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Hacia una innovación de impacto

Estamos frente a un nuevo modelo que hace de la transversalidad de las tecnologías un factor imprescindible para acelerar un progreso tecnológico diferenciador.

La tecnología ha demostrado que es una aliada clave para conseguir progresos de impacto, a partir de soluciones más eficaces y disruptivas, en un escenario como el actual, donde se produce una transformación profunda y simultánea en todos los ámbitos del tejido industrial, social y ambiental.

Estamos en un contexto en el que Europa afronta un momento decisivo sobre su capacidad para abastecerse de tecnologías estratégicas para el bienestar de la sociedad y la competitividad empresarial. Superar con éxito esta situación requiere el establecimiento de una hoja de ruta que permita priorizar las tecnologías que tendrían la consideración de críticas. Otro aspecto estratégico es la promoción de la generación de tecnología propia para garantizar un adecuado suministro. En este marco, hay tendencias que es muy importante tener en cuenta, así como definir los sectores que podrían considerarse estratégicos a todos los niveles.

Aunque la recuperación depende de muchos factores, la ciencia, la tecnología y la innovación han demostrado que son esenciales para encontrar soluciones, en un escenario extremadamente cambiante en el que es primordial impulsar la reactivación y la competitividad, teniendo la preservación del medio ambiente y la sostenibilidad como elementos irrenunciables en cualquier actuación que se plantee.

Esta dinámica hace que la capacidad de cooperar sea estratégica y hace imprescindible adoptar una perspectiva que tenga en cuenta elementos tecnológicos, ambientales, sociales, industriales, económicos y reguladores diferenciales y disruptivos. En este nuevo entorno, que se materialice un crecimiento económico impulsado por los fondos de recuperación es importante, pero lo es más que el progreso se fundamente en una transformación basada en la innovación.

Desde este ángulo, es primordial que los centros tecnológicos profundicen en su papel como conectores entre el mundo del conocimiento y el de la producción y la generación de valor económico, a partir de soluciones multitecnológicas que den respuesta a las verdaderas necesidades del tejido económico y empresarial.

En este sentido, la pandemia ha supuesto la aceleración de un cambio tecnológico de gran magnitud, que ha acentuado la digitalización de nuestras vidas, empresas, servicios y sistemas de producción. Las tecnologías digitales y la automatización han demostrado ser vitales para proteger nuestra salud, pero a su vez también para seguir trabajando, para continuar conectados con nuestro entorno, para el suministro de productos y para adaptar muchos negocios, así como en la educación, el comercio, el ocio o los trámites financieros, entre otros muchos ámbitos. La digitalización marca también la diferencia en términos vinculados a la anticipación, agilidad, trazabilidad, sostenibilidad o personalización. Desde esta óptica, estamos viendo también la importancia de aplicar la tecnología de forma muy innovadora para poder sacar el máximo rendimiento posible a las oportunidades y lecciones aprendidas y dar respuesta a los desafíos.

En este nuevo entorno, los países y las empresas necesitan avanzar de forma decidida en materia de digitalización, así como en la implantación de la industria 4.0 y de la economía circular. Este planteamiento sitúa a la tecnología como palanca indispensable para la innovación y en su traducción en nuevos productos, servicios o procesos con alto impacto.

Enfocarnos hacia una innovación de impacto implica también el establecimiento de una interrelación con toda la cadena de valor, dentro de un ecosistema que exige inmediatez. Innovar significa, además, hacer una buena gestión de los recursos disponibles, con especial atención a la preservación del medio ambiente. Se trata de un proceso que significa también abordar conceptos integrales, una dinámica que hoy en día no se entiende sin la hibridación tecnológica.

Estamos frente a un nuevo modelo que hace de la transversalidad de las tecnologías un factor imprescindible para acelerar un progreso tecnológico diferenciador. Se trata de un punto de inflexión que abre la puerta a oportunidades que marcarán la evolución de este siglo y que implica reflexionar y explorar nuevas ideas juntos, para dar respuestas verdaderamente útiles a los nuevos retos y desafíos.

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