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Transformar la percepción del fracaso

Entender y aceptar el fracaso es especialmente relevante en el ámbito del emprendimiento.

Es probable que aquellas personas que sean mayores de 40 años, sepan qué son los rombos de la televisión. Es más, seguramente tengan recuerdos de sus padres cambiando de canal o mandándoles a dormir cuando aparecían uno o dos rombos en la pantalla. Y es que entre 1963 y 1984, TVE utilizó el código de regulación de contenidos por rombos: un rombo, cuando el contenido era para mayores de 14 años, y dos rombos para mayores de 18.

A pesar de que esos rombos blancos ya no aparecen en nuestros televisores ni interrumpen nuestra visualización de programas televisivos, su legado sigue perdurando en nuestra sociedad, aunque de manera distinta.

Desde hace ya unas décadas vivimos en la era de la información. Formamos parte de una sociedad interconectada, capaz de hacer que la información fluya de manera instantánea por todo el mundo. Ahora, todos, desde el sofá de nuestra casa, podemos convertirnos en comunicadores. O en exhibidores.

Los pros y contras del “exhibicionismo”

Si buscamos la palabra “exhibir” en el diccionario, encontraremos la siguiente definición: “Exponer una cosa públicamente de forma que pueda ser vista por un gran número de personas con detenimiento”.

Si nos acogemos a ella, podríamos afirmar que vivimos, también, en la era del exhibicionismo. Lo exhibimos absolutamente todo: nuestra casa, nuestra pareja, hijos, vacaciones… y así podría enumerar un sinfín de ejemplos. La parte positiva de este hecho es que la exhibición, utilizada correctamente, tiene un poder social inmensurable.

Por ello, en los últimos años, la exhibición de nuestros triunfos más grandes hasta nuestras vulnerabilidades más profundas han conseguido dar visibilidad a temas censurados durante décadas. Hemos sido capaces de ir eliminando los rombos sociales que se habían impuesto en muchos temas que, anteriormente, nadie se atrevía a comentar, como la violencia de género, el machismo, la maternidad real, la salud mental, la diversidad sexual o el bullying… entre muchos otros.

Hemos conseguido exponer, expresar y denunciar situaciones, experiencias e injusticias que estábamos viviendo, y nos hemos unido en luchas que antes se vivían en soledad.

El fracaso no es el final del camino

Pero aún existe una lucha con dos rombos, un área de la experiencia humana que se sigue escondiendo en la oscuridad. Una lucha, que quien la sufre, no sólo la vive en soledad, sino que, en muchas ocasiones, también lo hace con vergüenza: el fracaso.

Un tema censurado, que todavía no tiene la visibilidad suficiente como para comprender que el fracaso no es solo una experiencia universal, algo que nos ocurre a todos en algún momento de nuestra vida, sino que, además, es un catalizador potente para el crecimiento personal y profesional.

Es crucial fomentar una cultura de aceptación y aprendizaje en torno al fracaso, tanto en el ámbito empresarial como en la sociedad en general.

El sentimiento de fracaso no solo afecta a la autoestima y la confianza de quienes lo viven, sino que también frena la capacidad de desarrollar nuestro potencial y de aventurarnos en nuevas oportunidades.

Sin embargo, es fundamental comprender que el fracaso no es el final del camino, sino más bien un paso crucial en el viaje hacia el éxito. Figuras icónicas en la historia, como, Thomas Edison, Walt Disney, Oprah Winfrey, Steven Spielberg o Fred Astaire han experimentado fracasos significativos en sus vidas antes de alcanzar el reconocimiento y la admiración mundial. Lo que distingue a estas personas no es la ausencia de fracasos, sino su capacidad para aprender y crecer a partir de ellos y, sobre todo, de comprender que el fracaso no los definía como personas.

Entender y aceptar el fracaso es especialmente relevante en el ámbito del emprendimiento y, por ello, solo las personas que hagan este trabajo de aceptación previo serán las que consigan desarrollar un proyecto exitoso.

El emprendimiento como medio para abordar la exclusión profesional

El emprendimiento es un poderoso vehículo para la recuperación del talento. Quienes se animen a empezar su propio camino pueden dar rienda suelta a su creatividad, innovación y experiencia, creando proyectos que ofrezcan soluciones a los problemas que enfrenta la sociedad.

Emprender no significa solo crear empresas rentables, el emprendimiento puede servir como un medio para abordar problemas sociales, fomentar la inclusión y promover el cambio positivo en comunidades locales y globales.

Además de su impacto económico, el emprendimiento ofrece una plataforma para empoderar a individuos en riesgo de exclusión profesional, incluidos aquellos que han experimentado el fracaso en sus vidas profesionales o personales.

Cuando proporcionas recursos, capacitación y apoyo a personas que se sienten excluidas profesionalmente, las iniciativas emprendedoras que pueden surgir no solo van a cuestionarlas ideas típicas sobre los que significa triunfar, sino que además crearán nuevas oportunidades para aquellos que, de otra manera, no las tendrían.

No obstante, para que el emprendimiento pueda realmente cambiar las cosas en los ámbitos social y económico, es crucial que resolvamos los problemas y obstáculos que se les presentan a los emprendedores. Esto significa asegurarse de que tengan acceso a la formación que necesitan, a recursos financieros necesarios para hacer crecer sus proyectos y que cuenten con un grupo de personas que los apoyen, los animen, acompañen y les transmitan confianza en su proyecto y en ellos mismos.

Ayudar a los emprendedores en todas las etapas de su viaje, para que consigan sus objetivos, significa también estimular el crecimiento económico, generar empleo y promover la innovación en diversas industrias y sectores.

Además, es crucial fomentar una cultura de aceptación y aprendizaje en torno al fracaso, tanto en el ámbito empresarial como en la sociedad en general. Si aceptamos el fracaso como parte del proceso de aprendizaje y crecimiento, podemos crear un entorno donde las personas se sientan fortalecidas para generar ideas, asumir riesgos, aprender de sus errores y seguir persiguiendo sus objetivos con determinación y resiliencia, emprendiendo así proyectos que potencien una sociedad más resiliente, dinámica y equitativa.

No hay duda de que somos una sociedad valiente, pero aún falta coraje para levantarse y decir públicamente: “he fracasado”.

Ojalá pronto eliminemos los dos rombos que están censurando un tema tan importante y necesario para el buen desarrollo de nuestra sociedad.

En el proceso de recuperación del talento, en Oryon Foundation destacamos tres pilares fundamentales. La reconstrucción de la autoestima y el amor propio, poniendo en valor las fortalezas individuales. La creación de oportunidades tangibles mediante formaciones innovadoras, incluyendo temáticas a la vanguardia como la inteligencia artificial (IA), que motivan y capacitan para el mercado actual. La implementación de redes de apoyo y mentorías, no solo como guía moral, sino también como facilitadoras de contactos esenciales.

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