversora internacional. El nivel de dependencia de la financiación exterior es pues apreciable y nuestra tenencia de activos en el extranjero claramente insuficiente.

Como nada es gratis, el coste de semejante desequilibrio se paga con un persistente déficit en la balanza de rentas. Intereses, dividendos, royalties y otras rentas del capital continuamente traspasan los Pirineos o viajan mar allende. En los últimos cuatro años, el desequilibro acumulado alcanza los 50.000 millones de euros.

El proceso de globalización tiene en su dimensión financiera a su exponente más rutilante. Diariamente, los flujos internacionales de capital superan ampliamente los intercambios de bienes y servicios. En el tablero de juego, los contrincantes visten hoy armaduras financieras y los vientos dominantes ya no proceden del norte sino más bien de oriente.

Las principales economías acreedoras del planeta ya llevan tiempo tejiendo una nueva ruta financiera de la seda. Inversores procedentes del este asiático, Oriente Medio, Rusia o las repúblicas adyacentes han ganado protagonismo en sectores vinculados al deporte, el ocio, la distribución comercial o el transporte, adquiriendo la propiedad de activos emblemáticos en algunas de las principales ciudades europeas y norteamericanas.

 

En la contienda irrumpen sigilosamente también algunos fondos soberanos, procedentes de economías con notable superávit exterior debido a su riqueza en algunos recursos naturales valiosos. Se posicionan en activos extranjeros en busca de mayor rentabilidad y mejor diversificación de riesgos. Pero crecientemente exploran también oportunidades estratégicas de negocio y se sitúan en sectores emergentes y con gran potencial de crecimiento.

 

El reciente informe Sovereign Wealth Funds elaborado por la IE Foundation y el ICEX proporciona una excelente radiografía de este proceso. Identifica 91 fondos soberanos, un tercio de ellos creados en los últimos ocho años y prevé la creación de otros veinte en un futuro cercano. En el binomio 2017-2018, los principales inversores fueron Arabia Saudí, Catar, Bahréin, Kuwait, China, Singapur, Noruega y las monarquías de los Emiratos Árabes Unidos. Se estima que actualmente gestionan más de 8 billones de dólares en activos.

 

El sector financiero y el mercado de la vivienda siguen siendo objetivos de inversión preferente, pero progresivamente el capital soberano se dirige hacia actividades económicas, estrechamente comprometidas con el uso de tecnologías emergentes y el desarrollo de innovaciones. Ha beneficiado las actividades de software, comercio electrónico, biotecnología, farmacia, fintech o medioambiente. El cambio en el criterio de selección también ha aumentado el grado de riesgo implícito en dichas operaciones. Más del 60% del capital invertido por los principales fondos está comprometido en activos de renta variable o productos financieros de gestión alternativa. A fin de compartir venturas, las alianzas estratégicas entre fondos están a la orden del día.

 

Estados Unidos, China, India y algunas economías europeas son los principales mercados que atraen este capital global hacia algunas de sus empresas más innovadoras. La economía española ya ha sido capaz de captar 40.000 millones de dólares. Telecomunicaciones, logística, bienes raíces y nuestra cuantiosa deuda pública atraen el interés de estos inversores institucionales. Es tiempo de otear el horizonte y adaptarse al brioso viento de levante.