¿Cuántas grandes empresas, emprendimientos u organizaciones sin ánimo de lucro conocemos que se hayan puesto en marcha por experiencias personales?

Texto de Laura Marín, consultora en comunicación especializada en estrategia y contenido digital.

“El mejor para solucionar un problema es el que lo vive, el que está en la comunidad”, aseguraba Kenny Clewett, director de Hello Europe –la iniciativa de migración, integración y refugiados de Ashoka– durante su intervención en el Congreso Internacional de Innovación Social V Centenario Magallanes-Elcano. Aunque el planteamiento de Clewett profundiza más en temas de emprendimiento social, su charla me llevó a un interesante ejercicio de memoria y observación: ¿cuántas grandes empresas, emprendimientos u organizaciones sin ánimo de lucro conocemos que se hayan puesto en marcha por experiencias personales, cercanía a la problemática o creencias (filosofía de vida) de los fundadores?

Probablemente muchas más de las que creemos. Investigando sobre el tema llegó a mis manos el libro Capitanes del comercio, del periodista, guionista y escritor Joan Safont. En él, Safont recoge la historia de unas 50 familias empresarias que iniciaron su actividad décadas atrás con un pequeño negocio –muchos de ellos ahora piezas claves en la economía catalana– y varias de ellas se basan en esta premisa.

Grupo Julià

Es el caso de Grupo Julià, nacido en 1933 como idea de cuatro amigos aficionados al deporte que vieron que había pocos medios de transporte para trasladar las peñas a los partidos del fin de semana, una actividad que inicialmente fueron compaginando con su trabajo y que concebían más bien como un extra. No obstante, la empresa cogió rápidamente suficiente magnitud para convertirse en un negocio próspero que tuvo su momento clave en el Congreso Eucarístic de Barcelona de 1952 y se consolidó entre los años 60 y 70 con la explosión del turismo en España, que les impulsó a crear nuevas sociedades como Julià Tours o Julià Travel, especializadas en viajes vacacionales y servicios de turismo receptivo, respectivamente.

Aunque con algunos altibajos por el camino, Grupo Julià se presenta ahora como uno de los principales grupos empresariales españoles especializados en servicios globales de turismo y movilidad. Con presencia en cerca de 40 ciudades en 10 países, cuenta con más de 12 millones de clientes a nivel internacional.

Natura

Safont también recoge en su libro el ejemplo de Natura. Este negocio, que actualmente cuenta con más de 200 tiendas y más de 1.300 trabajadores, se inició en 1970 con una inversión inicial de 15.000 pesetas. Con ella, Sergio Durany, hijo y nieto de zapateros, dejó la carrera de Medicina para montar, junto a varios amigos, Zabriskie, un taller de diseño casero donde reciclaban latas de bebida y las convertían en objetos ocurrentes, pero útiles: lámparas, portarretratos y otros artículos.

Tras la marcha de uno de sus socios, se incorporó al negocio su mujer, Montse Clarasó, y empezaron a abrir locales. Aunque la primera tienda Natura como tal no llegó hasta 1992.

Espinaler

Un último ejemplo del libro Capitanes del comercio: Espinaler. Nacida en 1896 como una pequeña taberna en un pueblo de pescadores, actualmente es una de las más famosas empresas de conservas de mariscos, vermut y, como no, su famosa salsa. Aunque su historia es larga y muy interesante, destacar dos momentos clave: en los años 40, Joan Tapias Riera, nieto del fundador, inicia un cambio de rumbo en el negocio e incorpora un vermut de mucha calidad, toda una novedad en la época. Además, la selección de productos para hacer el aperitivo se fue ampliando y Joan Tapias introdujo conservas gallegas de primera calidad. Pero, la verdadera responsable del repunte del negocio fue Ventureta Roldós, la mujer de Tapia, quien en 1952 crea la fórmula de la salsa Espinaler: una combinación de vinagre de primera calidad, pimentón rojo, pimienta negra y especias cuidadosamente seleccionadas que han hecho que la salsa Espinaler sea conocida por todas partes.

En el año 2012, se inicia la expansión de Espinaler en Europa. Actualmente, la empresa cuenta con 300 referencias de productos en su catálogo y están presentes en 27 países.

La Fageda y Delícies del Berguedà

Quizás la historia de La Fageda y de Cristóbal Colón es sobradamente conocida, pero creía importante incluirla aquí porque siempre me ha parecido una de las apuestas personales más interesantes en la creación de una empresa. Aunque ahora se ha avanzado mucho en la integración laboral de las personas con discapacidad psíquica o trastornos mentales severos, en 1982 todo era más complicado. En ese contexto, un joven psicólogo apuesta por crear una experiencia piloto para tratar de sacar a los enfermos mentales de los hospitales psiquiátricos y del estado de marginación social que padecían. “Se trataba de poner en marcha un proyecto empresarial con alma, donde todos tuviéramos la posibilidad de desarrollar nuestras potencialidades realizando un trabajo útil, remunerado y hecho en equipo”, explicaba Colón. Sonaba a locura, pero el tiempo le ha dado la razón y actualmente La Fageda es una organización con más de 300 personas, que factura 17 millones al año y que llega a más de 2 millones de consumidores con sus productos lácteos y mermeladas.

Menos conocido quizás es el caso de Joan Maria Sala, quien pone en marcha en 2011 Delícies del Berguedà. Esta empresa, en la línea de La Fageda, nace con la voluntad de convertirse en un centro de trabajo para dar salida laboral a chicos y chichas que sufren de patología dual, enfermedad que se da cuando una persona sufre de un problema de adición de sustancias, como las drogas o el alcohol, a la vez que un trastorno psiquiátrico, como una depresión, un trastorno de ansiedad, un trastorno psicótico, etc. En su caso, la problemática la viven en su propia casa, ya que uno de sus hijos padecía esta patología.

Heura

Siguiendo investigando sobre el sector de la alimentación y como este ha ido cambiando a lo largo de los años, nos topamos con una iniciativa personal muy interesante: Foods for Tomorrow. Después de años en el cuarto sector trabajando para concienciar sobre un consumo más sostenible, Marc Coloma sintió que debía dejar de hablar de mejores opciones de consumo y promoverlas él directamente. “Queríamos ofrecer opciones 100% vegetales, que fueran sostenibles, nutritivas y sobre todo deliciosas. Durante dos años y medio me rodeé de un equipo de expertos y soñadores –entre ellos su socio fundador Bernat Añaños– para crear la nueva generación de proteínas vegetales, elaboradas a base de legumbres, consiguiendo texturas nunca vistas en el reino vegetal. Nuestro reto es el de alimentar a una población mundial en aumento que demanda cada vez más proteínas, con un clima cada vez más inestable, teniendo en cuenta a los animales, el planeta, la justicia alimentaria y nuestra salud”.

De esta manera, en 2017 nació Heura, que actualmente está presente en 3.000 puntos de venta de 13 países de todo el mundo. En 2020 facturó ocho millones de euros, consiguiendo triplicar la cifra respecto al año anterior.

To Good To Go

Aunque hasta ahora hemos presentado ejemplos nacidos en Catalunya, queríamos hacer un último acercamiento al sector alimentario fuera de nuestras fronteras y con un punto de vista completamente diferente: cada año se tiran en el mundo más de 1.600 millones de toneladas de comida. Solo en España casi 8 millones de toneladas de alimentos anuales acaban en la basura, siendo el séptimo país de la Unión Europea que más despilfarra, según la FAO. Cuatro jóvenes que trabajaban en un bufete en Dinamarca observaron in situ la gran cantidad de comida en perfecto estado que se tiraba a la basura al final del turno en el lugar en el que comían cada día. Hablaron con el restaurante, preguntaron si había alguna solución y al obtener una respuesta negativa, empezaron a pensar qué podían hacer para salvar esa comida. Cada uno de ellos contactó con 10 establecimientos más para preguntar si sucedía lo mismo y ofrecerles una solución: contactarían cada tarde con ellos por email para saber cuanta comida para tirar tenían y las pondrían a la venta a través de sus redes sociales. Así se inició Too Good To Go y, en poco tiempo, los jóvenes volvieron a sus países de origen –Dinamarca, Francia, Alemania y Reino Unido– y crearon una aplicación informática para poder gestionar la demanda. Los pedidos se dispararon y pocos meses después Too Good To Go fue escogida como una de las startups más prometedoras de Europa, por lo que decidieron buscar inversión, crear un equipo y expandirse. En 2018 llegan a nuestro país, con Madalena Rugeroni como actual directora de España y Portugal.

Actualmente To Good To Go opera en 15 países –14 en Europa, a los que se suma Estados Unidos–, cuenta con más de 800 empleados, trabaja con más de 70.000 establecimientos y cuenta con una comunidad de más de 31 millones de usuarios. En cifras de impacto, desde su puesta en marcha en 2016 han salvado más de 60 millones de packs de comida, lo que supone haber evitado el desperdicio de más de 60.000 toneladas de comida y ahorrado la emisión de más de 150.000 toneladas de CO2e a la atmósfera. Su objetivo es haber salvado 1.000 millones de packs de comida para 2024.

MJN-neuro

“En Ship2B vemos que una gran mayoría de los emprendedores sociales, especialmente de los que tienen éxito, están vinculados a una vivencia personal ligada a la problemática que están intentando resolver”, explicaba Clara Navarro, cofundadora de la Fundación Ship2B, en la misma charla del Congreso Internacional de Innovación Social V Centenario Magallanes-Elcano en la que participaba Kenny Clewett.

Tirando de ese hilo y acercándonos a la cartera de invertidas o las startups aceleradas por la Fundación, encontramos algunos ejemplos muy interesantes de esas empresas que nacen del corazón, de una motivación personal que les mueve a buscar soluciones para problemáticas aún no resueltas. Es el caso de mjn-neuro, un producto sanitario que lanza una señal de aviso cuando el riesgo de crisis de epilepsia es elevado, que pone en marcha David Blánquez buscando una solución para su hija Marina, que con dos años tuvo su primera crisis epiléptica. Ingeniero informático de profesión, Blánquez comenzó a dedicar las noches y los fines de semana a buscar una solución para mejorar la calidad de vida de la pequeña. Sus amigos Salva Gutiérrez y Xavier Raurich le ayudaron desde el primer momento. En 2014, con un plan de negocio diseñado y las primeras pruebas del producto, los tres amigos constituyeron MJN Neuroserveis para dedicarse plenamente a este proyecto.

Después de muchos años de investigación, desarrollo, tramitación de las autorizaciones correspondientes para su comercialización y una inversión de 3,3 millones de euros, en 2020 consiguieron poner en el mercado mjn-SERAS, un auricular que registra y procesa la actividad eléctrica del cerebro de la persona afectada y que en base a esta información es capaz de predecir una crisis epiléptica entre un minuto y tres antes de que suceda, enviando una señal de aviso a un teléfono móvil, permitiendo tomar medidas preventivas. Además de en España, inician la distribución el Reino Unido, Alemania y los Países Bajos. Ahora inician el proceso regulatorio para poder vender también en Estados Unidos. De entrar en este último mercado, para 2025 esperan comercializar unos 20.000 dispositivos al año y alcanzar una facturación anual de 30 millones de euros, con una plantilla de entre 70 y 80 trabajadores.

Cebiotex

También en vínculo con Ship2B descubrimos el caso de Joan Bertrán, ingeniero textil que dejó su trabajo en una multinacional del sector para centrarse en un proyecto científico que nace con el objetivo de salvar vidas de niños con cáncer. El punto de partida fue la impotencia de ver morir a Sara, la hija de unos amigos que falleció con solo seis años de un neuroblastoma. “Con la quimioterapia le reducían la metástasis, pero no acababa de desaparecer, siempre quedaban restos tras el raspado de la arteria, ante la desesperación de la familia”, explica Bertrán.

Por ello, busca facilitar herramientas a los cirujanos oncológicos para aplicar una terapia no invasiva para el cáncer infantil y otras enfermedades minoritarias y lo hace a través de una biomembrana biocompatible y biodegradable para la administración de fármacos. La intención del tratamiento es mejorar el pronóstico de los pacientes y disminuir los efectos secundarios de la quimioterapia, y sobre todo los de la radioterapia en el cáncer infantil. En noviembre de 2020 se implementó por primera vez en el cuerpo de un paciente y resultó segura. Ahora lanzan una ronda de inversión para captar los 1,6 millones de euros que necesitan para seguir desarrollando este tratamiento.

Circoolar

Cerramos –aunque este tema daría para más de un artículo– acercándonos a un sector que en los últimos años ha despertado mucha conciencia: la moda. Según la ONU, la industria de la moda es la segunda más contaminante del planeta y produce más emisiones de carbono que todos los vuelos y transportes marítimos internacionales juntos. En los últimos años ha multiplicado su producción, y ha pasado de producir dos temporadas a producir más de seis, para ofrecer cada dos meses nuevas piezas y tendencias a un consumidor que tira la ropa en la mitad del tiempo que hace quince años. En este contexto, nace Circoolar, “un compromiso con la construcción de un mundo más justo y sostenible”. Sus fundadores, Celina Tamagnini y Luis Ribó, no vienen del sector, pero sí tenían muy claro que su voluntad era contribuir a un mundo mejor, por lo que decidieron dar un giro a su vida e iniciar este proyecto a través del cual producen ropa laboral ecológica y ética, buscando transformar la industria de la ropa laboral en Europa, introduciendo los principios de la economía circular en la materia prima y parámetros éticos en las condiciones laborales de los trabajadores.

Su desconocimiento del sector les hizo poner mucho más énfasis en conocer el mercado y su visión externa les permitió encontrar vías diferenciales y más ecológicas para poner en marcha Circoolar. Su modelo de negocio innovador utiliza, por un lado, materia prima y tejidos 100% reciclados, regenerados u orgánicos, ecodiseña las prendas para garantizar la futura posibilidad de ser reciclado, confecciona las prendas en talleres de inserción social –a los que dona un 10% de sus beneficios para ayudarlos a crecer– y garantiza el cero residuo gracias a su servicio de recogida de las prendas al final de su vida útil. Ahora abren ronda de inversión con la que buscan escalar aún más su proyecto, que en un año y dos meses en el mercado ya ha facturado más de 156.000 euros y ha conseguido clientes tan destacados como Isdin, El Fornet, Sorigué, Aigues de Barcelona o PepsiCo.