2019, año de aniversarios, debería ser una oportunidad para reflexionar sobre los errores del pasado. Pero empieza lleno de incertidumbres políticas y económicas.

Texto de Jaume Giné Daví, profesor de ESADE Business&Law School

El 49º Foro Económico Mundial de Davos convocó otra vez los días 21 al 25 de enero a los más poderosos e influyentes dirigentes mundiales. Un privilegiado marco para volver a debatir y hacer una radiografía actual de la compleja situación política y económica mundial. El tema escogido por los organizadores era el de “Globalización 4.0”. Pero la cita anual quedó marcada de inicio por las ausencias de varios líderes, como Donald Trump, Theresa May y Emmanuel Macron, que afrontaban problemas domésticos. Tampoco estuvieron Xi Jinping, Justin Trudeau y otros que prefirieron esta vez no acudir a Davos. Sí participaron Angela Merkel y Shinzo Abe, las principales voces que defendieron, con matices, las ventajas del multilateralismo y de la cooperación internacional frente al resurgir del nacionalismo económico y populista que va enturbiando el panorama internacional. Un signo de los nuevos tiempos quedó patente con el protagonismo mediático del brasileño Jair Bolsonaro que abrió las intervenciones públicas en Davos.

El proceso de globalización se desarrolló con éxito en el periodo 1991-2010 pero entró en entredicho a partir de la crisis financiera que explosionó en 2008. Una crisis de los países avanzados que fue aprovechada en la última década por China para dar el gran salto para seguir creciendo y convertirse en una potencia mundial. EEUU intenta frenar el desarrollo industrial y tecnológico chino. Pero Trump llega tarde, a trompicones y sin una estrategia compartida con sus aliados tradicionales. Cumplidos los 40 años desde el inicio del proceso de modernización y reformas económicas impulsadas por Deng Xiaoping en 1978, China ya está presente en todos los mercados mundiales. Y el consumo interno de sus 1.350 millones de habitantes se convirtió en el principal motor económico. El Imperio del Medio tiene voluntad hegemónica y está llamado a ser, más pronto o tarde, por su gran dimensión territorial y humana, la primera potencia económica mundial.

Hoy, la globalización está en una confusa fase de reconfiguración o redefinición. El sistema de capitalismo global liderado por EEUU durante siete décadas podría quebrarse y abrirse una peligrosa etapa de mayor división y desorden mundial. Y EEUU pretende debilitar las instituciones internacionales precisamente cuando las acciones multilaterales son más necesarias para dar respuesta a los grandes retos provocados por los acelerados cambios tecnológicos, climáticos y demográficos.

Existen el conocimiento y las tecnologías necesarias para crear un nuevo marco de bienestar común para corregir las desigualdades económicas y sociales. Pero faltan o fallan los liderazgos y voluntad política. Y EEUU está renunciando a ejercer el liderazgo mundial. Parece que el shutdown interior de la administración de Trump también vaya acompañado de un shutdown diplomático y estratégico exterior. Un vacío que cubrirán China y Rusia, dos países que pregonan modelos de gobernanza contrarios o restrictivos al ejercicio de los derechos y libertades fundamentales y que pueden extenderse por los países emergentes o en vías de desarrollo.

Riesgos políticos y económicos

Queda lejos 2017 cuando la recuperación económica parecía dejar atrás los efectos de la crisis financiera de 2008-2009. Y 2018 también empezó con unas buenas expectativas que empezaron a truncarse al desatarse los conflictos comerciales y tecnológicos entre EEUU y China. Pero 2019 arrancó con muchas incertidumbres políticas y económicas, confirmadas por los informes publicados el 8 y el 21 de enero por el BM y el FMI.

El FMI rebajó la previsión de un crecimiento global hasta el 3,5% en 2019 que podría desacelerarse aún más en función de cómo evolucionen las negociaciones comerciales entre Washington y Pekín y de cómo se cierra el Brexit. Christine Lagarde alertó en Davos sobre el menor margen de maniobra de los Bancos Centrales ante otra ralentización de la economía mundial. E insistió en la necesidad de llevar a cabo las reformas estructurales pendientes y no limitarse a tomar unas medidas de estímulo económico que siguen incrementando los elevados niveles de endeudamiento público y privado. La normalización de las políticas monetarias se va demorando al igual que las subidas de los tipos de interés por parte del FED y el BCE. También el BM alertó en Davos a los Gobiernos y las empresas sobre los devastadores efectos medioambientales y económicos provocados por el cambio climático.

Los mercados financieros temen que continúen unos conflictos comerciales entre las dos principales economías mundiales que perjudican a todos. También a las grandes empresas estadounidenses tecnológicas y automovilística, muy dependientes del mercado interior chino. Las bolsas mundiales, y Wall Street en particular, siguen inquietas ante unas tensiones que retraen el comercio mundial y las inversiones exteriores. La globalización se va frenando mientras la regionalización aumenta. Y las empresas multinacionales de EEUU, Europa y Asia se abastecen cada vez más dentro del área regional más cercana a los centros de producción. El comercio es y será más intrarregional. Y EEUU prioriza ahora los acuerdos bilaterales.

EEUU se ausenta

Donald Trump confirmó en la cumbre del G20 del pasado noviembre en Buenos Aires su particular cruzada proteccionista que tiene a China como principal punto de mira. Pero sus envestidas también perjudican los intereses comerciales de sus tradicionales aliados como la UE, Japón, Corea del Sur y Australia. Un grave y persistente error geoestratégico de EEUU que favorece la imparable reemergencia de China. Trump incluso amenaza con levantar más muros a lo largo de la frontera con México a pesar de que logró imponer una renegociación de un NAFTA que llevó en noviembre a la firma de un nuevo acuerdo comercial con Canadá y México (USMCA) más favorable para EEUU. Pero sigue comportándose como un impetuoso aprendiz de brujo determinado a hacer saltar por los aires el orden multilateral vigente desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

Trump no estuvo en Davos. Pero su posición se hizo oír a través de una intervención del secretario de Estado Mikeo Pompeo que, por videoconferencia, defendió el nacionalismo y los liderazgos fuertes y criticó a las organizaciones multilaterales. Pero la apuesta estratégica de Trump tampoco le sirvió hasta hoy para corregir el alto déficit comercial de EEUU que, el pasado octubre, alcanzó los 630.000 millones de dólares, la mayor cifra en diez años, debido a una subida récord de las importaciones y a una bajada de las exportaciones. Y el detestado déficit comercial con China subió un 15% entre enero y octubre de 2018 respecto al mismo período del año anterior. La economía estadounidense creció un 2,9% en 2018 pero los desequilibrios internos persisten mientras Trump sigue buscando culpables en el exterior.

China desacelera

La ausencia de una delegación estadounidense en Davos dejó campo libre a un mayor protagonismo de China, representada por el vicepresidente Wang Quishan. Este reafirmó la apuesta china por el multilateralismo. Y aunque reconoció algunas dificultades económicas a corto plazo, se mostró optimista sobre la evolución de la economía china a medio y largo plazo, debido al alto potencial de desarrollo del gigante asiático y de la vasta región de Asia-Pacífico.

El PIB se desaceleró en 2018 hasta el 6,6%, el crecimiento más bajo desde 1990. Y en el cuarto trimestre creció solo un 6,4%. Las incertidumbres creadas por las tensiones comerciales se reflejaron en las caídas de las bolsas chinas. Y si las negociaciones con Washington no logran frenar las hostilidades, Pekín responderá estimulando aún más la economía, inyectando más dinero para reactivar el consumo interno y unas inversiones en más infraestructuras que incrementarán la elevada deuda del país. Y, si es preciso, Pekín seguirá depreciando el yuan para mantener la competitividad del sector exterior.

Japón presidirá el G20

El conflicto comercial EEUU-China perjudica indirectamente a otras economías avanzadas como Japón y Corea del Sur, muy dependientes del comercio exterior con el vecino chino. La menor demanda china afecta a la tercera economía mundial que afrontó un déficit comercial en 2018. El Brexit es otra mala noticia para Japón que firmó el 17 de julio de 2018 un acuerdo de libre comercio con la UE. Tokio intenta no depender tanto de los mercados de China y la UE y potencia su expansión en Asia-Pacífico. Shinzo Abe reconoció la importancia del Acuerdo Transpacífico (TPP) que, a pesar de la retirada de EEUU, ya entró en vigor entre los otros 11 estados firmantes. Abe también defendió en Davos la necesidad de una mayor cooperación internacional en el año en que Japón presidirá en junio en Osaka la próxima cumbre del G20. Y en 2020 acogerá los Juegos Olímpicos en Tokio.

Pero, las economías emergentes de Asia, América Latina y África también afrontan un doble golpe: por un lado, una apreciación del dólar que encarece sus importaciones y provocó una fuga de capitales que degradó sus finanzas y, por otro lado, una gradual depreciación del yuan que mina la competitividad de sus exportaciones frente a la fuerte competencia de las empresas chinas. Y cabrá seguir atentos a India, la quinta economía mundial, que celebrará unas elecciones legislativas en abril y mayo que previsiblemente serán otra vez ganadas por el primer ministro Narendra Modi.

La UE en una encrucijada

Ángela Merkel defendió en Davos el multilateralismo y pidió una reforma de las Instituciones Internacionales financieras (BM y FMI) y comerciales (OMC), que deberían representar mejor el nuevo equilibrio de poderes emergentes en un mundo cambiante. Y Merkel reafirmó su apuesta europeísta tras firmar con Macron, el 22 de enero en Aquisgrán, un nuevo tratado de alianza que confirma el eje franco-alemán. La UE sigue vigilante ante la marea proteccionista que perjudica a la región comercialmente más abierta del mundo.

La zona euro creció un 1,8% en 2018 y podría hacerlo en torno al 1,5% en 2019.  Dependerá mucho de cómo marche la economía alemana. Berlín ha rebajado su previsión de crecimiento para 2019 en solo un 1%. Es un año marcado por el fantasma de un Brexit sin acuerdo que golpearía a la industria alemana, principalmente al sector automovilístico.

Las economías europeas, muy endeudadas, ya no deberían contar con las antes masivas inyecciones de liquidez del Banco Central Europeo. El BCE alertó sobre la desaceleración económica aunque descartó que se avecine una nueva recesión. Pero, ante la persistencia de los riesgos políticos y económicos, es poco probable que el BCE suba el precio del dinero en septiembre, una decisión que podría demorarse hasta principios de 2020. Preocupan las políticas militares, monetarias y comerciales de un Trump muy crítico con Alemania. También las posiciones de Italia y de otros países centroeuropeos frente a Bruselas que están minando la cohesión interna de la Unión. Y hay que seguir muy vigilante frente a las presiones de la Rusia de un Vladimir Putin que, al igual que Trump, intenta debilitar la UE.

2019 es un año decisivo para una Europa pendiente del resultado de las elecciones europeas que se celebrarán entre los días 23 y 26 de mayo en los 27 Estados de la UE. Una subida de los partidos políticos de extrema derecha, populistas y anti europeístas en el Parlamento Europeo podría debilitar aún más las frágiles bases y equilibrios que hoy sustentan una UE envejecida que precisa urgentes reformas. El resultado electoral será clave en la renovación de los principales puestos de las instituciones comunitarias: la presidencia de la Comisión, del Consejo y del Banco Central Europeo.

Las ‘big tech’ deberán ceder

Google, Amazon, Facebook y Apple (GAFA) están en el punto de mira de los Gobiernos y de una opinión pública crítica con las prácticas de optimización fiscal de las grandes empresas multinacionales. En Davos se debatió sobre la fiscalidad, la regulación y la protección de datos de estos gigantes numéricos. Destacó la intervención del ministro de Economía francés Bruno La Maire que defendió la introducción de un impuesto mínimo para las grandes sociedades como un objetivo prioritario de la presidencia del G7 que Francia ostenta en 2019. La propuesta cuenta con el apoyo de Merkel pero afronta la oposición de Irlanda y Finlandia. Los GAFA deberán ceder y pagar más impuestos en los países donde operan y logran altos beneficios. Es el caso de Facebook que paga la mayor parte de los impuestos en EEUU mientras el 85% de sus usuarios están en otros países. En esta línea, la OCDE anunció el 29 de enero un acuerdo de principio apoyado por 127 países, entre ellos EEUU, para lograr aprobar unas normas fiscales internacionales comunes aplicables a los GAFA en 2020.

No recaer en errores del pasado

2019 es otro año de aniversarios: el 28 de junio se conmemorará el centenario de la firma del Tratado de Versalles que fracasó en 1919 en su intento de reordenar el mundo tras finalizar la Primera Guerra Mundial. El 1 de septiembre, se cumplirá el 80º aniversario del inicio de la devastadora Segunda Guerra Mundial en 1939. Y el 9 de noviembre se recordará el 30º aniversario de la caída del muro de Berlín en 1989 que cerró la Guerra Fría. Una oportunidad para una reflexión sobre los errores del pasado necesaria para evitar volver a recaer en otra guerra fría.