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Zona Franca, del polígono al ecosistema innovador

El Consorcio de la Zona Franca de Barcelona ha emprendido una profunda transformación que ha convertido el histórico polígono industrial en un referente europeo de innovación, sostenibilidad y talento.

El polígono industrial de la Zona Franca de Barcelona era, hasta hace algunos años, un espacio casi invisible, un territorio funcional y productivo, pero alejado de la vida de la ciudad. Hoy, el Consorci de la Zona Franca de Barcelona (CZFB), bajo el liderazgo de Blanca Sorigué y de Pere Navarro, directora general y delegado especial del Estado, se ha convertido en un laboratorio de innovación industrial que atrae talento, genera empleo de calidad y proyecta a Barcelona como capital europea de la industria 4.0.

Blanca Sorigué, con quien hablamos, explica que este proceso es “una apuesta firme por liderar la transformación de la industria hacia un modelo digital, sostenible y conectado con la ciudad”. No se trata solo de tecnología, sino de una visión integral, un nuevo paradigma en el que la innovación y la sostenibilidad caminan de la mano para redefinir el papel de la industria en la sociedad actual.

El Distrito 4.0 es el gran emblema de esta transformación. El Consorci está reconvirtiendo seis millones de metros cuadrados del histórico polígono industrial en un espacio de actividad basado en la tecnología avanzada, la colaboración y la sostenibilidad. En el centro se encuentra el DFactory Barcelona, un espacio que ya se ha consolidado como uno de los grandes ecosistemas de industria 4.0 del mundo. Allí conviven más de cuarenta empresas de sectores como la robótica, la inteligencia artificial, la manufactura avanzada, la realidad aumentada o el blockchain. “El DFactory es un ejemplo de cómo las alianzas público-privadas pueden dar lugar a un ecosistema abierto, colaborativo y transformador”, explica Sorigué. “Aquí no se compite, se colabora”.

Tal ha sido el éxito, que en pocos años ya está en marcha una ampliación: el DFactory pasará de los 17.000 metros cuadrados actuales a 60.000 a finales de 2026. Por sus pasillos, explica la directora del CZFB, se cruzan ingenieros, diseñadores, tecnólogos y emprendedores, tejiendo una red de sinergias que ejemplifica una nueva industria ágil, interconectada y humana.

Sorigué lo resume con unos ejemplos que ilustran ese espíritu: “Una empresa de impresión 3D y un centro tecnológico que están desarrollando un respirador para bebés con problemas respiratorios; una compañía de robótica que utiliza las pinzas y brazos robóticos fabricados por otra empresa; o un fabricante de vidrios para el sector de la construcción que colabora con una empresa que desarrolla farolas inteligentes que funcionan con energía solar. Y podríamos seguir”.

En el Distrito 4.0 trabajan directa e indirectamente más de 100.000 personas en más de 300 empresas que representan el 3,8 % del PIB de atalunya.

Pero el compromiso con la innovación no se queda en los grandes proyectos. El Consorci ha impulsado programas pioneros de incubación como la 3D Incubator y la Logistics 4.0 Incubator, que han demostrado la fuerza del ecosistema emprendedor. La primera ha acompañado ya a más de 110 startups, mientras que la segunda ha incubado 60 empresas en apenas dos años, veinte de ellas internacionales, con una tasa de supervivencia del 88 %. Juntas han generado más de 450 puestos de trabajo y prevén facturar este año más de 46 millones de euros.

“Nos sentimos muy orgullosos de haber contribuido a convertir ideas en empresas de éxito”, afirma Sorigué. “Eso significa generar oportunidades para el territorio y para las personas, en forma de empleos de calidad”.

Las incubadoras del CZFB han sido también un campo de pruebas para nuevas soluciones tecnológicas: desde taquillas inteligentes y plataformas de reclutamiento basadas en inteligencia artificial hasta sistemas de logística de última milla que redefinen el movimiento de mercancías en las ciudades.

Pero la transformación industrial que impulsa la Zona Franca no se entiende sin su compromiso con la sostenibilidad. En un momento en que la industria mundial busca reducir su huella de carbono, el Consorci ha convertido la descarbonización y la economía circular en ejes estratégicos.

El proyecto EcoCircularZF fomenta la simbiosis industrial entre empresas para avanzar hacia un modelo de residuos cero, reducir costes y aprovechar recursos infrautilizados. Además, se están instalando placas fotovoltaicas en cubiertas para el autoconsumo energético, reutilizando agua regenerada y promoviendo una movilidad más limpia con el Laboratorio de Movilidad Eléctrica Conectada, donde se ensayan vehículos eléctricos y autónomos, y se integran tecnologías 5G, inteligencia artificial y big data para mejorar la eficiencia del tráfico urbano.

“El cambio climático nos obliga a repensarlo todo, también la forma en que producimos”, reflexiona Sorigué. “No podemos hablar de innovación si no es sostenible. Y no podemos hablar de sostenibilidad sin innovación”.

Impacto social e inclusión

Hoy, en el Distrito 4.0 trabajan directa e indirectamente más de 100.000 personas y están instaladas más de 300 empresas. La actividad generada representa el 3,8 % del PIB de Catalunya y cerca del 1 % del PIB de España, lo que convierte a la Zona Franca en uno de los motores económicos más potentes del país.

Pero Sorigué insiste en que los números solo tienen sentido si detrás hay un propósito: “Queremos acercarnos más a la ciudad, porque a veces la ciudadanía no siente este espacio como propio, aunque aquí se genera mucha riqueza y muchas oportunidades. La Zona Franca forma parte de Barcelona y debe estar conectada mentalmente con su área metropolitana”.

Esa vocación de conexión explica también la colaboración constante con universidades, centros tecnológicos y startups. “Trabajamos con un modelo de innovación abierta que fomenta la colaboración y la transferencia de conocimiento”, señala. Espacios como el DFactory o programas como la Logistics 4.0 Incubator sirven de puente entre el mundo académico y la nueva industria digital.

Además, el evento BNEW (Barcelona New Economy Week), impulsado por el propio Consorci, se ha consolidado como una cita global donde confluyen innovación, talento y sostenibilidad, y donde Barcelona se reafirma como laboratorio de la economía del futuro.

El evento BNEW, impulsado por el Consorci, se ha consolidado como una cita donde Barcelona se reafirma como laboratorio de la economía del futuro.

Hablar de Blanca Sorigué es hablar también de liderazgo inclusivo. Es la primera mujer en dirigir el Consorci de la Zona Franca de Barcelona, una institución con más de un siglo de historia. “Ser la primera mujer al frente del Consorci conlleva una responsabilidad añadida, porque eres consciente de que estás abriendo camino”, reconoce. “Pero siempre he entendido este reto como una oportunidad para demostrar que el talento y la capacidad de liderazgo no tienen género”. “Mi objetivo ha sido poner el foco en la innovación, la sostenibilidad y la transformación digital, y hacerlo con una gestión transparente e inclusiva. Si eso sirve para inspirar a otras mujeres a asumir cargos directivos, me sentiré muy satisfecha”, añade.

Bajo su dirección, el CZFB ha impulsado proyectos que ponen la diversidad en el centro de la estrategia. Iniciativas como la Barcelona Woman Acceleration Week (BWAW), el Consell de la Dona o el programa Feel The Zona Franca Power buscan fomentar la igualdad y despertar vocaciones relacionadas con ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM por sus siglas en inglés), especialmente entre las niñas y jóvenes.

Además, el Consorci ha renovado su compromiso con la Carta de la Diversidad de la Fundación Diversidad, el mayor movimiento europeo a favor de la inclusión laboral. “La diversidad es un motor de innovación”, afirma Sorigué. “La transformación digital también debe ser social, inclusiva y sostenible”.

Para ella, no se trata solo de atraer inversión, sino de crear un entorno donde las personas quieran trabajar, aprender y crecer. Esa filosofía se refleja en los programas de formación y conexión de talento con la industria 4.0, desarrollados en colaboración con universidades, centros tecnológicos y empresas. En espacios como el DFactory o la Logistics 4.0 Incubator, los jóvenes pueden experimentar con tecnologías como la robótica, la inteligencia artificial o el big data, y desarrollar las competencias que exige el mercado. “Queremos despertar vocaciones, especialmente entre las chicas”, dice Sorigué. “Nuestro objetivo es que esta revolución industrial genere empleo de calidad y sitúe a Barcelona en el centro del talento tecnológico europeo”.

Retos y horizontes

El reconocimiento internacional a todo este trabajo no se ha hecho esperar. El Consorci de la Zona Franca de Barcelona es la primera Zona Franca del mundo certificada por la OCDE en seguridad y transparencia, un logro que, en palabras de Sorigué, “implica cumplir con los estándares más exigentes en gobernanza, integridad, transparencia y comercio seguro”.

Esta acreditación refuerza la confianza de los inversores, garantiza la trazabilidad de las operaciones y posiciona al CZFB como un referente mundial en gestión responsable. “Nos avala ante empresas innovadoras y sostenibles que valoran entornos seguros y transparentes”, subraya la directora general.

A pesar del éxito, el equipo de Sorigué no se detiene. Sabe que el gran desafío ahora es acelerar la digitalización de las actividades tradicionales del polígono industrial. “Muchas empresas aún ven la digitalización como una opción y no como una necesidad”, advierte. “El reto es impulsar un cambio cultural para garantizar que la innovación sea transversal y sostenible”. Esa transformación requiere perfiles altamente cualificados y una cooperación cada vez más estrecha entre instituciones, universidades y tejido productivo.

Cuando se le pide que imagine cómo le gustaría que se hablara de la Zona Franca dentro de una década, Sorigué no duda: “Me gustaría que se dijera que fuimos el motor que lideró la transformación industrial hacia un modelo más digital, sostenible e inclusivo. Que convertimos un polígono histórico en un distrito 4.0 de referencia en Europa, capaz de atraer talento, generar empleo de calidad e impulsar la innovación con impacto real en la sociedad”.

En otras palabras, su mirada resume un propósito que va más allá de los números y las infraestructuras: demostrar que la industria puede ser competitiva sin renunciar a la responsabilidad social y medioambiental.

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