Entre las economías más avanzadas, España es la que muestra un salario mínimo más alejado del salario medio del país.

Por Josep Lladós, profesor de Economía en la UOC.

Una de las medidas más controvertidas del llamado giro social del Gobierno ha sido el apreciable aumento del salario mínimo, hasta los 900 euros mensuales. Algunas instituciones, incluido el Banco de España, se apremiaron raudas y prestas a pronosticar terribles calamidades en el mercado laboral, en forma de destrucción de empleo y aumento de la economía sumergida, ambas inducidas por el encarecimiento del 22% en el tramo inferior de la escala salarial.

Pasados unos meses, es posible realizar una reflexión más pausada de sus efectos. En realidad, la inmensa mayoría de nuestros socios comerciales preferentes dispone de una legislación sobre salario mínimo, lo que nos proporciona algunas referencias útiles para comprender los efectos de dichas medidas.

Es importante tener en consideración que las economías europeas más relevantes disponen de un salario mínimo sensiblemente superior al nuestro. Cierto es que en dichas economías los niveles de productividad laboral son mejores pero también que, una vez corregidas las diferencias internacionales en el coste de vida, nuestro salario mínimo es un 25-30% inferior. Significativamente, entre las economías más avanzadas, España es la que muestra un salario mínimo más alejado del salario medio del país. Y éste es precisamente uno de los principales objetivos de la medida aprobada: la lucha contra la creciente disparidad salarial.

La devaluación de rentas y ocupación causada por la reciente crisis financiera ha agravado sensiblemente la desigualdad social en España, pues el grueso del ajuste recayó en el trabajo de menor cualificación. La reactivación económica posterior ha agravado la segmentación laboral, en detrimento de ciertos empleos y ocupaciones. El cambio tecnológico además se complementa mucho mejor con el empleo más cualificado, de modo que el sesgo en contra de las oportunidades y condiciones laborales para las personas menos formadas es importante.

De ese modo, el aumento del salario mínimo beneficia a personas con empleos más vulnerables en España, particularmente en ocupaciones elementales o ejerciendo tareas relacionadas con el comercio, el alojamiento turístico y la atención al público. Son lugares de trabajo característicos de empresas de pequeña dimensión, ocupados principalmente por mujeres, personas jóvenes y generalmente sin educación universitaria.

Además de los efectos de una mayor equidad en la distribución de la renta y una reducción de la brecha de género podrían esperarse también efectos favorables sobre el consumo inducidos por el aumento de las rentas más bajas. No es poca cosa. ¿De dónde surgen pues las críticas? De la posibilidad de destrucción de empleo debido al encarecimiento de la mano de obra menos productiva.

Este riesgo procedería de la decisión de las empresas de compensar el alza salarial con medidas que mejoren la productividad, mediante el uso de tecnologías menos dependientes del trabajo humano. La evidencia empírica nos demuestra que, en realidad, los efectos de las alzas del salario mínimo sobre el nivel agregado de empleo en la economías afectadas son muy reducidos. Dependerán de la cantidad de trabajo afectado por el aumento salarial. Dado que, en el caso del mercado laboral español, esta cifra se situaría en el entorno de apenas el 10% del empleo, el impacto agregado sería necesariamente reducido. También, de la capacidad de las empresas afectadas para implementar cambios organizativos y medidas de ahorro de costes que mejoren la eficiencia productiva sin necesidad de ajustar el empleo. O de las ganancias de productividad derivadas de un mayor esfuerzo por parte de unos trabajadores más motivados.

El empleo agregado ha crecido considerablemente a lo largo del año, aunque no todas las empresas tengan la misma capacidad para compensar el alza salarial con mejoras de productividad, sobre todo cuando el aumento del salario mínimo resulta abrupto. Ése es probablemente el talón de Aquiles del cambio legislativo ya que la evidencia empírica nos demuestra que los impactos son más favorables cuando el alza salarial se efectúa en un contexto de crecimiento económico, de una forma gradual y con un cierto grado de flexibilidad.

Será difícil, sin embargo, evaluar certeramente sus efectos finales, pues éstos dependerán de cómo se afecten las probabilidades de empleo del trabajo menos cualificado. Y, en la tesitura actual, con desaceleración económica, éstas se verán perjudicadas, con independencia del nivel salarial. La oportunidad de la medida puede verse comprometida, pues, si el cambio de ciclo económico se confirma.