En un contexto económico marcado por la incertidumbre geopolítica, la escalada del precio del petróleo tras el estallido de la guerra de Irán y la pugna creciente entre Estados Unidos y China por el liderazgo mundial, Jaume Puig Ribera analiza el momento actual de los mercados y la economía global. Licenciado en Ciencias Económicas y Ciencias Actuariales por la Universidad de Barcelona, acreditado como Analista Financiero Europeo y especializado en gestión de carteras de renta fija en el International Center for Monetary and Banking Studies, Puig Ribera asumió en noviembre de 2025 la dirección general del Grupo GVC Gaesco, tras haber ocupado previamente los cargos de CEO y CIO de la entidad. Con más de tres décadas de experiencia en el sector financiero, ofrece en esta entrevista una visión pausada y sin alarmismos. En su opinión, el ciclo económico mundial se mantiene, pero su continuidad dependerá, en gran medida, de que empresas, consumidores e inversores preserven la disciplina y la racionalidad.
¿Cómo definiría el momento actual de la economía global: transición, desaceleración o cambio de ciclo?
Hasta la fecha, la situación es de continuidad de ciclo. Según las últimas estimaciones del Fondo Monetario Internacional del pasado mes de abril, el PIB mundial crecerá un 3,1 % en 2026 y un 3,2 % en 2027. Todo ello pese al estallido de la guerra de Irán. Ambos crecimientos están en línea con la media histórica y son lo suficientemente elevados como para seguir impulsando los beneficios empresariales.
No observamos actualmente ningún comportamiento eufórico entre los principales agentes económicos que permita pensar en un cambio de ciclo económico. Habitualmente, entre crisis y crisis se producen determinadas dinámicas que, hoy por hoy, todavía no se están dando.
¿Cuáles son hoy los principales riesgos macroeconómicos a escala mundial?
Actualmente, los dos indicadores económicos más relevantes son los PMIs de Servicios, por elevados, y las tasas de paro, por bajas. Los primeros reflejan la persistencia de una fuerte demanda de servicios por parte del consumidor, algo fundamental para sostener las tasas de crecimiento económico. Las segundas permiten financiar esa demanda. Al tratarse de un sector muy intensivo en mano de obra, ambos indicadores están muy relacionados entre sí. El principal riesgo macroeconómico mundial sería, por tanto, un debilitamiento fuerte de la demanda de servicios.
¿Hasta qué punto la crisis energética sigue condicionando la evolución económica en Europa?
El precio medio del petróleo Brent en lo que llevamos de año se sitúa en torno a los 84 dólares por barril. Incluso si el precio se mantuviera durante todo el año en niveles actuales, el promedio de 2026 acabaría rondando los 104 dólares por barril, todavía lejos de los niveles que podrían poner en riesgo el crecimiento económico mundial.
Para que existiera una crisis energética importante, el precio medio del petróleo debería superar claramente los 125 dólares por barril. Además, existen diversos factores que han evitado una escalada todavía mayor: la expectativa de reapertura del Estrecho de Ormuz, la existencia de oleoductos alternativos en Arabia Saudí y Emiratos Árabes, el aumento de producción de petróleo derivado del shale oil estadounidense o el hecho de que el petróleo del Golfo Pérsico tenga como principal destino Asia y, especialmente, China. Aunque el petróleo ha subido, el rango de precios ideal para el mundo es el situado entre los 80 y 105 dólares por barril. Todavía no se encuentra en niveles realmente preocupantes para la economía global.
El principal riesgo macroeconómico mundial sería un debilitamiento fuerte de la demanda de servicios.
La Comisión Europea ha advertido de un verano complicado en términos energéticos. ¿Qué impacto puede tener sobre el crecimiento y la inflación?
Europa no es el principal destinatario del petróleo que transita por el Estrecho de Ormuz. Como he comentado antes, el principal destino es Asia, especialmente China. Para que la advertencia de la Comisión Europea acabara teniendo un impacto realmente relevante, la situación de cierre prolongado debería mantenerse mucho más tiempo del previsto. Tiene sentido como advertencia preventiva, pero no representa el escenario más probable actualmente.
¿Han logrado los bancos centrales controlar la inflación o todavía persisten riesgos importantes?
Las inflaciones subyacentes, es decir, las estructurales, están actualmente muy controladas tanto en Estados Unidos como en la zona euro. Las políticas monetarias han sido efectivas, aunque con diferencias entre ambas economías. En la zona euro, desde 2025, persisten todavía tipos reales negativos, con tipos oficiales por debajo de la inflación subyacente. En Estados Unidos, en cambio, los tipos reales están en positivo. En ambos casos, hablamos únicamente de pequeños movimientos potenciales de tipos de interés, no de cambios relevantes.
¿Qué diagnóstico hace de la economía española en este contexto?
La economía española se beneficia especialmente de la fortaleza actual de la demanda de servicios, debido al peso que este sector tiene dentro de su estructura económica. El turismo es un ejemplo evidente.
Eso explica que España esté creciendo muy por encima de la media de la zona euro. En cambio, economías mucho más dependientes de la demanda industrial, como la alemana, atraviesan una situación mucho más complicada.
Con la fortaleza actual del sector servicios, la locomotora económica europea se ha desplazado del centro hacia el sur del continente. En cambio, economías mucho más dependientes de la demanda industrial, como la alemana, atraviesan una situación mucho más complicada.
¿Estamos ante un cambio de paradigma en los mercados tras el fin de los tipos bajos?
Más que un cambio de paradigma, estamos ante una normalización. Los tipos de interés cercanos a cero o negativos que tuvimos durante años no eran una situación habitual. Lo normal y deseable para una economía sana es un contexto de tipos moderadamente positivos, que permita mantener un crecimiento económico sostenible.
¿Qué activos o estrategias considera más atractivos, en estos momentos?
En primer lugar, sobreponderar la renta variable, especialmente en Europa, Japón y mercados emergentes. A nivel sectorial, vemos especialmente atractivos sectores como banca, salud y turismo, mientras que, desde el punto de vista factorial, destacamos el value, la compra de valores que cotizan a precios bajos, y las small caps o pequeñas capitalizaciones.
A los inversores les diría que no pierdan la disciplina de valoración pese a las fuertes subidas bursátiles de los últimos años.
En segundo lugar, mantener una posición neutra en renta fija, invirtiendo en duraciones medias en la zona euro y cortas en Estados Unidos. En todos los casos, evitando las duraciones largas. La pendiente de las curvas de tipos todavía no es lo suficientemente pronunciada o, dicho de otro modo, la prima de riesgo temporal sigue siendo insuficiente. Esperamos, por tanto, que los tipos de interés de largo plazo continúen subiendo, en línea con lo que ya viene sucediendo en los últimos cinco años, ya que tienen aún un potencial de subida adicional de alrededor de un 1%. Todo ello no solo tiene un efecto negativo para la renta fija de largo plazo, sino también para las empresas de renta variable de tipo contador.
En un entorno cada vez más incierto, ¿hacia qué nuevas reglas geopolíticas cree que avanza la economía global?
La batalla geopolítica más importante actualmente es la lucha por el liderazgo mundial entre Estados Unidos y China. Tiene implicaciones económicas, financieras, tecnológicas y estratégicas muy profundas. Cada bloque intenta imponer tecnologías alineadas con sus propios intereses y recursos. Un ejemplo claro es el comportamiento del oro durante los últimos años. China ha pasado a ser un comprador estructural de oro para reforzar el yuan frente al dólar.
Esto ha provocado cambios muy importantes en el comportamiento de determinados activos financieros. El oro, que históricamente actuaba como refugio en momentos de crisis y solía comportarse mal cuando subían las bolsas, ha cambiado parcialmente ese patrón y en los últimos años se ha correlacionado positivamente con los mercados bursátiles.
¿Hacia qué escenario geopolítico nos dirigimos? ¿Deberíamos preocuparnos?
La lucha entre Estados Unidos y China por el liderazgo mundial seguirá intensificándose durante las próximas décadas, de eso no hay duda. Se trata de un proceso de largo recorrido y con múltiples frentes abiertos. Sin embargo, no creemos que tenga sentido contemplar un enfrentamiento militar directo entre ambas potencias, ni desde el punto de vista estratégico ni militar.
A todo esto, ¿qué ocurrirá con la transición energética? Parece que se haya borrado de un plumazo o, al menos, que se haya perdido gran parte de toda esa euforia inicial de hace unos pocos años.
La transición energética ya está en marcha desde hace años. El problema es que el crecimiento económico mundial y la demanda energética siguen siendo tan elevados que el consumo de energías fósiles continúa aumentando. El consumo mundial de petróleo marcó máximos históricos el año pasado y previsiblemente volverá a hacerlo este 2026. Probablemente todavía pasarán varios años hasta que el consumo de combustibles fósiles empiece a disminuir.
No vemos un retroceso de la transición energética, aunque sí una aceleración o desaceleración en función del precio de las energías tradicionales. Cuanto más barato es el petróleo, más lenta tiende a ser la transición.
¿Qué indicadores serán clave para anticipar un cambio de ciclo?
Los principales indicadores económicos seguirán siendo los PMIs de Servicios y las tasas de desempleo, tal como he comentado al principio. Más allá de ello, también será importante detectar posibles comportamientos eufóricos por parte de empresas, consumidores e inversores. La racionalidad de todos estos agentes es fundamental para la continuidad del ciclo económico, sin lugar a dudas.
¿Cuáles son sus predicciones para los próximos dos años vista?
Nuestro escenario sigue siendo continuista respecto a los últimos años. Algunos riesgos potenciales, como la enorme inversión global en centros de datos vinculados a la inteligencia artificial, podrían generar en algún momento desequilibrios temporales entre oferta y demanda, aunque probablemente no durante este periodo.
También será importante vigilar cualquier síntoma de euforia por parte de empresas, consumidores o inversores, como he dicho anteriormente. A día de hoy todavía no se observan comportamientos de ese tipo.
Como director general de GVC Gaesco, ¿cuáles son sus prioridades estratégicas en esta nueva etapa?
Partiendo siempre del respeto absoluto por los valores fundacionales del grupo, nuestra prioridad pasa por seguir creciendo en activos. Queremos hacerlo optimizando nuestro apalancamiento operativo mediante el crecimiento de la base agencial en el mercado doméstico y reforzando también nuestra actividad internacional.
Para concluir, ¿qué mensaje deberían tener hoy en cuenta inversores y empresas?
La duración del actual ciclo económico dependerá, en gran medida, de que se mantenga la lógica de todos los agentes económicos implicados. Esto significa que las empresas deberían continuar realizando inversiones proporcionadas a sus flujos de caja y seguir focalizándose en sus actividades principales. Esa disciplina ha sido una de las claves de la longevidad del actual ciclo económico, que se mantiene intacta desde la postcrisis de Lehman Brothers.
A los inversores les diría que no pierdan la disciplina de valoración pese a las fuertes subidas bursátiles de los últimos años. Mantener esa racionalidad seguirá siendo la mejor garantía para la continuidad del ciclo.
