El sistema bancario está inmerso en una transformación profunda, donde los antiguos referentes de análisis han dejado de ser suficientes.
Tras casi una década de tipos de interés históricamente bajos e incluso negativos, el ciclo bancario se revirtió en 2022 con políticas monetarias más restrictivas. Desde 2024, el inicio de una senda de normalización de los tipos ha evidenciado que la rentabilidad futura de las entidades financieras depende cada vez más de su propia gestión y capacidad estratégica, y no únicamente de las decisiones de los bancos centrales.
Esta evolución es el eje del informe La transformación del sector bancario, publicado por OBS Business School bajo la dirección del profesor y director de InveretiK Jaime Martínez Tascón, para quien “el futuro de los bancos pasa por cómo se toman las decisiones, cómo se protegen los datos y cómo se integran terceros tecnológicos, sin dejar a nadie atrás en la innovación digital”.
El estudio analiza los distintos ejes que hoy determinan la competitividad de la banca: política monetaria, transformación digital, colaboración con fintech, relación con los clientes, evolución del empleo y sostenibilidad. Cada uno de ellos está interconectado, formando un mosaico donde la innovación, la eficiencia y la responsabilidad social definen el valor real de las entidades financieras.
La política monetaria
El punto de partida de cualquier análisis del sector bancario es la política monetaria. Tras un ciclo prolongado de tipos bajos, en 2022 se iniciaron subidas abruptas para frenar la inflación, seguidas de una transición hacia la normalización desde 2024. En España, el traslado de estas decisiones a la remuneración del ahorro se ha caracterizado por ser más lento que en otras zonas europeas, lo que permitió mantener márgenes en el ciclo alcista.
En este contexto, los beneficios de 2023 y 2024 se consolidaron gracias a tipos más altos y a la disciplina de costes heredada de ejercicios anteriores. Pero la rentabilidad futura dependerá de la diversificación de ingresos y riesgos, de la calidad del dato para conocer mejor a los clientes, de la eficiencia operativa y de la gestión efectiva de los balances.
La competencia bancaria ya no se limita a quién ajusta mejor sus precios según las señales de política monetaria. Hoy, diferenciarse significa gestionar liquidez con precisión, acortar tiempos de respuesta, minimizar errores y elevar la satisfacción del cliente, transformando la relación bancaria en un proceso ágil y atractivo.
La transformación digital
La digitalización ha dejado de ser un proyecto aislado para convertirse en la columna vertebral de los bancos. Su objetivo no es solo modernizar sistemas, sino reorganizar procesos de extremo a extremo, ordenar el dato y simplificar la experiencia del cliente, liberando a los equipos de tareas repetitivas para concentrarse en decisiones de mayor valor.
Entre los objetivos más concretos de la transformación digital se incluyen: reducir los tiempos de alta de un cliente, mejorar la precisión del precio del crédito, minimizar operaciones que requieren doble ejecución y elevar la conversión de ofertas digitales. Cada avance se traduce en ventajas competitivas que no se obtienen únicamente con ajustes de precios o políticas monetarias.
España se ha consolidado entre los líderes europeos en banca digital, con más del 70 % de la población utilizando estos canales. La adopción se ha acelerado gracias a la penetración del smartphone, soluciones de pago como Bizum y marcos regulatorios como PSD2 que refuerzan la seguridad. Martínez Tascón enfatiza: “Se prevé una penetración en torno al 85 % a medio plazo y que la contratación digital pase del 50 % al 75 %, pero para ello es necesario seguir invirtiendo y cerrar la brecha de edad y de territorio”.
El impacto competitivo de la digitalización no se limita a eficiencia operativa. Permite conocer mejor al cliente, segmentar con precisión, acortar procesos y abrir nuevas fuentes de ingresos, consolidando la posición de las entidades que lo implementan de manera integral.
Cooperación con las ‘fintech’
La irrupción de las fintech ha transformado la dinámica del sector. Estas empresas destacan por rapidez de adaptación, costes marginales bajos y diseño centrado en el usuario, lo que ha obligado a los bancos tradicionales a revisar sus políticas de negocio, construir nuevas capacidades e invertir en alianzas estratégicas.
En el ámbito de los pagos y transferencias inmediatas, las fintech han simplificado procesos, reducido comisiones y ampliado casos de uso. En crédito, han mejorado la cobertura de segmentos como pymes, jóvenes y autónomos, reduciendo los tiempos de respuesta. En inversión y ahorro, facilitan la segmentación por objetivos y el asesoramiento híbrido, combinando digitalización y atención personalizada.
La competencia de las ‘fintech’ ha sido un estímulo saludable para el sector bancario. el futuro pasa por la cooperación.
Según el informe de OBS, estas innovaciones no eliminan el papel del banco, sino que lo transforman hacia funciones de integración de terceros, gestión de riesgos y cumplimiento regulatorio, consolidando un modelo híbrido que combina escala y experiencia con agilidad y diseño centrado en el cliente. La cooperación entre banca tradicional y fintech se perfila como la estrategia más eficiente y sostenible para el futuro.
El cliente, eje de la estrategia
La relación entre bancos y clientes se ha reconfigurado hacia un modelo híbrido: lo cotidiano se resuelve por canales digitales, mientras que las decisiones complejas requieren atención presencial. La calidad de la interacción se ha convertido en un indicador clave de cercanía.
El Banco de España confirma que los usuarios combinan canales según la complejidad de la operación: gestiones rutinarias digitales y asesoramiento presencial en casos complejos o para segmentos de mayor edad o en municipios sin oficinas. Esta dualidad evidencia la necesidad de un diseño de servicios inclusivo, accesible y seguro, que minimice la brecha digital.
“El verdadero valor diferencial de los bancos estará en su capacidad para relacionarse con los clientes y gestionar el riesgo en un entorno muy cambiante”, afirma Martínez Tascón.
La brecha digital no es solo tecnológica: es de acceso, competencias y diseño. Para personas mayores, hogares con menor educación o zonas rurales, la migración al canal digital puede generar costes adicionales y mayor exposición al fraude. La respuesta exige oficinas móviles, agentes locales, acuerdos con comercios y formación práctica en tareas reales.
El futuro del empleo bancario
La digitalización ha transformado el empleo: los puestos transaccionales y repetitivos pierden peso, mientras que crecen los roles analíticos, creativos y consultivos. Los perfiles híbridos combinan finanzas, analítica y experiencia de cliente, capaces de anticipar necesidades y acompañar decisiones con criterio.
En la relación entre bancos y clientes, lo cotidiano se resuelve por canales digitales y lo complejo se realiza de forma presencial.
El asesoramiento patrimonial se ha convertido en un eje central. Banqueros privados y agentes financieros mantienen relaciones a largo plazo, combinando interacción humana cualificada y herramientas analíticas, elevando el compromiso del cliente.
Paralelamente, crecen los perfiles tecnológicos: analistas de datos, especialistas en automatización, arquitectos de integración y expertos en seguridad. Su labor asegura experiencias seguras y fluidas, basadas en información ordenada y decisiones fundamentadas.
Martínez Tascón subraya: “Quien lidere equipos hoy debe dominar ciencia de datos aplicada a negocio, diseño de experiencias simples, gobernanza del dato y habilidades de comunicación financiera para traducir la complejidad en decisiones claras”.
En el futuro inmediato, el empleo bancario será más pequeño en número pero más cualificado, con foco en la relación con el cliente, la seguridad digital y la eficiencia operativa.
La sosteninilidad en el centro
La sostenibilidad ha dejado de ser un apéndice reputacional para convertirse en criterio central en la concesión de crédito. Los bancos deben integrar factores ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) al evaluar operaciones, precios y seguimiento.
El Green Asset Ratio (GAR) mide la proporción de activos alineados con la taxonomía europea. Las directrices de la Autoridad Bancaria Europea (EBA) obligan a documentar criterios, mitigar riesgos de greenwashing y garantizar transparencia. Las cláusulas contractuales vinculadas a sostenibilidad definen hitos medibles y precios variables según el cumplimiento de objetivos verdes, convirtiendo los contratos en acuerdos vivos entre banco y empresa.
El objetivo es doble: facilitar la financiación de proyectos elegibles y garantizar transparencia sobre la exposición a actividades intensivas en carbono. Además, el Mecanismo Único de Supervisión incorpora riesgos climáticos y medioambientales a su gestión, reforzando consistencia metodológica y mejora continua de datos.
Hacia una banca resiliente
El futuro de la banca europea depende de integrar digitalización, seguridad, eficiencia y especialización. La ventaja competitiva ya no se mide únicamente por tipos de interés o tamaño de la red física.
La digitalización agiliza procesos cotidianos, la cooperación fintech optimiza servicios y la seguridad protege al cliente. El capital humano, con perfiles híbridos y especializados, asegura decisiones precisas y responsables.
Martínez Tascón concluye: “El futuro de los bancos pasa por integrar tecnología, gestión de riesgos y liquidez, especialización y cercanía, sensibilidad social y visión de cliente”.
En este contexto, las entidades que combinen innovación tecnológica, asesoramiento personalizado y criterios de sostenibilidad estarán mejor posicionadas para liderar la revolución bancaria europea, ofreciendo servicios modernos, seguros y alineados con las expectativas de un cliente cada vez más exigente.
