La escasez de ingresos, la aparición de gastos imprevistos o el peso de las deudas son los principales motivos aducidos para no poder ahorrar.

Texto de Albert Guivernau, profesor de Economía de la Universidad Abat Oliba CEU

A primera vista las cifras son alarmantemente bajas: el ahorro de los hogares españoles es un 60% inferior a la media de los países de la UE. En 2018 la tasa de ahorro de los hogares fue del 4,9%, la segunda a la cola de la zona euro, solo superando a Portugal, y muy lejos del 18% de ahorro de los alemanes. Otra cifra preocupante es la del 26,7% de españoles que afirman no poder ahorrar nada para afrontar posibles imprevistos o realizar pequeñas inversiones en el hogar. De hecho, el 86,4% afirma que cree no estar ahorrando lo suficiente.

¿Para qué ahorramos?

Los motivos para el ahorro pueden llegar a ser muy diversos, pero los principales suelen ser: garantizar un nivel de consumo futuro (por ejemplo, durante la jubilación), para la adquisición de vivienda u otros bienes de coste elevado, simplemente por acumulación de riqueza, o para hacer frente a la llegada de situaciones de crisis. En períodos de crisis económica tiende a aumentar el ahorro de las familias. En los años 2007 y 2008 el nivel de ahorro se situó alrededor del 10%, cifra que aumentó hasta el 18,5% en 2013. Este aumento del ahorro, entendido como no-consumo, supone una contracción de la demanda interna que acentúa la recesión. El porqué del aumento del ahorro responde a la asunción por parte de los agentes económicos de la permanencia en el tiempo de las expectativas negativas sobre la economía. De hecho, estos aumentos del ahorro en períodos de crisis pueden ralentizar la salida de la recesión. En este contexto, podemos entender las cifras de ahorro en 2018 (4,9%) como un signo positivo de confianza en las perspectivas económicas futuras, que propicia el aumento del endeudamiento de las familias.

¿Por qué no ahorramos más?

Existe un primer motivo obvio, y es que el ahorro está directamente relacionado con el nivel de ingresos de los hogares –que en España son notablemente inferiores a los de muchos países de la zona euro–; y con el nivel de gastos, que en nuestro país son –proporcionalmente a los ingresos– muy elevados. Los niveles bajos de ingresos vienen derivados principalmente por niveles bajos de salarios, estancados por la alta tasa de paro existente en nuestro país. Esta elevada tasa de paro desincentiva cualquier tipo de subida salarial por parte de los empleadores, conocedores de la facilidad de disposición de mano de obra. Un ejemplo que puede ilustrar la gravedad de la situación es el de Estados Unidos. La economía americana logró volver a una tasa de paro anterior a la crisis de 2007 en tan solo 2 años, mientras que en España 12 años después aún no hemos logrado volver a la cifra de paro anterior a la crisis. Merecería otro artículo aparte analizar por qué España en sus mejores momentos económicos presenta una tasa de paro estructural del 8% mientras que la de EE.UU se sitúa en el 4%.

En la vertiente del aumento del nivel de gastos de las familias podemos encontrar buena parte de las explicaciones en el aumento del precio de los alquileres, principalmente en las grandes ciudades, donde también se concentra el mayor número de empleos. Según un informe reciente de la Fundación BBVA, el mercado de la vivienda ha experimentado cambios notables desde el inicio de la crisis: comprar cuesta un 21% menos que en 2007, y alquilar un 11% más. Este cambio se debe fundamentalmente a dos motivos: el endurecimiento de las condiciones para obtener una hipoteca en el sector financiero español, que suele exigir aportar un 20% del valor de la compra, más impuestos y gastos derivados (otro 10%), propiciando una disminución del número de propietarios y un aumento notable de las personas que sólo pueden optar a vivir en régimen de alquiler. Este aumento de la necesidad de vivienda en alquiler ha impulsado un fuerte incremento en el precio de los alquileres.

Entre los motivos que aducen los españoles para su falta de ahorro, el 49% habla de escasez de ingresos, el 36% de aparición de gastos imprevistos, el 12% del peso de otras deudas y el 3% de la necesidad de apoyar a terceros, principalmente familiares.

¿Qué costes se asocian al ahorro?

A nivel macroeconómico el aumento del nivel de ahorro puede frenar el crecimiento económico o –en períodos de crisis– acentuar la recesión, ya que paraliza la circulación de unos recursos monetarios que de otro modo contribuirían al flujo de creación de riqueza entre agentes económicos.

A nivel microeconómico el coste más evidente es el conocido como coste de oportunidad: el dinero que destinamos al ahorro no lo podremos destinar a otros fines. Además, el sistema financiero ofrece cada vez menos incentivos al ahorro que no derive en inversión en sus productos financieros.

Otro coste que afrontamos al ahorrar, aunque a simple vista pueda parecer invisible, es la pérdida del valor del dinero ahorrado por los efectos derivados de la inflación. Por ejemplo, supongamos que una persona ahorró 1.000 dólares en EE.UU. en 2002 y los dejó en su cuenta corriente o en la caja fuerte de su domicilio hasta 2017. Para plasmar la pérdida de poder adquisitivo podemos tomar como modelo un producto similar y reconocible en muchos países: el Big Mac de McDonald’s. El precio en 2002 era de 2,49 dólares mientras que en 2017 era de 5,66 dólares. En 2002 con los 1.000 dólares el ahorrador podía haber comprado 401 unidades de Big Mac, mientras que con esos mismos 1.000 dólares en 2017 sólo podría comprar 176 unidades. El poder adquisitivo de esos 1.000 dólares durante los 15 años en que se han ahorrado ha caído a menos de la mitad.

¿Y si hay una nueva recesión?

Antes del estallido de la crisis de 2008, la tasa de ahorro de los hogares había caído hasta mínimos históricos. Las familias eran muy optimistas respecto a la situación económica, desoyendo algunas advertencias sobre la tendencia negativa en la economía global. También desde el gobierno y algunas instituciones se alimentaron esas expectativas empeñándose en trasladar a la opinión pública que todo iba bien. En ese contexto el presidente del gobierno pronunció la célebre frase “estamos en la Champions League de la economía mundial”. En la historia reciente la economía española ha demostrado llevar el ciclo económico desacompasado frente al de las principales economías occidentales. En 2007 la crisis financiera llegó a España en plena fase de expansión de la burbuja inmobiliaria, precipitando una mayor caída de la actividad económica que en países vecinos. A día de hoy el ciclo económico de España sigue desacompasado. Mientras en los principales países de la zona euro se ha optado por una reducción del apalancamiento y un aumento del ahorro, en España se acentúa el endeudamiento de las familias y se reduce el ahorro. Según datos del Banco de España en 2018 la deuda de los hogares ascendió hasta los 713.000 millones de euros, 900 millones de euros más que el año anterior. Las grandes diferencias existentes entre la evolución del ahorro de España –en disminución– y los diferentes países de la zona euro –en aumento– es una señal inequívoca de esta falta de sincronización. En caso de una nueva crisis este hecho puede amplificar el impacto del shock externo ya que podría sorprendernos con el pie cambiado, combinando una reducción de la demanda interna y externa con la dificultad de acceso al crédito por el elevado nivel de endeudamiento previo.

En España, solo las empresas han podido reducir su endeudamiento a costa de reducir su nivel de inversión, comprometiendo en parte su competitividad futura. Por su lado, tanto hogares como instituciones públicas siguen aumentando sus niveles de deuda. Este hecho arroja un aumento global del endeudamiento del país. Según datos del Banco de España en el último año, este volumen de deuda global de los diferentes agentes económicos ha crecido en 18.800 millones de euros, el mayor aumento desde la crisis de deuda soberana de 2010-2012 que afectó muy directamente a España.

Conclusiones sobre el ahorro

La primera es recordarnos que –por obvio que parezca– el nivel de ahorro de las familias (más concretamente su capacidad de ahorro) mantiene una fuerte correlación con su nivel de ingresos; y este nivel de ingresos está directamente relacionado con el mercado de trabajo y el nivel de paro. A mayor número de parados, menos incentivos tendrán los empleadores para subir salarios. La elevada tasa de paro en nuestro país debería ser la principal prioridad del próximo gobierno ya que su disminución sería el principal motor de cambios positivos para la economía. Una notable reducción de la tasa de paro presentaría un efecto muy positivo en el aumento del nivel salarial, la competitividad, el consumo de las familias (y el consiguiente aumento de la actividad económica), así como de la capacidad de ahorro descrita en el texto.

La economía española debe mirarse al espejo y hacerse dos preguntas que pueden marcar las perspectivas del país ante una futura crisis económica: ¿durante cuánto tiempo más podremos aguantar las cifras del actual crecimiento económico y la falta de sincronización del ciclo económico con las principales economías del euro?; y en segundo lugar, ¿seremos capaces de obtener unos niveles de paro y ahorro razonables antes de que llegue una nueva recesión para que no nos encuentre sin reservas ni capacidad de reacción?

Como conclusión final, la correcta gestión del ahorro es una asignatura pendiente en nuestro país; como también lo son la elevada tasa de paro y el estancamiento salarial, que frenan tanto el consumo interno como el ahorro.