Tradición, innovación y sostenibilidad marcan el futuro estratégico del sector agroalimentario en Catalunya.
Catalunya cuenta con un sector agroalimentario que va mucho más allá de la producción de alimentos, es un pilar estratégico de su economía, un motor de cohesión territorial y un componente esencial de su identidad cultural. Contribuye aproximadamente al 19 % del PIB catalán y combina la fuerza exportadora de su industria con una capacidad única de generar empleo, sostener el territorio rural y proyectar la marca catalana a nivel internacional.
Sin embargo, este sector afronta hoy un momento decisivo, marcado por la convergencia de desafíos globales y locales, como la crisis climática, la transformación tecnológica, los cambios en los hábitos de consumo y las exigencias crecientes de sostenibilidad. La urgencia de una transición estratégica y coordinada es clara, y así lo subrayan los expertos de Pimec y del Col·legi d’Economistes de Catalunya en el informe El sector agroalimentario catalán ante los retos globales del siglo XXI, presentado este enero pasado.
Transformaciones sectoriales
El siglo XXI ha traído consigo grandes incertidumbres que afectan a la producción, distribución y consumo de alimentos. Factores ambientales, geopolíticos, tecnológicos y sociales generan tensiones estructurales entre la oferta y la demanda, impactando con especial fuerza a los contextos más vulnerables. El sector agroalimentario, además, es tanto víctima como responsable de la crisis climática, pues sufre los efectos de fenómenos extremos y, al mismo tiempo, contribuye de manera significativa a las emisiones de gases de efecto invernadero.
Catalunya ha desarrollado un agroalimentario eficiente y resiliente pese a su limitada superficie y condiciones climáticas.
La presión sobre los recursos naturales (agua, suelo, biodiversidad), unida al aumento constante de la demanda global, hace indispensable avanzar hacia modelos de producción más sostenibles. En este escenario, la revolución tecnológica, que incluye digitalización, biotecnología, bioeconomía e inteligencia artificial, abre nuevas oportunidades, aunque plantea riesgos éticos y de gobernanza.
La alimentación se consolida como un factor geoestratégico. El desarrollo sostenible depende cada vez más de sistemas alimentarios resilientes y eficientes. En paralelo, la desinformación y el auge de populismos dificultan un debate basado en evidencia científica, dificultando la búsqueda de soluciones racionales a los desafíos globales. Garantizar seguridad alimentaria y sostenibilidad requiere combinar conocimiento científico, gobernanza sólida y compromiso colectivo.
Panorama actual
A pesar de limitaciones geográficas, climáticas y estructurales, Catalunya ha desarrollado un sector agroalimentario eficiente y resiliente que le ha permitido construir un sistema robusto y competitivo. La presencia de clústers agroindustriales y centros de I+D+i como el Institut de Recerca i Tecnologia Agroalimentàries (IRTA) ha reforzado la innovación y la internacionalización. Entre los retos pendientes destacan la baja autosuficiencia alimentaria, la necesidad de reforzar la sostenibilidad ambiental y la modernización de la gobernanza cooperativa. Mantener y ampliar el éxito del sector exige profundizar en innovación y profesionalización empresarial, preservando al mismo tiempo la cohesión territorial.
En cuanto a las explotaciones, evolucionan hacia modelos más empresariales, la concentración de tierras y la integración de servicios redefinen la gestión, mientras que el relevo generacional afronta importantes obstáculos patrimoniales, administrativos y culturales.
La realidad agraria presenta una doble dinámica. Por un lado, una agricultura competitiva que puede crecer con escalas adecuadas y tecnologías avanzadas; por otro, una agricultura en dificultad que requiere diferenciación y sinergias con turismo, bioeconomía o servicios ambientales para garantizar su viabilidad.
Las explotaciones en áreas rurales desfavorecidas juegan un papel crucial en la conservación del paisaje, biodiversidad y patrimonio cultural, así como en la dinamización económica y social del territorio. La agricultura periurbana, en cambio, se enfrenta a presión urbana y elevados costes de oportunidad. La diversidad de estructuras requiere políticas diferenciadas que reconozcan funciones económicas, sociales y ambientales, evitando el despoblamiento.
El Green Deal y la nueva PAC 2023-2027 (Política Agraria Común) sitúan la sostenibilidad como eje central, buscando reducir emisiones, proteger biodiversidad y avanzar hacia sistemas más respetuosos con el medio ambiente. Las políticas europeas deben equilibrar sostenibilidad y viabilidad económica, flexibilizarse según las características territoriales y promover innovación, digitalización, bioeconomía y relevo generacional, asegurando seguridad alimentaria y vitalidad del mundo rural en un contexto global incierto.
Los centros de I+D+I han desempeñado un papel clave en la transferencia de conocimiento al tejido productivo.
El informe de los expertos de Pimec y del Col·legi d’Economistes propone un modelo de intensificación sostenible que combine agroecología, biotecnología, digitalización, energías renovables y bioeconomía circular. La lucha contra el desperdicio alimentario, la búsqueda de nuevas fuentes de proteína y la gestión inteligente de la diversidad agrícola son esenciales para construir un sistema resiliente, competitivo y ambientalmente sostenible.
Herramientas del cambio
El DAFO del sector catalán evidencia una base sólida de fortalezas y oportunidades, como capacidad exportadora, clústers agroindustriales y conocimiento científico, que pueden actuar como palancas de transformación. Al mismo tiempo, debilidades estructurales y amenazas globales exigen estrategias decididas para garantizar viabilidad a largo plazo, cohesión territorial y sostenibilidad ambiental.
El informe propone:
1. Transformaciones urgentes: defensa de regadíos, modernización de riego, bioeconomía circular, gestión forestal y fortalecimiento de I+D+i.
2. Territorio e infraestructuras: planificación estratégica, integración de políticas, mejora logística y desarrollo rural.
3. Políticas agroalimentarias: intensificación sostenible, dimensión óptima de explotaciones, relevo generacional, visibilización de la mujer rural, sector pesca y economía azul, diversificación de mercados y tecnología industrial avanzada.
4. Desarrollo rural: seguros agrarios, nuevas fuentes de ingresos, integración con turismo y gastronomía, cambio cultural sobre valor del alimento.
5. Gobernanza: seguridad alimentaria y bienestar animal según normativa europea, reducción de burocracia y atención a empresas y profesionales.
Estas medidas configuran un plan de acción ambicioso para permitir a Catalunya liderar un modelo agroalimentario innovador, sostenible y arraigado al territorio.
El informe concluye subrayando la necesidad de un cambio profundo y decidido, con acciones coordinadas y valientes: gobernanza integradora, inversión en investigación, innovación y formación, preservación de suelo, agua y bosques, fortalecimiento de la capacidad de negociación del sector y un cambio cultural que reconecte sociedad urbana y mundo rural.
Aunque el camino es complejo y desafiante, también ofrece enormes oportunidades. Catalunya – afirman los expertos en el informe– cuenta con talento, capacidades y herramientas para liderar la transición hacia un modelo agroalimentario más sostenible, innovador y justo, consolidando su papel como motor económico, social y ambiental, y garantizando bienestar para las generaciones presentes y futuras.
De los discursos a los hechos
Durante la presentación del estudio, elaborado por los economistas Francesc Reguant y Oriol Amat, Pimec y el Col·legi d’Economistes resaltaron la importancia estratégica del sector, que genera empleo, cohesión territorial y actividad industrial, y destacaron la necesidad de acelerar la transformación.
En la rueda de prensa intervino el conseller de Agricultura, Ramaderia, Pesca i Alimentació, Òscar Ordeig, quien destacó la necesidad de “tener una visión global del mundo primario y de la producción de alimentos en su conjunto” y señaló que “la producción de alimentos ha de ser el proyecto estrella en las políticas innovadoras, de infraestructuras, financieras, públicas y privadas”.
El decano del Col·legi d’Economistes, Carles Puig de Travy, subrayó que el sector “es esencial desde todas las perspectivas” y que su desarrollo sostenible requiere estrategias de largo alcance y colaboración transversal para reforzar la autosuficiencia y reducir la dependencia exterior.
Por su parte, el presidente de Pimec, Antoni Cañete, señaló que el sector necesita “una visión de largo recorrido basada en la competitividad y la colaboración” y destacó la utilidad del estudio como hoja de ruta para avanzar hacia un modelo más fuerte y competitivo.
Finalmente, el presidente de la sectorial Agroalimentaria de Pimec, David Coll, afirmó que “hay que pasar definitivamente de los discursos a los hechos” y advirtió del riesgo que supone la falta de relevo generacional en las explotaciones.

