“La matemática es una ciencia muy colaborativa”

Texto de Marta Burgués

Las profesiones relacionadas con la analítica de datos tienen cada vez más demanda. Según The Valley Digital Business School, en un entorno digital donde las empresas cuentan con grandes volúmenes de información, la clave es saber extraer el máximo potencial de este recurso para innovar en el negocio. Además, los científicos de datos ocupan el tercer lugar de la lista de profesiones tecnológicas más buscadas, según Hays, debido a que la digitalización ha aumentado el número de datos que las compañías tienen a su disposición. Es latente la necesidad de contar con profesionales capaces de analizar e interpretar datos complejos que les ayuden a tomar mejores decisiones y sugerir soluciones adecuadas basadas en toda esta información.

Y en ello trabaja Xavier Ros-Oton, matemático y profesor de investigación en ICREA, de la Universidad de Barcelona, desde 2020. Ha sido profesor asistente en la Universität Zürich, y R. H. Bing Instructor en la Universidad de Texas en Austin, Estados Unidos. Como mente brillante, ha recibido varios premios para jóvenes matemáticos en España, así como el Premio a la Investigación Científica de la Fundación Princesa de Girona en 2019.

¿En qué consiste su trabajo?

Soy investigador en matemáticas, y eso significa que me paso horas discutiendo en la pizarra sobre cuestiones matemáticas con otros investigadores, ya sean de mi grupo de investigación o profesores extranjeros con los que colaboro a menudo. También dedico una gran parte del tiempo a supervisar estudiantes de doctorado, escribir artículos científicos y, cuando la situación sanitaria nos lo permita de nuevo, viajaré a menudo a impartir seminarios o conferencias en Europa y Estados Unidos.

¿Ya quería ser matemático de pequeño?

La verdad es que a partir de los 14 años aproximadamente ya sabía que quería estudiar una carrera de ciencias o ingeniería, pero no tenía claro cuál. Fue durante el bachillerato, al participar en concursos de matemáticas como el Cangur y la Olimpiada Matemática, cuando descubrí que las matemáticas van mucho más allá de los cálculos que nos enseñan en el instituto. Eso me llevó a interesarme más por el tema, y a decidirme por estudiar matemáticas.

Las ecuaciones en derivadas parciales centran su interés. ¿Que aplicaciones tienen?

Las ecuaciones en derivadas parciales (PDE) se usan en todas las ramas de las ciencias, empezando por la física. Casi cualquier teoría física tiene detrás una PDE: cómo se propaga el calor, las ondas, la electrostática, la mecánica cuántica, etc. También se usan en biología, finanzas o ingeniería. Desde las resonancias magnéticas o la predicción del clima, hasta el diseño de la aerodinámica de un avión, las PDE están en todas partes. Y en concreto se están usando matemáticas teóricas descubiertas en los últimos 100 años. Mi investigación se centra en entender, de forma puramente matemática, varios tipos de PDE para las cuales aún tenemos muchas preguntas abiertas.

¿Quién le ha influenciado más dentro de las matemáticas?

La matemática es una ciencia muy colaborativa, y en mi caso creo que he tenido mucha suerte y he podido trabajar con matemáticos excelentes. En particular, me han influenciado especialmente mi director de tesis (Xavier Cabré), mi supervisor de postdoc (Alessio Figalli), y mi colaborador Joaquim Serra, con quien he trabajado durante muchos años.

Con motivo de la pandemia, vemos hablar a matemáticos más que nunca. ¿A qué cree que se debe?

Creo que algo que hemos visto durante la pandemia es que los datos, las matemáticas y la estadística son esenciales para entender muchísimas cosas de nuestro alrededor.

¿Qué puede hacer un matemático ante una pandemia?

Me da la sensación de que la medicina aún puede beneficiarse mucho de las matemáticas y ciencia de datos, y que no le estamos sacando todo el potencial actualmente. Tenemos matemáticos especialistas en sacar nueva información de grandes cantidades de datos, hacer predicciones fiables, automatizar procesos, etc. Todo ello se podría aplicar a la medicina de forma más generalizada en un futuro próximo.

Es, por lo tanto, una profesión con mucho futuro. ¿Usted también lo ve así?

La matemática y la estadística han sido un elemento clave en el desarrollo de la física y las otras ciencias naturales desde hace siglos. Durante el siglo XX, la medicina y las ciencias sociales empezaron un proceso similar, beneficiándose ampliamente del uso de la estadística y el pensamiento científico. Creo que lo que estamos viendo en el siglo XXI es un proceso similar en el mundo de la empresa, donde la matemática y estadística juegan ya un papel esencial en la toma de decisiones y la optimización en muchos sectores. Y esta tendencia va en aumento. Por otro lado, entre los compañeros que estudiaron conmigo en la facultad ahora tenemos trabajos muy variados: desde consultores o analistas de datos en sectores muy distintos, hasta programadores en Google o Instagram, pasando por gente que ha hecho un doctorado en matemáticas, física, ingeniería o economía. Es también esta versatilidad la que hace que las matemáticas sean una de las profesiones con más futuro, y presente.

Ha estado en Austin y en Suiza trabajando. ¿Qué diferencia las matemáticas en otros países?

En la universidad, las diferencias entre España y Estados Unidos o Suiza son aún muy grandes. Aquí tenemos gente muy buena y haciendo un trabajo muy importante, pero sigue habiendo una brecha comparativa importante, y los recursos de los que disponemos en general están muy lejos de los que un buen profesor o investigador se puede encontrar en países más avanzados. Y no es solo un problema de dinero, también falta una mayor voluntad de flexibilizar e internacionalizar más nuestras universidades.

¿Qué posibilidades de desarrollo profesional tienen, pues, los investigadores matemáticos de su generación?

La investigación matemática se desarrolla casi completamente en la universidad, y por lo tanto dependemos en gran medida de la situación económica del momento y las decisiones del gobierno. Durante unos años muchos investigadores han tenido dificultades para incorporarse o estabilizarse en el sistema científico español. Sin embargo, al mismo tiempo hemos sido una generación que ha tenido muchas más facilidades que las anteriores para conseguir plazas de profesor o investigador en el extranjero, y creo que eso es muy positivo desde el punto de vista científico. Los jóvenes que ahora empiezan en el mundo de la investigación tendrán ambas cosas: una mejor situación económica en las universidades y la posibilidad de colaborar y trabajar en el extranjero.