Para seguir llenando de vida los barrios, generar empleo, aportar sostenibilidad al consumo, crear una ciudad cercana y contribuir a la economía de la ciudad.

Texto de Salva Vendrell, presidente Barcelona Comerç.

Con la incertidumbre, las dudas, y la inseguridad todavía como leitmotiv de nuestro día a día, se cumple un año que nadie podría haber imaginado. Una pandemia global ha puesto el mundo al revés, se está cobrando miles de vidas y ha golpeado muy duramente y lo sigue haciendo a toda la actividad económica, incluido, claro está, el comercio.

En Barcelona, en este año, un 7,5% de las tiendas y servicios de los 22 ejes comerciales de proximidad que engloba Barcelona Comerç han tenido que bajar definitivamente sus persianas, sin posibilidad de seguir adelante. Esto es un total de 415 comercios que han cesado su actividad en estos territorios y cerca de un millar de personas más en el paro. La restauración, las tiendas de moda y los centros de estética se llevan la palma en bajas, pero otros sectores como las academias de idiomas, las zapaterías y en general todo el comercio no relacionado directamente con los productos esenciales registran también cierres.

Las restricciones y la contención del gasto de los compradores han marcado claramente las ventas de los primeros meses de este 2021, dando continuidad a la tendencia iniciada tras el confinamiento total vivido durante la primera ola de la pandemia. En más del 80% de nuestros ejes comerciales, los comercios han registrado caídas de ventas durante las rebajas de enero. De media, esta caída se ha situado en torno al 21%, aunque en un 18% de los casos el descenso ha sido significativamente más importante y se acerca al 65%, respecto a las rebajas de enero de 2020.

Unas cifras muy preocupantes que podrían empeorar si se alargan las restricciones que no permiten al comercio no esencial abrir los sábados, uno de los días más importante de venta no recurrente en nuestros establecimientos. Los stocks en las tiendas no se acaban y quien está al límite está aguantando todo lo que puede para intentar recuperar el máximo de liquidez. Quién lo conseguirá y quién no, lo veremos pronto, durante el segundo trimestre del año, cuando tendremos sobre la mesa las consecuencias de las restricciones de los primeros meses de este 2021.

Ahora bien, si hay algo de lo que nos debemos sentir orgullosos, es de la fortaleza que están demostrando los ejes comerciales de proximidad de Barcelona, que a pesar de todo, y del drama que supone cerca de medio millar de tiendas cerradas en un año, están resistiendo mucho mejor la embestida que los comercios de otros puntos de la ciudad.

Según el resultado de nuestras encuestas periódicas, el índice de cierres es más alto entre los comercios no asociados y los situados fuera de los límites de estos territorios que entre los que sí lo están, lo que avala la fuerza del asociacionismo y la capacidad de los ejes para dinamizar y fortalecer el tejido comercial.

Es en este sentido que desde Barcelona Comerç estamos convencidos del paso adelante que representará para esta capacidad dinamizadora de nuestros ejes comerciales los APEU (Áreas de Promoción Económica Urbanas). Este es un modelo de gestión público-privada para la promoción de zonas con alta concentración de actividad comercial en el que nuestra organización lleva años trabajando para su despliegue en Barcelona. Apostamos por ellos tanto como respuesta a la evolución natural de los ejes comerciales como por las numerosas razones que a nivel económico, urbanístico, ambiental y social aconsejan mantener y potenciar el comercio en el interior de las ciudades.

La reconversión comercial a la que nos enfrentamos en estos momentos, precipitada por las circunstancias actuales, nos obliga a adaptarnos en tiempo récord a las nuevas exigencias de servicio, digitalización y conectividad con el cliente, y requiere, más que nunca, de un compromiso firme de nuestros gobiernos para que su materialización sea posible. Necesitamos inversión, formación y recursos, además de planes específicos que nos acompañen en este camino, tal y como se hizo en su momento, por ejemplo, con otros sectores como la industria.

El rol de nuestros establecimientos físicos está cambiando y lo hará todavía más a medio plazo y este es otro gran reto que deberemos superar. La omnicanalidad le está otorgando un nuevo papel a nuestras tiendas, en las que el servicio y, sobre todo, la experiencia de compra representan valores competitivos muy importantes. En el comercio se impone una forma de hacer totalmente profesionalizada y ajustada a la nueva demanda. Y es en este sentido que creemos que resulta necesaria una reforma del mercado laboral que apueste por la calificación profesional en el comercio y haga visible esta transformación.

En este nuevo marco se requieren, también, soluciones urgentes a problemas actuales que empiezan a enquistarse, los cuales, si no se resuelven, no harán más que frenar cualquier intento por avanzar. Es imprescindible, por ejemplo, la equiparación de la fiscalidad de las transacciones comerciales con independencia del canal de venta empleado y de la ubicación de la sede de la empresa que vende el producto u ofrece el servicio. Hay que dejar de dar cobertura a la competencia desleal.

Necesitamos, también, que se restituya la ley catalana de comercio suspendida por el Tribunal Constitucional desde el año 2017, y que se empiece a aplicar con las modificaciones que sean necesarias de acuerdo con las nuevas circunstancias derivadas de cinco años de suspensión. Y hace falta, además, diseñar mecanismos legislativos y fiscales que acompañen a la actividad comercial y no la penalicen más.

Solo una reafirmación clara y absoluta de apoyo a la actividad económica, basada en políticas activas y ajustadas realmente a las necesidades de nuestro sector y que, además, se mantenga en el tiempo, puede dotar de seguridad y certeza a nuestras decisiones empresariales para poder, así, seguir con nuestros comercios abiertos.

Extendemos la mano para trabajar juntos. Desde el sector estamos dispuestos a colaborar en todo lo necesario para seguir llenando de vida los barrios, generar empleo, aportar sostenibilidad al consumo, crear una ciudad cercana y contribuir a la economía de Barcelona.