“La evolución de la filantropía atiende a múltiples razones, sin embargo, las tendencias nos indican que hay un retorno a las causas de proximidad”

Texto de Pere-A. Fàbregas

Desde 2003 se han doblado el número de donantes particulares en Cataluña. Hemos pasado de algo más de 300.0000 a superar los 650.000, lo que representa prácticamente un 20% de la población que paga sus impuestos. También se ha doblado la donación media, pasando de 71 a 146 euros y hemos alcanzado un volumen total de aportaciones que se acerca a los 100 millones de euros recaudados en 2016, a pesar de las enormes dificultades que supuso la reciente crisis económica en España. La evolución del periodo analizado muestra como las donaciones han estado muy por encima del crecimiento económico. En el periodo 2003-16, el PIB catalán creció un 41%, mientras que las donaciones un 194%.

Estas son algunas de las principales magnitudes que se desprenden del informe “La filantropía a Catalunya” recientemente hecho público por la Coordinadora Catalana de Fundacions (CCF). El trabajo analiza la evolución en las donaciones de las personas físicas al IRPF, número de donantes, porcentaje, cantidades totales y media de aportaciones. Así mismo, las empresas que realizan donaciones y la aportación media de estas, a través del Impuesto de Sociedades. Toda la base estadística recoge los datos de la Agencia Tributaria y analiza el periodo comprendido entre 2003 y 2016 (datos más recientes).

¿Deberíamos estar satisfechos con estos resultados? Como organización representativa del sector fundacional, los datos han de ser analizados con rigor y exigencia, evitando la autocomplacencia. Y no es que no podamos reconocer los avances en este campo, sino que la lectura más profunda nos lleva a la conclusión de que queda mucho camino por recorrer. Si el 20% es un más que considerable porcentaje de la población que dona, no podemos obviar que, hasta la fecha, el 80% restante no ha considerado oportuno hacerlo. Ha llegado el momento de plantearnos si las fundaciones, que nacieron para donar, han de aprender a pedir.

Quizá la otra cara de la moneda son las empresas. ¿Cómo se han comportado? El número se ha triplicado durante el periodo pero apenas alcanza el 1% de todo el tejido empresarial, en este caso español ya que el Impuesto de Sociedades es de ámbito estrictamente estatal. Pero seguramente el dato menos esperanzador es el que se desprende del análisis pormenorizado de la información que proporciona la Agencia Tributaria y que determina que, desde 2004, las organizaciones han ido disminuyendo paulatinamente sus contribuciones medias. Prácticamente el sumatorio de aportaciones de las empresas es el mismo antes que después de la crisis. A todos los efectos, del total aportado en España en el año 2016, un 84% lo hacen los particulares y un 16% las empresas.

Desde su creación, la CCF reivindica medidas legales que favorezcan e incentiven el mecenazgo. No en balde, la reforma fiscal de 2014 permitió que la donación media se duplicara ya que de los primeros 150 euros tenían importantes deducciones aunque como reconocen todos los expertos a diferencia de las organizaciones, las personas no piensan solo en términos fiscales sino también emocionales a la hora de decidir sus contribuciones.

La evolución de la filantropía atiende a múltiples razones. Sin embargo, las tendencias nos indican que hay un retorno a las causas de proximidad, a aquello que vemos diariamente. Las causas nacen de una necesidad que tiene la sociedad, ya sean científicas, culturales o sociales. Nosotros hemos de ser capaces de diseñar un proyecto enfocado que llegue al corazón y a la mente de las personas.

Soy consciente de que es una reivindicación recurrente pero debemos seguir insistiendo en que las condiciones fiscales son esenciales para el desarrollo de la filantropía en nuestro país. Ámbitos como la salud, la investigación, la educación o la cultura serían difíciles de imaginar sin la colaboración ofrecida por las fundaciones.

Los norteamericanos, líderes en el mundo del fundraising o captación de fondos, donan 7 veces más que los españoles con el mismo nivel de renta. Devolver a la sociedad una parte de lo que nos ha aportado es algo que constituye un principio de actuación en el mundo anglosajón. Aprendamos y avancemos en este campo. Seguro que la sociedad en la que vivimos será más justa y equitativa.