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Polarización: comunicar en tiempos de desconfianza

Cuando los hechos se interpretan de forma diferente según quién los recibe, ninguna empresa puede permitirse ignorarlo.

Lo escuchamos diariamente y lo sufrimos, la polarización social se ha convertido en una de las grandes amenazas para la calidad de la información tanto en España como a nivel global. Cada vez es más habitual que las personas no solo tengan opiniones distintas, sino que vivan en realidades informativas paralelas, donde los hechos se interpretan de forma completamente diferente según el punto de vista.

¿Qué ha ocurrido, por qué este fenómeno ha ido creciendo? Evidentemente nada en la vida surge por casualidad. Es un tema muy complejo, pero podemos decir que la deriva de las redes sociales y los algoritmos tienden a mostrarnos contenidos que encajan con nuestras ideas para aumentar nuestra fidelidad a una plataforma, reforzando lo que ya pensamos llevados por algo que se llama el sesgo de confirmación, nos da como resultado una disminución del espacio para el consenso incrementando la desconfianza hacia cualquier información que contradiga nuestras creencias. En este contexto, la desinformación encuentra un terreno fértil para expandirse y muchos saben muy bien cómo aprovechar este contexto en su beneficio social, económico o político.

En este sentido, los resultados del Edelman Trust Barometer 2026 nos revela un grave problema de insularidad en nuestra sociedad. Tendemos a confiar en círculos más pequeños, incluso familiares y, según el informe, el 74 % de la población mostramos rechazo a confiar en personas que piensan o actúan de manera diferente. Esto significa un aumento en el aislamiento identitario y una mentalidad insular que se ha convertido en un problema generalizado.

Pero esta dinámica no afecta solo al debate político o social. Nunca debemos entenderlo como algo distante o ajeno porque también tiene un impacto directo en nuestras empresas y en cómo comunicamos. Hoy, cualquier mensaje corporativo puede ser interpretado de formas muy distintas, e incluso opuestas, según quién lo reciba. Por ejemplo, una iniciativa medio ambiental puede ser vista por unos como un compromiso genuino, y por otros como greenwashing. Nuestros posicionamientos en temas sociales: lo que para algunos refuerza la reputación de una empresa, para otros puede resultar criticable o incluso motivo de rechazo.

Esto hace que la comunicación sea cada vez más compleja. Las empresas ya no solo tienen que informar, sino anticipar cómo se va a interpretar lo que dicen. Además, deben gestionar un entorno en el que las reacciones pueden amplificarse rápidamente con el riesgo consecuente de generar crisis reputacionales. A esta situación podemos sumar otro factor: la pérdida de confianza en los medios de comunicación. Si volvemos a los datos del Trust Barometer 2026, los medios siguen siendo una de las instituciones peor valoradas en 13 de los 28 países analizados. Y ese resultado viene marcado por la polarización informativa y la desinformación.

Para las empresas, esto implica que no basta con comunicar; también deben cuidar dónde y cómo lo hacen. Ante este panorama de crisis de credibilidad, las organizaciones deben entender que la transparencia se vuelve esencial: no se trata solo de lanzar mensajes atractivos, sino de respaldarlos con hechos claros y verificables. También es clave escuchar activamente a la sociedad, entender sus preocupaciones y detectar posibles riesgos antes de que escalen.

En paralelo, la construcción de confianza a largo plazo gana importancia. En un entorno polarizado, las empresas que logran ser percibidas como coherentes y fiables tienen una ventaja competitiva clara. La reputación ya no depende únicamente de lo que se dice, sino de lo que se demuestra con el tiempo.

En definitiva, la polarización no solo complica el acceso a una información de calidad, sino que transforma profundamente la manera en que las empresas deben comunicarse. Entender este nuevo contexto no es opcional: es una condición necesaria para conectar con la sociedad y proteger la credibilidad en un entorno cada vez más fragmentado.

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