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MIQUEL SUREDA: “Catalunya tiene potencial para posicionarse como uno de los polos europeos del New Space”

Físico y doctor en Ingeniería Aeroespacial, Miquel Sureda es profesor de la Escuela Superior de Ingenierías Industrial, Aeroespacial y Audiovisual de Terrassa (ESEIAAT). Su trabajo como divulgador científico permite entender mucho mejor el fascinante mundo aeroespacial. Algo que nos queda lejos y, sin embargo, en Catalunya, tal como él comenta, se está desarrollando a grandes pasos. En esta entrevista pone de relieve la economía del New Space y los proyectos que existen en la actualidad en este destacado campo.

¿Hasta qué punto se puede hablar de industria aeoroespacial en Catalunya?

Catalunya se está posicionando en una nueva tendencia dentro del sector aeroespacial, la denominada economía del New Space, que es una manera de hacer tecnología y negocios utilizando el espacio, y ha revolucionado la manera de hacer las cosas respecto a cómo se hacían antes. Antes el acceso al espacio era muy complejo, porque los proyectos eran muy caros y precisaban mucho tiempo, con lo que solo grandes empresas y naciones o incluso conjuntos de naciones, como la ESA (Agencia Espacial Europea) tenían acceso al espacio. En el momento en que la tecnología ha permitido que los procesadores, los diferentes sensores, los elementos que conforman un satélite se hagan más pequeños y asequibles, empiezan a aparecer los nanosatélites, que pueden llegar a pesar solo uno o dos kilogramos. Los precios y lo plazos se reducen mucho, y hacer un satélite y ponerlo en órbita es mucho más fácil. Muchos actores nuevos entran en juego y ahora hay muchísima más diversidad en el negocio, al que acceden startups y países que antes no tenían el potencial que se necesita para entrar en el espacio.

¿Cómo se concreta este acceso al espacio aquí en Catalunya?

Aprovechando esta oportunidad, desde el Govern y todo el ecosistema, como las universidades donde formamos a los alumnos, las empresas y startups que lo llevan a cabo, todos los actores estamos poniendo de nuestra parte. El Govern está haciendo una inversión muy importante en dinero, pero también poniendo el ecosistema espacial catalán en orden de prioridad. Creo que se está aprovechando nuestro potencial porque, si bien Catalunya no tenía un papel destacado en este sector, sí tiene todos los elementos para conseguirlo y posicionarse como uno de los polos del New Space dentro de Europa.

¿Hasta qué punto es importante entonces la iniciativa privada?

La iniciativa privada es fundamental, sobre todo en este tipo de sector nuevo, porque lo que la Administración hace es aportar recursos. Tenemos, por ejemplo, una empresa de mucho prestigio a nivel mundial, denominada GTD, que lleva mucho tiempo haciendo software y trabajando para la ESA. Pero también empresas más pequeñas, y son muy necesarias, son la punta de lanza, que acabarán llevando a cabo los proyectos. Esto demuestra que el potencial existe, sobre todo en cuanto a capital humano que sale de las universidades, y la gracia sería poder retener este potencial. Llevo muchos años dando clases en la UPC a estudiantes de Ingeniería Aeroespacial y formamos a estudiantes extremadamente buenos, porque para entrar en la carrera tienen que serlo, y una cosa que siempre me ha dado mucha pena es que la mayoría de ellos se tiene que ir fuera del país. Últimamente, a través de toda esta estrategia y de todo el movimiento que se está generando, hay más estudiantes que deciden quedarse, y quizás la idea que tenían de montar una pequeña empresa en Reino Unido o en Francia, la pueden realizar aquí. Esta es la clave.

¿Qué regulaciones existen en el sector?

La reciente explosión del interés de las empresas privadas por el espacio ha hecho que proyectos desde entidades públicas como la ESA o la NASA subcontraten cada vez más. Y aquí hay varias cosas a comentar. La primera es que se podría poner en duda que las agencias espaciales que tienen dinero público gestionen estos recursos ahora pero acaben yendo a parar a las empresas privadas que llevan a cabo los proyectos. Personalmente, creo que esto es normal, porque al final los proyectos avanzan más rápido y son más económicos cuando se hacen desde estas empresas privadas. De todas formas, es cierto que hay que ir con cuidado porque se trata de recursos públicos.

Por otra parte, está el tema de que cada vez hay más empresas que trabajan en el sector y entran de pleno en el mundo del espacio. ¿Hasta qué punto está esto regulado? Podríamos decir que el Tratado del Espacio Exterior, que se firmó en los años 70 y que se ha ido actualizando, cada vez está más desfasado. Y aunque es verdad que cada país puede poner sus propios controles además de la legislación internacional, hay agujeros que cuesta legislar, y en ciertos aspectos las empresas privadas se encuentran con que pueden hacer un poco lo que quieran. Un ejemplo muy claro son las megaconstelaciones. Hay varias empresas en el mundo –la más famosa es SpaceX de Elon Musk– que están intentando poner decenas de miles de satélites para hacer comunicaciones en órbita baja, y esto conlleva problemas de diferentes tipos, porque ensucian el cielo desde el punto de vista de la observación astronómica desde la Tierra, y ahora mismo no hay ninguna legislación que lo prohíba. El problema es que como el espacio no pertenece a nadie, ningún país puede poner una legislación prohibiéndolo, se necesitan tratados bilaterales o multinacionales que son difíciles de hacer. Realmente, la legislación actual se debería actualizar según las nuevas tendencias, pero cuesta.

Usted forma parte de la junta de la Sustainable Offworld Network (SONet), una comunidad de profesionales que tiene como objetivo desarrollar y explorar la sostenibilidad a largo plazo de las actividades humanas en el espacio. Explíquenos su importancia.

En SOnet estamos centrados en cómo habitar planetas fuera de la Tierra. Es una agrupación de profesionales que trabajamos para ver maneras sostenibles de hacer bases en la Luna, Marte, etc., que son cosas que sucederán en las próximas décadas. Independientemente de que esto esté alejado de lo que hablábamos, el New Space, hay que velar porque el uso del espacio sea sostenible, no solo en estas futuras bases marcianas o lunares, sino en la órbita terrestre. Y actualmente la órbita terrestre, sobre todo la órbita baja, se está congestionando muchísimo. De momento, no está siendo muy problemático, pero si se desarrollan todos los proyectos que están sobre la mesa, realmente podemos llegar a un punto en que la órbita baja esté saturada, y esto tiene varios problemas, desde el punto de vista de la astronomía, pero también problemas graves como colisiones entre satélites. Cuantos más haya, más fácil será que uno acabe chocando con un trozo de chatarra que no tengamos controlado, o dos satélites entre ellos, y esto al final puede desencadenar que haya más basura espacial de la que podemos aguantar, más colisiones. Por lo tanto, la órbita baja se tendría que regular, y en esto soy un poco pesimista.

Nos ha hablado de su interés por la exploración espacial. ¿A dónde puede llevarnos en los próximos años?

La próxima gran frontera que tenemos en mente al hablar de exploración espacial, sobre todo tripulada, es la Luna. A finales de esta década, pronostico que volveremos a ver a alguien pisando la Luna, seguramente una mujer. Ahora hay una pequeña carrera entre los EE UU, con su programa Artemis, y China, que también se dice que durante esta década quiere poner astronautas en la Luna. Este es un paso previo para el gran salto, que es ir a Marte. Los grandes retos en las próximas décadas en cuanto a exploración espacial tripulada son, por un lado, no solo llegar a la Luna sino tener allí una base semipermanente, donde haya gente haciendo experimentos y viviendo de manera regular; y después utilizar la Luna como trampolín para saltar hasta Marte, donde podamos llegar con misiones tripuladas. Hay que pensar que nosotros llegamos a la Luna a finales de los 60 y, desde entonces, de hecho desde 1972, no hemos vuelto. Solo vamos con astronautas hasta la Estación Espacial Internacional, que es un laboratorio que orbita a 400 km de altura. Por lo tanto, toca volver a ser ambiciosos, toca volver a mirar hacia la Luna y Marte.

Pronostico que a finales de esta década volveremos a ver a alguien pisando la Luna, seguramente una mujer,

En cuanto a la exploración robótica, que es otra manera de hacer exploración en la que no envías gente sino sondas o pequeños rovers que pueden desplazarse por los planetas, hay muchísimas misiones muy interesantes para intentar explorar las lunas de Júpiter, de Saturno, o para enviar al espacio nuevos telescopios que nos permitan hacer astronomía de una manera que ahora parece de ciencia ficción.

¿Hace falta más divulgación, como la que usted hace, sobre esta industria?

Divulgar el espacio es muy agradecido, porque en general a la gente le interesa, y en cuanto empiezas a hablar de todo esto, la gente conecta. En las escuelas se hace mucha divulgación, con talleres, etc., y realmente lo alumnos lo disfrutan y les interesa muchísimo. Se puede utilizar el espacio para explicar un montón de cosas, relacionadas con la física, la química, la biología… Lo que a veces cuesta más es llegar a la gente adulta, porque a ellos se llega a través de los medios de comunicación, y el problema que veo es frecuentemente solo se interesan por el espacio cuando se trata de noticias muy sensacionalistas. Por ejemplo, un cohete que explota, un asteroide que alguien dice que chocará con la Tierra o algo que suene a que se está encontrando vida fuera de la Tierra. Estas son las grandes noticias por las que me llaman desde radios, televisiones, etc. Pero que haya una misión que llega hasta Júpiter y que orbite el planeta para calcular su campo gravitatorio y la composición de su atmósfera, para los medios generalistas no es tan interesante. En ciertos aspectos es criticable lo que hacen en el espacio Elon Musk y otros multimillonarios como Jeff Bezos con sus empresas, pero también es cierto que de nuevo están poniendo el espacio de moda.

¿En qué proyectos está trabajando actualmente la UPC dentro de su ámbito?

En la UPC hay muchos investigadores trabajando en temas de espacio, pero por mostrar un poco su gran diversidad, puedo mencionar diferentes proyectos en los que personalmente hago investigación. Trabajo en proyectos de micro y nanosatélites, y cómo hacer que funcionen mejor, que puedan operar en órbitas muy bajas y que se puedan comunicar de manera eficiente a través de láser. También trabajo, por ejemplo, en un proyecto que estudia futuras bases humanas en la Luna o Marte y cómo hacer que estas bases o incluso futuras ciudades sean sostenibles.

La investigación en el espacio en Catalunya está liderada por las diferentes universidades –UPC, UB, UAB– y el CSIC, y todo esto está englobado por el Institut d’Estudis Espacials de Catalunya, que aglutina a la mayor parte de los investigadores en el sector, y lo que hace, como he dicho antes, es vertebrar y apoyar todos estos proyectos.

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