El impulso de la inversión productiva y la promoción del trabajo cualificado son claves para un futuro económico más prometedor.

Texto de Joan Ripoll, doctor en Economía Internacional (Departamento de Empresa y Economía de la Universidad Abat Oliba-CEU).

Después de un período de cinco años de crecimiento positivo e ininterrumpido de la producción, con tasas ligeramente superiores al 2%, la economía catalana, entre 2014 y 2019, ha ido dejando atrás los efectos de la peor crisis en la historia reciente del país.

Durante este período, y a pesar de la inestabilidad política, se han recuperado los niveles de empleo y paro previos a 2008, la inflación permanece en niveles moderados, empresas y familias han reducido su nivel de endeudamiento, las finanzas públicas de la Generalitat se han saneado ostensiblemente y el empuje de las exportaciones es muy remarcable.

Sin embargo, en los últimos trimestres de 2019, el dinamismo de la actividad económica se ha ralentizado progresivamente como consecuencia de condicionantes externos como la guerra comercial y tecnológica entre EEUU y China, la incertidumbre del Brexit o las tensiones geopolíticas en Irán y Hong Kong; pero también a raíz de una serie de factores internos que denotan la madurez del ciclo económico actual.

En este contexto de incertidumbre, y a pesar de los avances evidentes alcanzados durante esta fase de recuperación, en la economía catalana persisten algunas vulnerabilidades y déficits estructurales sobre las que resulta pertinente reflexionar, con una cierta perspectiva histórica, apuntando diez observaciones y una coda.

Primera

En las últimas décadas, los períodos de crecimiento económico (a corto plazo) en los países avanzados han sido asociados a la expansión del crédito bancario. Catalunya no ha sido ajena a esta dinámica perturbadora que se ha traducido en ciclos económicos volátiles e inestables.

La renovación del programa de compra de activos anunciada por el BCE supone una noticia esperanzadora, pero consagra nuevamente el banco central como “proveedor último de liquidez”; un extremo que conlleva un riesgo latente de expansión crediticia y endeudamiento privado excesivos que son siempre difíciles de manejar; al mismo tiempo también evidencia las dificultades de impulsar una dinámica de crecimiento sostenida a largo plazo.

Segunda

El crecimiento económico a largo plazo o crecimiento potencial se sustenta en tres pilares fundamentales: el factor trabajo, la dotación de capital físico y el progreso técnico. Es precisamente la evolución de estos tres elementos la que permite explicar este “crecimiento mediocre” a largo plazo. Así, el progresivo envejecimiento de la población en Catalunya, en España, en Estados Unidos, o en Japón, pero también en países emergentes como China, reduce la población activa y limita las posibilidades de producción potencial futuro; además de restringir el consumo y la demanda futuros.

La dotación de capital físico, entendida como maquinaria e instalaciones técnicas, y su renovación a lo largo del tiempo está directamente relacionada con la inversión empresarial. Asimismo, esta inversión dependerá del nivel de ahorro nacional. Pero, la contribución del capital físico al crecimiento económico a largo plazo se ha visto reducida como consecuencia del elevado nivel de endeudamiento privado y público, comprometiéndose la capacidad de financiación de la inversión empresarial. Además, el consumo privado se ha erigido secularmente en el principal motor de la economía catalana. Esto resulta preocupante porque enmascara la importancia de la inversión en bienes de capital tangibles e intangibles como referencia del crecimiento sólido a largo plazo y la trascendencia del ahorro privado en la financiación estable de esta inversión.

Finalmente, el progreso técnico, vinculado a innovaciones de proceso o de producto, resulta determinante para la productividad empresarial y contribuye a la mejora del crecimiento potencial. Como a menudo destaca el premio Nobel de economía, Paul Krugman, la productividad no lo es todo, pero a largo plazo lo es casi todo. En comparación con los países de la UE-28, la notable tasa de fracaso escolar, el abandono prematuro del sistema educativo, los déficits en formación dual y permanente, el menor gasto en investigación, desarrollo e innovación (I + D + i) condicionan notablemente la mejora de la productividad de la economía catalana.

Tercera

El crecimiento regularmente ha girado en torno actividades intensivas en trabajo poco calificado como la industria de la construcción y los servicios vinculados con el comercio minorista, la hostelería y la restauración y la promoción inmobiliaria, en detrimento de la industria manufacturera. El resultado ha sido un crecimiento extensivo basado en la acumulación de empleados (crecimiento por “transpiración”) y no tanto en la mejora continua de la productividad (crecimiento por “inspiración”). Este extremo explica una dinámica singular, propia de la economía catalana y española. En nuestro país, a diferencia de otras economías avanzadas, la creación de empleo en los períodos de expansión supera con creces el crecimiento de la producción y, por tanto, la productividad por empleado tiende a disminuir. Esto muestra que el empleo se concentra en sectores de trabajo intensivos con escasa cualificación.

Cuarta

El corolario de esta tendencia es que resulta fundamental apostar por la inversión en educación y la mejora de la formación. Sólo así será posible corregir unos de los problemas estructurales (latentes) de la población activa en Catalunya: la escasa importancia de la población con estudios técnicos de grado intermedio. Catalunya es una de las regiones de la UE con una mayor proporción de población con estudios superiores y con una mayor proporción de población con estudios básicos. Sin embargo, la potencia industrial de una economía se mide, paradójicamente, en términos de esta formación intermedia. Alemania, Japón, Suecia, Holanda o Estados Unidos son claros ejemplos de este extremo.

Quinta

La expansión reciente de las exportaciones de mercancías y unas menores importaciones son imputables en buena parte a la devaluación interna propiciada por las reducciones salariales. Ahora bien, estas ganancias de competitividad tienen una limitación evidente ya que suponen estimular la demanda externa a costa de deprimir la demanda interna. Por lo tanto, la mejora de competitividad por la vía de los precios debería ser sólo un recurso temporal para ganar tiempo y acabar desarrollando estrategias e inversiones que sitúen a la economía en una trayectoria de productividad creciente, y huyendo de un patrón productivo y comercial basado en la contención del coste laboral.

Sexta

El 95% de las empresas en Catalunya son microempresas (menos de 10 empleados). Esta atomización del tejido empresarial, muy dependiente del crédito bancario, impone una capacidad de producción muy limitada que condiciona la posibilidad de realizar inversiones en recursos materiales y humanos. Los resultados son una competitividad internacional limitada, baja productividad, escasa innovación y un nivel tecnológico precario.

Séptima

Las tres últimas décadas han supuesto para el sector manufacturero en general, y para las pymes en particular, una serie de oportunidades perdidas en nombre de la transformación de actividades de demanda débil e intensidad tecnológica baja en actividades de demanda media-alta y con una intensidad tecnológica alta, capaces de beneficiarse del cambio de paradigma en la organización empresarial a nivel global, introducida por la modularización de la producción, la especialización vertical y la creciente importancia del comercio internacional de bienes intermedios o servicios muy específicos en detrimento del intercambio de bienes finales, que ha permitido la aparición de cadenas de valor globales.

Este patrón de especialización productiva se ha mantenido prácticamente inalterado durante los últimos 25 años, en gran parte por la baja cualificación profesional de los trabajadores y porque la micro-dimensión de buena parte del tejido industrial español siempre ha dificultado la financiación de inversiones cuantiosas.

Octava

La creación de nuevos puestos de trabajo ha ido acompañada de un aumento del ratio de temporalidad hasta el 22%, pues los puestos de trabajo asociados a contratos temporales han crecido a un ritmo superior a la contratación indefinida. Este extremo tiende a perpetuar la dualidad del mercado laboral español y la precariedad en el empleo. También destaca el elevado porcentaje de trabajo a tiempo parcial que es involuntario (más de un 50%), así como la alta rotación de los trabajadores temporales, que concentran muchos contratos de muy corta duración. Además, persiste la brecha salarial entre hombres y mujeres en valores en torno al 15%.

Novena

Se han alcanzado niveles de empleo y paro previos a la crisis de 2007. Con todo, la tasa de desempleo es bastante elevada comparada con los estándares de los países OCDE. Hay un problema de paro de larga duración que afecta especialmente a jóvenes, mayores de 50 años y personas con escasa formación. Ciertamente la actividad económica se ha recuperado, pero la conciliación de oferta y demanda en el mercado laboral, en muchos casos, es irresoluble por la falta de adecuación entre las necesidades de las empresas y la cualificación de las personas en paro.

Décima

La conjunción elevado desempleo y generación de puestos de trabajo fundamentada sobre todo en la contratación precaria (contratos temporales y/o a tiempo parcial) y los recortes en las prestaciones públicas han derivado en una creciente desigualdad social. Los niveles de pobreza monetaria en Catalunya son similares a los del resto de España (21,3%), pero más elevados que en la UE-28 (16,9%). Los grupos que más la sufren son los extranjeros, los hogares monoparentales y los parados. Paliar esta desigualdad social y garantizar la prestación de servicios del Estado exigen una mayor equidad fiscal. Esta equidad fiscal pasa por luchar contra el fraude y la elusión fiscal pero también por aumentar la calidad de las instituciones, erradicando el clientelismo político y la corrupción que conlleva.

Coda

Sólo seremos competitivos si somos más productivos. La esperanza en un futuro económico más prometedor para Catalunya reside en el impulso de la inversión productiva y el ahorro privado, la mejora en la formación y la promoción del trabajo cualificado, pilares para promover un crecimiento sostenible e inclusivo que favorezca la equidad en la distribución de la renta.