Los interim managers asumen la dirección de empresas en crisis o transformación durante periodos limitados. Son muy populares en países como Reino Unido y Alemania
Hasta 500 euros la hora. Este es el sueldo que puede llegar a cobrar un interim manager en España. Xavier Vidal es un ejemplo de ello. Afincado en Barcelona, se dedica a ejercer como director general en empresas por tiempo limitado. Puede ser para acompañar un proceso de integración, adaptarse a un nuevo marco normativo o, incluso, darle la vuelta a una compañía al borde de la quiebra. “Los proyectos suelen durar entre seis meses y un año, con sueldos desde los 140 euros la hora”. Su último encargo era de los difíciles, evitar el cierre de una empresa en una situación extremadamente delicada. A los siete meses, la compañía había reflotado. Al acabar el año de contrato, los objetivos se habían superado con creces y la idea de venderla quedó completamente descartada. La vida profesional de Vidal funciona por proyectos. Durante unos meses se integra en una compañía, asume funciones ejecutivas y toma decisiones estratégicas como si formara parte de su estructura fija. Cuando termina el encargo, vuelve a empezar. A veces tarda semanas en incorporarse a un nuevo proyecto, incluso meses. En otras ocasiones, en cambio, el cliente puede requerir su incorporación en menos de 48 horas.
Las cualidades que deben tener estos perfiles van desde una larga experiencia y una alta capacidad de dirección empresarial hasta excelentes habilidades sociales y de gestión de personas. Sin egos ni medallas, los interim managers deben adaptarse a realidades muy distintas en poco tiempo y encajar con equipos que, en algunos casos, los perciben como una amenaza externa. El perfil habitual es el de un directivo sénior con más de 15 o 20 años de experiencia en posiciones de responsabilidad. Muchos han pasado por multinacionales o han gestionado situaciones de alta complejidad, y encuentran en este tipo de proyectos un espacio donde aportar valor de forma inmediata.
En muchas ocasiones, estos servicios se gestionan a través de empresas especializadas con una amplia red de candidatos. Manager in Motion es una de ellas. Con sede en Sant Andreu de Llavaneres, opera en España y Portugal y forma parte de una alianza internacional presente en más de veinte países. “Cada vez más compañías recurren a estos perfiles para desencallar situaciones concretas o acelerar procesos que el día a día acaba dejando en segundo plano. Los empresarios saben dónde quieren llegar, pero muchas veces no tienen tiempo para implementar los cambios”.
Directivos a 1.500 euros al día: así son los ‘interim managers’
Los interim managers trabajan principalmente en proyectos de transformación empresarial, desde procesos de digitalización hasta internacionalizaciones, pasando por tensiones de tesorería o compañías con las ventas estancadas. “No solo se trata de definir una estrategia, sino de ejecutarla. Ahí es donde aportan el valor añadido. Buena parte del trabajo consiste en leer rápidamente la cultura interna de una empresa, detectar conflictos y entender las dinámicas reales de la organización”, apunta Sáez. “Suelen ser perfiles muy pragmáticos, con capacidad de adaptación y orientados a resultados, con una vocación clara de transmitir conocimiento y reforzar los equipos internos”.
A diferencia de un consultor tradicional, el interim manager asume responsabilidades ejecutivas reales dentro de la compañía. Participa en comités de dirección, lidera equipos y responde directamente ante la propiedad o el consejo de administración. En muchos casos toma decisiones sensibles relacionadas con reorganizaciones internas, ajustes de plantilla o redefinición de procesos productivos. Su papel no es asesorar, sino ejecutar.
En España, sin embargo, el sector está lejos de la madurez que tiene en países como Reino Unido, Alemania –donde existe un epígrafe específico y las asociaciones sectoriales participan en determinadas negociaciones empresariales junto a sindicatos y administraciones– o Estados Unidos. Francisco Páez, presidente de la Asociación Interim Management España, recuerda que la entidad, la más grande del país, nació en 2012 precisamente para dar visibilidad a una figura todavía poco conocida en el mercado español. “En otros países es una tipología de trabajo plenamente reconocida, mientras que aquí todavía existe cierta confusión con la consultoría”, cuenta en entrevista con Cataluña Económica.
Según la asociación, la demanda de interim managers ha crecido cerca de un 30 % desde la pandemia, impulsada por la incertidumbre económica, la acumulación de crisis y la necesidad de afrontar cambios rápidos en ámbitos como la sostenibilidad, la digitalización o la inteligencia artificial. “Hay empresas que prefieren incorporar temporalmente a un directivo especializado antes que asumir una contratación estructural”, explica su presidente. La pandemia marcó un punto de inflexión para el sector. “Muchas empresas se vieron obligadas a reorganizar procesos internos, digitalizar operaciones a contrarreloj o afrontar graves tensiones financieras. En ese contexto, los perfiles capaces de aterrizar rápidamente y gestionar situaciones complejas ganaron protagonismo”, destaca Francisco Páez. Desde entonces, la demanda no ha dejado de crecer.
Muchos tienen entre 50 y 60 años, están cerca de la jubilación y buscan un rol en el que puedan desplegar toda su experiencia por tiempo limitado
Los proyectos tienen una duración determinada y unos objetivos muy concretos, y pueden alargarse como máximo los meses pactados en el acuerdo. “Son misiones con hitos e indicadores definidos desde el principio. El directivo entra, ejecuta el proyecto y sale”, resume el presidente de la asociación. “Las tarifas varían según el perfil, el sector y la complejidad de la misión. En grandes compañías pueden alcanzar entre 1.000 y 1.500 euros por jornada, mientras que en pymes se sitúan entre los 600 y 800 euros diarios”. Los sectores con mayor demanda son la automoción, la industria alimentaria, la energía y la tecnología, especialmente en Catalunya. También ganan peso áreas como recursos humanos o dirección de sistemas, impulsadas por las nuevas normativas de transparencia salarial y la irrupción de la inteligencia artificial. Lo mismo ocurre con la sostenibilidad, donde la presión regulatoria europea obligará a transformar procesos internos en miles de empresas.
El componente internacional también juega un papel relevante. Algunos interim managers españoles trabajan en proyectos repartidos por todo el mundo o se desplazan temporalmente a otros países para liderar procesos de integración y transformación empresarial. Según el presidente de la Asociación Interim Management España, son también frecuentes los casos de empresas europeas que buscan perfiles españoles para gestionar operaciones en Latinoamérica o en el sur de Europa, donde el conocimiento del idioma y de la cultura empresarial resulta clave.
Más allá del interim management clásico, algunas compañías apuestan por fórmulas híbridas o fraccionales. Jordi Damià, CEO de Setesca, consultora de sistemas informáticos, explica que muchas pymes no necesitan –ni pueden asumir– un director a tiempo completo, pero sí requieren experiencia directiva unas horas o algunos días a la semana. “Es parecido a lo que hacen muchas empresas con los despachos de abogados, que contratan el servicio cuando lo necesitan, sin tener a esa figura contratada a jornada completa”, afirma.
Es en estos casos cuando perfiles como directores financieros o responsables de sistemas trabajan simultáneamente para varias empresas. “Un director tecnológico puede cobrar entre 90.000 y 150.000 euros al año en una gran compañía, pero muchas pymes solo necesitan ese conocimiento dos días a la semana”, apunta Damià. La fórmula permite acceder a talento directivo de alto nivel sin asumir una contratación permanente, con costes más reducidos y resultados igual de eficientes. En el caso de Setesca, Damià señala que muchos de los interim con los que trabajan tienen entre 50 y 60 años, están cerca de la jubilación y buscan un rol en el que puedan desplegar toda su experiencia por tiempo limitado. El directivo fraccional representa, en cierto modo, una adaptación del interim management a la realidad de las pequeñas y medianas empresas, compañías que necesitan experiencia estratégica pero no tienen estructura suficiente para incorporar perfiles ejecutivos a jornada completa. Compartir talento entre varias organizaciones permite cubrir ese vacío y profesionalizar áreas clave sin disparar unos costes que, de otro modo, resultarían inasumibles.
La rapidez es una de las características más valoradas. Mientras que un proceso de selección convencional para incorporar a un directivo puede durar varios meses, las firmas especializadas aseguran que pueden encontrar perfiles adecuados en cuestión de días. “Hay ocasiones en las que las empresas llaman porque tienen un problema urgente y necesitan a alguien prácticamente de inmediato”, explica Damià. “Puede tratarse de una baja de larga duración, una integración empresarial o una situación financiera delicada en la que cada semana cuenta”.
Aun así, el modelo tiene sus inconvenientes. La incertidumbre laboral es uno de ellos. Los periodos sin proyectos forman parte de la dinámica habitual y los ingresos pueden fluctuar considerablemente de un año a otro. Además, no todos los directivos están preparados para trabajar en entornos tan cambiantes. “Hay que tener mucha experiencia, capacidad de adaptación y también cierta fortaleza mental”, explica Sáez, de Manager in Motion. “No todo el mundo sabe entrar en una empresa, generar confianza rápidamente y asumir presión desde el primer día”.
En Catalunya, donde predominan las pequeñas y medianas empresas y el peso de la empresa familiar sigue siendo elevado, el modelo avanza de forma desigual. Aun así, tanto las firmas consultadas como la asociación coinciden en que la tendencia seguirá creciendo de forma sostenida en los próximos años. En un contexto marcado por la incertidumbre económica, la aceleración tecnológica y la dificultad para encontrar talento directivo especializado, los directivos temporales se convierten poco a poco en una pieza más del engranaje empresarial. Queda por ver si a largo plazo se consolidan como un perfil estable dentro del mercado o quedan reservados a etapas de mayor turbulencia. Los sueldos, como mínimo, son un buen aliciente para apostar por su futuro.
