De la no gratuidad de las bolsas de plástico a su progresiva eliminación en todos los comercios.

Autora: Marta Burgués, redactora de Cataluña Económica

Cada español consume 144 bolsas de plástico anuales y el 90% de ellas son de un solo uso. Es parte de nuestra contribución a los 500 millones de toneladas de residuos plásticos que, según Greenpeace, se generarán en el mundo en 2020, con el consiguiente efecto en el planeta. Con el fin de reducir este impacto, se buscan soluciones, y una de ellas es la aplicación, el 1 de julio, del Real Decreto sobre reducción del consumo de bolsas de plástico que, en concreto, especifica su no gratuidad en los comercios.

Cobrar las bolsas de plástico en los establecimientos no es algo nuevo, pero sí su obligatoriedad, pues hasta ahora se trataba de una medida voluntaria que ya habían adoptado algunos comercios. La Asociación Española de Distribuidoras, Autoservicios y Supermercados (Asedas) especifica que desde 2012 se ha hecho un gran esfuerzo al respecto, puesto que la gran mayoría de supermercados ya había puesto en funcionamiento mecanismos para reducir el uso de bolsas de plástico con, por ejemplo, bolsas reutilizables, espacio para los carritos de la compra, cajas de cartón para llevar los productos en el coche, etc. Según Asedas, con estas medidas, los supermercados lograron reducir el 85% de las bolsas de plástico de un solo uso.

La nueva normativa del 1 de julio permite hacerlo extensivo a cualquier comercio o servicio que ponga bolsas de plástico de un solo uso a disposición del consumidor. Estas normas son comunitarias y los países deben adoptarlas”, explica su director general, Ignacio García Magarzo.

Hacia la prohibición

Los siguientes pasos a seguir son la aplicación de la legislación europea. En 2020, las bolsas de plástico gruesas deberán contener al menos un 50% de plástico reciclado y se prohibirán las de plástico fragmentable, por su contenido en aditivos que suponen un alto impacto ambiental. En 2021, se prohibirán las bolsas de plástico ligeras y muy ligeras, exceptuándose las compostables, estableciendo así la obligatoriedad de que las bolsas de plástico ligeras y muy ligeras sean sólo compostables. Esto puede suponer el fin de la venta de bolsas de plástico en los comercios. “A los supermercados nos corresponde sustituir este tipo de envases que se utilizan para transportar productos con determinadas características, como por ejemplo alimentos con un alto porcentaje de agua, ya que evitan contaminaciones que pueden llegar a ser peligrosas para el consumidor. Tenemos que buscar soluciones entre todos”, especifica Ignacio García Magarzo, de Asedas.

Las normativas sobre bolsas de plástico en los comercios ya habían sido adoptadas hace tiempo por algunas comunidades autónomas como Cataluña o Andalucía. El Pacto por la Bolsa en Cataluña supuso una experiencia pionera porque estableció, ya en 2009, un marco de colaboración entre la Administración catalana y todas las organizaciones de la distribución y la fabricación con presencia en Cataluña y España con el objetivo de reducir el consumo de bolsas de asas de un solo uso en un 50% en 2012. Los resultados de un estudio de la Agencia Catalana de Residuos lo confirmaron, ya que el consumo anual de cada catalán pasó de 327 bolsas a 156 (de 2,6 kg de plástico por habitante en 2007 a 1 kg en 2012). Cataluña tenía previsto aplicar la normativa que debía desarrollar la prohibición de la distribución gratuita de bolsas de plástico ya en 2016, pero dada la imposibilidad de disponer de la normativa se estableció el pago voluntario de las bolsas de plástico.

Qué hacen los supermercados

El objetivo del Gobierno es promover el uso de plástico reciclado y compostable, si bien cada establecimiento puede ir más allá y utilizar otros materiales alternativos en pro del medio ambiente. “Las bolsas compostables pueden ser una opción, pero también se le debe facilitar al consumidor la manera de reciclarlas, y su lugar es la basura orgánica. Se trata de buscar los materiales con menos impacto medioambiental y con un ciclo de vida más adecuado”, apunta el responsable de Asedas.

En base a ello, algunos establecimientos ya se adelantan a la normativa europea, y están eliminando las bolsas de plástico. Es el caso de Mercadona, que ya las ha sustituido por bolsas de papel o de plástico reciclado en 66 supermercados de España. Desde que en 2011 fuera la primera empresa de su sector en introducir iniciativas para reducir la utilización de las bolsas de plástico de un solo uso, busca ahora ir sustituyendo este tipo de bolsas en todos sus supermercados en 2019. Así, elimina las bolsas de plástico grandes y pequeñas, al introducir, como alternativa, las de papel y las reutilizables elaboradas con plástico reciclable en un 50-70%. Además de ello, Mercadona también mantiene las cestas de rafia.

A favor del medio ambiente

A nivel mundial, todos los años acaban en los océanos de 5 a 13 millones de toneladas de plásticos, entre el 1,5 y el 4% de la producción total (solo en las aguas de la UE entre 150.000 y 500.000 toneladas anualmente). Y mucha de esa basura son bolsas. El 89% de las bolsas de plástico sólo se usa una vez, en concreto entre 12 y 25 minutos de media, pero tardan entre 100 y 500 años en descomponerse totalmente.

Por ello el Real Decreto aplicado por el Gobierno es un primer paso para liberar a la naturaleza de los residuos plásticos y sensibilizar a los consumidores de la importancia de reducir su consumo. Según el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, España se convierte así en uno de los tres países europeos (junto a Francia e Italia) en que se prohíben las bolsas de plástico ligeras y muy ligeras (salvo las compostables), y el único entre ellos que establece un contenido mínimo de plástico reciclado para las gruesas (más de 50 micras).

Con esto se quiere evitar el abandono del plástico en el medio ambiente, reducir la generación estos residuos, aumentar la tasa de reciclaje y su reutilización, y fomentar la generación de plástico reciclado de calidad para aumentar su uso en todos los sectores productivos. “El objetivo de la economía circular es que no haya ningún residuo o que todos los residuos, en la medida de lo posible, se aprovechen, que se conviertan por ejemplo en energía y que todos tomemos conciencia de que debemos contribuir a una forma más eficiente de utilizar los recursos que tenemos”, explica el director de Asedas. Desde la esta asociación inciden en que son muy importantes las políticas de prevención, de concienciación y también las de residuos. “Los beneficios son para todos: para el medio ambiente y para la sociedad en general”.