El comercio urbano configura la economía y la vida de los barrios, reforzando su papel estratégico en la ciudad frente a la digitalización y los nuevos hábitos de consumo.
El comercio es el punto de encuentro de la ciudadanía cuando se desplaza para buscar soluciones a sus necesidades de consumo. La ubicación del comercio conlleva una distancia física y tiempo de desplazamiento para cada uno de los clientes. Una buena ubicación es clave para el éxito del comercio.
Cuando en un espacio concreto se ubica una “locomotora” o establecimiento comercial de gran atracción, aparecen “setas” o pequeñas tiendas que le rodean y complementan su oferta. Con este aumento de oferta física crece la variedad de opciones y soluciones y con su éxito disminuyen las fugas de ciudadanos hacia otras opciones. La identidad de las calles, los barrios o la periferia equipada con centros comerciales, se manifiesta en gran parte por la capacidad de que la oferta comercial dé respuesta o soluciones a las necesidades de consumo.
Los consumidores buscan “conveniencia” que es la mezcla de cuatro factores: 1) proximidad, 2) oferta (o surtido más servicio), 3) precio y 4) la emoción de encontrar nuevas propuestas. La mejor respuesta a las necesidades de conveniencia es un entramado de tiendas físicas y digitales, complementarias en oferta y soluciones, con capacidad para responder a cualquier demanda de la ciudadanía.
Con la llegada acelerada del mundo digital, el espacio físico se ha visto comprometido otra vez, como cuando hace más de 50 años irrumpieron los supermercados y empezaron a organizarse las cadenas, lo que obligó a las pequeñas tiendas a dejar el mostrador, modernizándose y convirtiéndose en autoservicios. Ahora la digitalización irrumpe con la oferta infinita de las entregas inmediatas que impactan con diferentes grados a las distintas generaciones que conviven en el barrio.
Hay cambios demográficos, con un mayor porcentaje de personas mayores y de población inmigrante entre los vecinos. Si a ello se suma el turismo, se genera una demanda cambiante y volátil, sobre todo en áreas que han crecido considerablemente, como la comida rápida y el fortalecimiento de la marca de la distribución.
Cuando la zona comercial tiene éxito, genera un impacto social. Por ejemplo, fomenta la cohesión al ofrecer soluciones multiculturales. Las personas con distintos perfiles sociales y demográficos encuentran una solución de conveniencia que ofrece un espacio público que dinamiza el barrio. El comercio de proximidad también genera empleo local y funciona como un espacio de integración para la población de diversos orígenes y perfiles. Su existencia no se limita a cifras económicas, sino que cumple una función social significativa.
Según el Ayuntamiento de Barcelona, el sector comercial de la ciudad representa el 13,2 % del PIB y genera más de 152.000 puestos de trabajo, siendo el sector con mayor ocupación. El comercio al por menor aporta a la ciudad 4.223 M€ de VAB, mientras que el comercio al por mayor aporta 7.331 M€. Además, el 90,9 % de los locales comerciales en planta baja están activos, con un total de 61.875 establecimientos. Barcelona ha sido elegida recientemente Capital Europea del Comercio de Proximidad 2026, un reconocimiento que pone en valor el papel estratégico del comercio urbano como motor económico y social, y como elemento clave de cohesión en los barrios. Esta designación consolida a la ciudad como referente europeo en el apoyo al pequeño comercio y en la promoción de un modelo comercial arraigado, sostenible y vinculado a la vida cotidiana de las calles.
Barcelona ejercerá la Capitalidad Europea del Comercio de Proximidad en la categoría de “Ciudades Visionarias”, dirigida a ciudades de más de 250.000 habitantes, hasta enero de 2027, momento en el que cederá el relevo a una nueva ciudad. La candidatura barcelonesa se ha basado en cuatro criterios de evaluación: sostenibilidad del comercio, apoyo al emprendimiento y vinculación con la comunidad digitalización y atractivo de la ciudad y vitalidad. La capitalidad dispone de un presupuesto de cerca de tres millones de euros de la Unión Europea para desarrollar y financiar un programa de más de cien actividades, con eventos, formación e intercambios y residencias profesionales que han empezado ya en el mes de febrero.
¿Servirá para racionalizar la convivencia con las entregas del comercio electrónico? Los pedidos online, que ofrecen respuesta inmediata en la búsqueda, selección y compra, siguen aumentando mucho y las previsiones indican que esta tendencia seguirá al alza. El consumidor ha quedado “atrapado” en la compra digital cuya experiencia resulta prácticamente imbatible.
El comercio de proximidad dispone de pocas herramientas para hacerle frente. La pregunta que se plantea el comercio local es: ¿cómo competir? Más allá de la ubicación, se puede competir con servicio, exclusividad y especialización. El servicio incluye aparentes contradicciones, como convertirse en un punto de recogida del comercio online. Se trata de aprovechar que cada vez se reducen más las entregas a domicilio y aumentan las entregas en puntos de recogida. La visita de quien va a recoger genera tráfico, que es uno de los pilares del comercio de proximidad.
El auge de la compra online protagonizado sobre todo por los más jóvenes en sectores como la electrónica y la moda se ha visto frenado por múltiples razones, que van desde la incomodidad de las devoluciones –un problema en aumento– hasta una mayor conciencia sobre el impacto ambiental. En cambio, continúa de manera sostenida el crecimiento de la compra online de productos de la cesta de la compra cotidiana especialmente entre la población que vive en zonas de baja densidad urbana.
Pensemos que, en Catalunya, alrededor del 40 % de la población reside en estas zonas, y que el boom demográfico, basado sobre todo en la inmigración, ya ha superado la barrera de los ocho millones de habitantes: según los últimos datos del padrón municipal, somos 8.124.126. La tasa anual de nacimientos es de 6,67 bebés por cada mil habitantes, la más baja en cuatro décadas, mientras que la llegada de personas del extranjero sigue en aumento: 78.627 en el último año, con muchos instalándose en zonas de baja densidad urbana. Por ejemplo, Vilablareix (Gironès) ha pasado de 3.224 habitantes en 2021 a 4.079 el año pasado, un incremento del 21 %, y el ayuntamiento ya proyecta un horizonte cercano a los 5.000 habitantes.
El aumento de la actividad de reparto se refleja también en el mercado laboral: este sector se ha convertido en uno de los más dinámicos en creación de empleo. Las actividades postales y de correos son las que más incrementan la afiliación anual con diferencia en el conjunto de la economía catalana, con un aumento del 40,7 % respecto al año anterior y el aumento más pronunciado de los últimos años. En concreto, han sido 7.171 las personas contratadas como repartidores, personas de los encargos y mensajeros a pie..

