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El peso de la inmigración

La fenómeno migratorio impulsa el crecimiento en España: comprender su diversidad es clave para la puesta en marcha de políticas sociales inclusivas y eficaces.

La cuestión migratoria ha dejado de ser un tema secundario para convertirse en protagonista indiscutible del debate político y social en España. Desde las tribunas del Congreso hasta las barras de los bares y los titulares de los medios de comunicación, se ha convertido en tema central de las conversaciones de los españoles. Los datos lo explican por sí solos: hoy, una de cada cinco personas que vive en España ha nacido fuera de nuestras fronteras. Esta cifra cobra especial relevancia si se tieneen cuenta que hace tan solo un cuarto de siglo, a principios de los 2000, solo una de cada veinte personas residentes en España procedía del extranjero.

De hecho, el crecimiento demográfico de los últimos 25 años, que ya sitúa al país al borde de los 50 millones de habitantes, se ha apoyado casi exclusivamente en los inmigrantes, con especial protagonismo de aquellos procedentes de Latinoamérica. Este fenómeno ha tenido un fuerte impacto en multitud de ámbitos que afectan al conjunto de la sociedad, desde la integración de los menores en el sistema educativo hasta la adecuación de infraestructuras públicas o el acceso a la vivienda. Pero si hay un ámbito donde el impacto de los inmigrantes es mayor es el laboral, por lo que resulta pertinente arrojar luz sobre un colectivo que en demasiadas ocasiones se analiza de forma genérica y simplista.

Por un lado, los trabajadores inmigrantes no forman un bloque homogéneo, como suele considerarse. En contra del estereotipo que asociaa los inmigrantes procedentes de países de renta alta con jubilados residentes en la costa, la mayoría son trabajadores que desarrollansu actividad profesional en grandes ciudades españolas, como Barcelona. Este grupo representa alrededor del 10 % de los inmigrantes de entre 25 y 59 años y, tal y como cabría imaginar, sus características sociolaborales, entre las que se encuentran su nivel de estudios o base de cotización, son similares, cuando no superiores, a las de los autóctonos.

El 90 % restante en dicha franja de edad se concentra mayoritariamente en actividades que requieren de una menor cualificación y de mayor trabajo físico y, entre ellos, también existen diferencias notables en función de su origen geográfico. El porcentaje de latinoamericanos con educación superior triplica al de africanos (32 % frente al 10 %), sin embargo, muchos de ellos se ven abocados a empleos para los que están sobrecualificados a causa del arduo proceso de homologación de sus títulos. La tasa de paro de los africanos multiplica por cinco a la de asiáticos (25 % frente al 5 %). Además, estos inmigrantes procedentes de Asia atesoran un fuerte espíritu emprendedor, tal y como demuestra el hecho de que casi la mitad de ellos (47 %) ejercen como autónomos o empresarios con trabajadores a su cargo en un porcentaje muy superior al de los nacidos en nuestro país (13 %) o al de cualquier otro grupo inmigrante.

Por otra parte, desde ciertos sectores a veces se sugiere (o incluso se defiende abiertamente) que la expulsión de un elevado número de inmigrantes permitiría emplear a los españoles en situación de desempleo sin alterar el normal desarrollo de la actividad económica. Una hipótesis alejada de la realidad. En la actualidad, casi un tercio de la población nacida en España (31 %) tiene más de 60 años, y la tendencia apunta hacia un progresivo envejecimiento en el que dicho ratio irá en aumento, por lo que la integración de los inmigrantes en el mercado laboral seguirá siendo fundamental durante las próximas décadas. Para corroborar esta realidad, basta con observar el peso que, a día de hoy, alcanzan los trabajadores extranjeros en algunos de los sectores más relevantes de la economía nacional: representan el 32 % en el sector primario, el 34 % en la construcción o el 48 % en la hostelería. Mención aparte merece su implicación en las actividades del hogar, donde suponen el 72 % del total de la mano de obra empleada. Así, cuesta imaginar en qué condiciones se podrían seguir recogiendo cosechas, construyendo edificios, atendiendo mesas o limpiando casas sin esta masa laboral.

Los trabajadores extranjeros representan el 32 % en el sector primario, el 34 % en la construcción y el 48 % en la hostelería.

A este respecto, un último aspecto del fenómeno migratorio en el que no se incide lo suficiente es en el papel que pueden desempeñar los hijos de la inmigración en el necesario rejuvenecimiento de la población activa. Por lo que se transmite en ciertas informaciones y discursos políticos, pudiera parecer que la inmensa mayoría de menores de origen extranjero, ya sean de la denominada “generación 1,5” (llegados a España en su infancia o adolescencia) o de segunda generación (ya nacidos aquí de progenitores inmigrantes), tienen serios problemas de integración social que les dificulta su desarrollo educativo. Sin embargo, más allá de que esta sea una problemática históricamente presente en este grupo de menores, ya sea por la ausencia de espacios comunes con la población autóctona o la falta de fluidez en el idioma local, que sigue requiriendo de la atención de los poderes públicos, en los últimos años se observa cierta convergencia con aquellos jóvenes españoles cuyos progenitores han nacido en España.

Mientras estos jóvenes de entre 16 y 20 años con progenitores españoles continúan estudiando en el 86 % de los casos, cifra casi idéntica a la de los jóvenes inmigrantes de segunda generación (84 %), y no muy superior a la de los jóvenes de la “generación 1,5” procedentes de Asia (77 %), en el caso de los procedentes de África se sitúa en el 65 %. Una cifra no demasiado alejada y que ha aumentado en los últimos años gracias al alargamiento en el periodo formativo de las jóvenes marroquíes, lo que además invita a ser optimistas sobre la posibilidad de un futuro incremento de la tasa de actividad de las mujeres africanas residentes en España, actualmente establecida tan solo en el 46 %.

En definitiva, la realidad migratoria en España es compleja, diversa y fundamental para el presente y futuro del país. Más allá de prejuicios y discursos simplistas, los datos demuestran que la inmigración sostiene la estructura demográfica y económica y revitaliza un mercado laboral envejecido. Comprender y valorar esta realidad es el primer paso para formular políticas inclusivas, capaces de convertir el reto migratorio en una oportunidad de prosperidad compartida para toda la sociedad española.

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