Autor: JOSEP LLADÓS / Profesor de Economía (UOC)

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El admirable Stephen Hawking no sólo nos ha legado para la eternidad valiosos conocimientos científicos, también numerosas sentencias célebres. Cabría aplicar ésta a las economías de mercado que se rigen por ciclos económicos de distinta naturaleza y duración, pues auges y crisis se alternan y nunca duran para siempre. ¿Está ya en vías de extinción la recuperación económica vigente?

Nada emerge de la coyuntura económica actual que anuncie un cambio de ciclo inminente. Las perspectivas económicas de la eurozona son robustas y anuncian un crecimiento más equilibrado, no se atisban indicios de sobrecalentamiento, la expansión al otro lado del Atlántico y los niveles de confianza continúan siendo vigorosos, la reactivación japonesa mejora y China lidera los procesos de apertura comercial.

Sin embargo, los virtuosos en el complejo arte de la predicción económica saben muy bien que se debe observar el horizonte siempre con mira de largo alcance y atender a los riesgos y vulnerabilidades latentes. Es en este ejercicio donde se perciben factores dignos de atención que son intrínsecos a las políticas económicas. La tenue reactivación de la eurozona bebió de unos vientos favorables que recientemente han remitido y alterado la procedencia. Los programas de expansión monetaria y compras de activos han aminorado su intensidad e incluso iniciado una progresiva rescisión, el efecto favorable en las exportaciones de la depreciación del euro se ha revertido completamente ante las incertidumbres sobre la evolución de las finanzas públicas norteamericanas, el batacazo en el precio del petróleo tocó suelo tiempo atrás y las mejoras en el coste laboral unitario asociadas al ajuste salarial ya han dado todo de sí. Además, una vez apretado el botón de la cuenta atrás e iniciado el complejo proceso de negociación, el anunciado Brexit irreversiblemente va camino de dejar sus efectos dolorosos en ambas partes del divorcio. Y aunque la debilidad negociadora británica apunte hacia un desenlace soft, pronto descubriremos que en economía nada es gratis.

“¿Está ya en vías de extinción la recuperación económica vigente?”

Mientras tanto, la ensordecedora Trumponomics aumenta el riesgo de avalanchas en los mercados internacionales. Por un lado, anunciando medidas proteccionistas ante sus principales socios económicos, en un contexto de crecimiento raquítico del comercio internacional. Aunque ciertamente los propios norteamericanos parecerían ser los más perjudicados en el contencioso con China y en realidad la desaceleración comercial es menor cuando se elimina el efecto del descenso de precios de las materias primas, los análisis de los cambios en las cadenas globales de valor nos muestran que el frenazo es consecuencia no tanto de la desaceleración global como del progresivo viraje de la economía china hacia los servicios y de una creciente sustitución de sus importaciones por proveedores locales. Es esencial comprender y asumir que comercio e inversión internacional transfieren productos y capital, pero también tecnología y conocimientos. Por el otro, pese a confirmar plenamente la política emprendida por su predecesora, la llegada de Jerome Powell a la Reserva Federal indudablemente reajusta las expectativas sobre la evolución de los tipos de interés y los riesgos de inflación. Los mercados financieros descontaron tiempo atrás el impacto de unos cambios en política fiscal norteamericana que apenas han empezado a producirse. Ahora, cualquier sorpresa en la evolución macroeconómica futura conllevará riesgos de volatilidad elevados.

Pero la contingencia probablemente más estremecedora sea la desconfianza sobre el aprendizaje de las lecciones de la crisis financiera pues, con los elevados niveles de deuda pública existentes, el margen de actuación ante un nuevo revés económico es mucho más reducido. Debería atemorizarnos la ausencia de consenso político en Europa para diseñar nuevos mecanismos de respuesta ante una crisis asimétrica, una unión bancaria que avanza a trompicones, una unión económica inoperante con un presupuesto irrisorio, los magros avances en la calidad de los organismos reguladores y la lamentable ausencia de debate y propuestas en la lucha contra la desigualdad social.

En este contexto, no parece tan relevante debatir la probabilidad de una crisis inminente como asumir que transitamos en un entorno con factores exógenos menos favorables, más tensiones distributivas, urgencias apremiantes en productividad y mayores riesgos de turbulencias financieras. Rememorando al maestro, aunque dispongamos de un margen de mil años antes de autodestruirnos, no olvidemos que la inteligencia es la habilidad para adaptarse a los cambios.