¿Es esta nueva generación de ‘traders’, que operan a través de ‘apps’ y son amantes del riesgo, una nueva corriente frente al mercado de valores tradicional?

Por Landon Odle

A finales de enero, el mercado de valores daba mucho que hablar: las grandes empresas estaban empezando a anunciar sus ganancias para el último trimestre de 2020, Pfizer anunció noticias positivas sobre su suministro de vacunas, y el nuevo presidente americano Joe Biden estaba eligiendo el equipo que guiaría la economía más grande del mundo durante los cuatro años siguientes. Pero si uno solo se fijaba en los titulares, se podría perdonar que no se supiera nada de eso. El ciclo de noticias económicas estaba más bien dominado por las últimas novedades en la cotización de GameStop, una small cap de retail americana, considerada durante años destinada a la quiebra.

Todo empezó cuando un pequeño conjunto de traders (comunicándose en WallStreetBets, el subforo de Reddit) observaron que el empresario millonario Ryan Cohen había entrado en el consejo de GameStop, prometiendo renovarla. Y, tal vez más importante, vieron que la empresa tenía un pasmoso 140% de sus acciones vendidas en corto. Su hipótesis era que la compra y retención de sus acciones podría provocar un short squeeze, una estrategia rebuscada que sorprendentemente iba ganando impulso cuando Cohen anunció que había incrementado su participación en la empresa. La cotización estalló con fuerza, y al ritmo que sus asombrosos ascensos diarios atraían atención mediática, más inversores acudieron a toda prisa, desencadenando una espiral alcista vertiginosa. A medida que las bajistas se apresuraron a cubrir sus posiciones en corto, el precio de GameStop subió desde menos de 20 dólares por acción a más de 480 en solo dos semanas, antes de caer un 80% a la semana siguiente.

Ese hecho por sí solo habría sido uno de los capítulos más espectaculares en la historia de la bolsa, pero más espectacular todavía es la euforia que se iba difundiendo por todo el mercado. Triunfó el “espíritu animal” de Keynes por completo. Y así, más inversores soñadores fueron en búsqueda del próximo GameStop. Buscad, y hallaréis: durante unos frenéticos días, cualquier medida típica de salud empresarial se vio descartada y un alto interés corto se convirtió en lo único que importaba, cuanto más alto mejor. Las empresas peor situadas se vieron aumentando en valor enloquecidamente. Según datos de Bespoke Investment Group, en el colmo del delirio, las 16 empresas americanas con más de un 40% de sus acciones vendidas en corto habían ganado un promedio de 96% desde el inicio del año (en comparación, el S&P había ganado un 1,5%).

Fácil acceso

El episodio, sin duda, ha sido una llamada de atención sin precedentes en la bolsa, sujeta a fuerzas que sus modelos no habían tenido en cuenta, concretamente, las tendencias del inversor minorista.

“En Japón, alrededor de un tercio del mercado es minorista, y si hablas con los gestores de fondos japoneses, han sabido desde hace tiempo que al minorista hay que prestarle atención”, afirma Patrick Ghali, socio director en Sussex Partners UK. “En los EEUU, parece que esto fue una gran sorpresa”.

Esta nueva clase de inversor (recién llegados al mercado en su mayoría) es joven, tiene una alta tolerancia al riesgo, es poco dado a preocuparse por los fundamentos de la empresa cuando invierten, y operan preferiblemente a través de una app.

Históricamente, el minorista ha sido plancton a merced de las ballenas de Wall Street, considerado ingenuo y con falta de poder real. A día de hoy, en los EEUU constituyen un 25% del volumen diario en los mercados. Una minoría, pero más del doble que el 10% de hace una década (en España se sitúa alrededor del 17%.).

Las barreras para acceder al mercado están más bajas que nunca. La información online ha ayudado a los minoristas a autoeducarse con respecto a las funciones más arcanas de la inversión, como la venta de opciones o la inversión en el mercado de divisas. El analista Jim Bianco, hablando con Bloomberg, opina: “El inversor particular dispone de todas y cada una de las herramientas que tiene un profesional. Tiene la compra y venta gratis, acciones fraccionarias, foros online donde pueden intercambiar ideas. Y dispone de toda la información que necesita”.

La pandemia de la Covid-19 ha dado alas a esta tendencia ya creciente. A medida que los países entraban uno a uno en el confinamiento, personas corrientes, privadas de entretenimiento y buscando diversión en el móvil, se registraron velozmente en las apps de inversión.

Muchos de estos nuevos usuarios rechazan las plataformas más elaboradas a favor de apps más sencillas e intuitivas. En Europa, apps como eToro o Degiro han ganado popularidad. Y en España la app Ninety Nine salió en 2020 prometiendo a sus clientes inversión sin jergas y “sin líos”. En poco tiempo se ha convertido en la sociedad de valores con más clientes de España. “Con el escenario actual de tipos de interés negativos y comisiones bancarias por depositar dinero, cada vez más personas optan por empezar a invertir,” explica una portavoz de la empresa. “Por eso estas herramientas de inversión fáciles de usar y accesibles tienen un papel tan relevante, ya que con las herramientas de inversión tradicionales muchos se sienten sobrepasados”.

El caso Robinhood

La app de inversión más popular a nivel internacional –y más notoria– es Robinhood, una startup de Silicon Valley denominada como el bandolero inglés que robaba a los ricos para dar a los pobres. Una tech que ha sido una de las grandes beneficiarias de la pandemia, sumando unos tres millones de usuarios tan solo en el primer trimestre de 2020.

Su rasgo más distintivo es también el más controvertido: su aparatosa interfaz, tan fácil de usar que puede parecer más un videojuego que un bróker. Algunos críticos han acusado a la app de jueguificar la inversión, con una cuenta más parecida a puntos en una pantalla que a dinero real, y una primera transacción que se conmemora con confeti que cae por la pantalla. Además se envían notificaciones a lo largo del día por cualquier motivo, y en una lista de top movers usuarios ven las acciones más populares de la jornada. La capacidad de afectar a la calidad de vida del usuario parece evidente.

También se acusa a Robinhood de ofrecer demasiado y demasiado pronto a nuevos clientes. Aunque tengan poca o ninguna experiencia, pueden ser aprobados para comprar opciones o comprar en margen sin apenas obstáculos. Robinhood se defiende diciendo que cualquier aumento de la participación inversora es bueno, al margen de la forma, y que ellos abren las puertas de la bolsa a los que, de otra manera, se habrían sentido intimidados por los brókers tradicionales. “Los que desestiman a los inversores nuevos y jóvenes como toscos o poco serios, perpetúan el mito de que la inversión solo es para los ricos,” afirma un portavoz del plataforma.

Las app traders tienen un tamaño de cuenta relativamente pequeño, y compran y venden con mucha más frecuencia. Hasta 40 veces más que otras plataformas, según “Attention Induced Trading and Returns: Evidence from Robinhood Users”, un estudio americano con datos de Robintrack publicado en noviembre del año pasado. Y es así que muchos usuarios comprando a la vez, por recomendaciones de las redes sociales o de las mismas apps, pueden afectar al mercado más amplio. En el drama que rodea a GameStop vemos este fenómeno llevado a su extremo más radical hasta la fecha.

A medida que se asienta el polvo de GameStop, a los fondos dañados y a los reguladores aturdidos les toca encontrar sentido al suceso. Nadie discute los hechos en sí, pero su significado puede variar según a quien preguntas. Muchos profesionales lamentan la maniobra y sus efectos. Michael Burry, inversor retratado por Christian Bale en la película La Gran Apuesta, ha declarado que fue “antinatural” y “peligroso”, pese a que él mismo poseía acciones de GameStop. Por contra, el antiguo director de comunicaciones de la Casa Blanca Anthony Scaramucci dijo que suponía “nada menos que la revolución francesa de las finanzas, donde el proletariado se levanta para desafiar el orden establecido”.

¿Es el minorista una clase volviéndose consciente de sí misma? Se agrupen intencionadamente o no, no hay ya quien niegue que constituyen una fuerza con peso en el mercado. Desde luego, Patrick Ghali, de Sussex Partners, sí lo cree: “A partir de ahora los grandes fondos prestarán atención al minorista, eso sin duda”.