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El camino de la industria del ‘packaging’ hacia la sostenibilidad

La sostenibilidad como reto ineludible para el envase y embalaje vuelve a ganar enteros impulsada por una mayor concienciación social.

La sostenibilidad es, sin duda, el factor que más fuertemente está marcando la innovación de la industria del envase y embalaje. La mayor concienciación medioambiental de los consumidores y la obligatoria adaptación a un nuevo contexto legislativo, enmarcado en la economía circular, aceleran la marcha hacia un futuro más verde para el packaging.

No es un reto nuevo. La industria del packaging lleva más de una década introduciendo innovaciones en el ámbito de la sostenibilidad, incorporando procesos, prácticas y materiales que minimicen el impacto de su actividad en el entorno. No obstante, hoy conceptos como ecodiseño, reducción, reutilización y reciclaje, que este potente sector ya ponía a disposición de la innovación de las marcas envasadoras, ganan protagonismo y son más necesarios que nunca en el nuevo paradigma de la economía circular.

La transformación del estilo de vida, los hábitos de consumo y los canales de compra a raíz de la pandemia han supuesto un notable aumento de la demanda de productos envasados tanto en el comercio físico y online como en el sector de la hostelería y restauración.

Durante esta crisis sanitaria, el packaging ha destacado por su insustituible función como garante de la seguridad, higiene, información y trazabilidad de los productos por encima de cualquier otra consideración. Pero, con el paulatino regreso a la normalidad, la sostenibilidad como reto ineludible para el envase y embalaje vuelve a ganar enteros impulsada por una mayor concienciación social. De hecho, un 80% de los consumidores incorpora ya la sostenibilidad en sus decisiones de compra y seis de cada diez están dispuestos a pagar más por productos y servicios sostenibles, según datos de AECOC.

Nuevo marco legislativo

Paralelamente, la llegada de diversas novedades legislativas, a nivel europeo, estatal y autonómico, plantea cambios que afectan de lleno al sector del envase y embalaje. En este 2022 está prevista la aprobación del Real Decreto de envases y residuos, aún en fase de borrador, y de la Ley de Residuos y Suelos Contaminados, que entre otras normativas transpone la Directiva Europea de Plásticos de un Solo Uso (SUP) que entró en vigor el verano pasado en el territorio de la UE. Asimismo, cabe recordar los objetivos de la Estrategia de Europea de Plásticos publicada en 2018 que determina que en 2030 todos los envases de plástico deben ser 100% reciclables, compostables o reutilizables.

Por tanto, la industria del packaging, las empresas usuarias de sus soluciones y la gran distribución deberán adaptarse rápidamente a este nuevo marco legislativo que fijará, entre otras medidas, objetivos en materia de reducción de residuos de envase, en el aumento del reciclado y reutilización, en contenido mínimo obligatorio de plástico reciclado en los envases, en etiquetado y marcaje de los envases para indicar su grado de sostenibilidad, y en la posible implantación de un Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) para envases reutilizables o de un solo uso.

Análisis del ciclo de vida

En este camino hacia una mayor sostenibilidad del packaging, el debate parece centrado en la reducción de los materiales y en la eliminación del plástico. Bien es cierto que cualquier material de envase debe utilizarse optimizando al máximo los recursos para conseguir la menor huella ambiental posible, pero lo necesario será enfocar correctamente la parte de concepción y diseño del envase. Para ello, resulta esencial realizar un análisis que contemple todo el ciclo de vida del packaging.

El mantra de las 3R (reducir, reciclar y reutilizar) entra en este análisis, pero siempre debe acompañarse de una estrategia integral que tenga en cuenta el proceso completo de desarrollo de un envase: desde su ecodiseño a su reciclado, pasando por la selección de los materiales más adecuados para cada caso, la optimización energética, las fases de producción y transformación, la mejora del transporte, su uso, además de los sistemas de gestión de residuos y valoración. Solo así se elegirá la mejor opción para un packaging realmente sostenible.

Y, al mismo tiempo y no menos importante, es imprescindible que todos los agentes que intervienen en la cadena de valor de un producto y su packaging (fabricantes, consumidores, administración, gestores de residuos, etc.) actúen de forma coordinada y en la misma dirección.

Reutilización, reciclaje y nuevos materiales

Hay expertos que abogan por considerar la reutilización como la primera opción para un envase sostenible, ya que es la “R” que mejor previene la generación de nuevos envases y residuos y reduce el gasto de recursos, aprovechando los existentes el número de veces que se considere óptimo. Sin embargo, la complejidad logística y operativa que supone su implantación sumada a la ausencia, por el momento, de sistemas de retorno hacen que sea una alternativa que pase a segundo plano. Con todo hay algunas marcas que están llevando a cabo algunas experiencias de reutilización de su packaging con éxito en ámbitos como la hostelería, el ecommerce y el retail.

Un 80% de los consumidores incorpora ya la sostenibilidad en sus decisiones de compra y seis de cada diez están dispuestos a pagar más.

Hasta ahora la “R” protagonista es el reciclado, impulsada por las novedades legislativas que promueven el diseño de envases fácilmente reciclables y que incorporen un alto porcentaje de material reciclado.

De hecho, hace tiempo que estamos viendo como algunas marcas de bebidas y cosmética promocionan sus envases hechos con materiales 100% reciclables o con un alto porcentaje de material reciclado y cadenas de supermercados que comunican la progresiva eliminación de plásticos, material que no tiene por qué ser siempre el malo de la película si se usa, optimiza y recicla bien. Esto supone adaptar y potenciar los sistemas de gestión de residuos actuales y evitar siempre que sea posible los envases multicapa y multimaterial que complican el proceso de reciclado.

Otro de los retos en este apartado será reintroducir materiales y plásticos reciclados en el proceso de producción de packaging sin perjuicio de la seguridad alimentaria y de la salud del consumidor, algo intocable para la industria. En este sentido se están investigando procesos de limpieza, descontaminación y reciclado que lo permitan, igual que ya es posible hacer con el plástico PET, el más utilizado para envasar bebidas y que necesita impulsar su crecimiento para hacer frente a los objetivos de reciclado que fija la legislación.

Al mismo tiempo, la industria del packaging innova en la búsqueda de nuevos materiales procedentes de fuentes renovables. Son los llamados bioplásticos, algunos de ellos biodegradables o compostables. Residuos vegetales procedentes de frutas y verduras, la caña de azúcar, la cáscara de arroz o las algas son la materia prima de estos materiales alternativos. También el papel, el cartón o la madera se posicionan como materiales sostenibles, pero, reitero, su selección dependerá del análisis de ciclo de vida del packaging que se ponga en el mercado y de que realmente sea la alternativa más eficiente y con menor huella ambiental. En este apartado, cabe destacar el papel activo de los centros tecnológicos y de numerosas startups que están impulsando el desarrollo de estos materiales y soluciones.

Y finalmente, en este camino hacia la sostenibilidad, hay que añadir la capa de la digitalización. Las tecnologías de la industria 4.0 aplicadas a la producción, los procesos, la logística, el consumo y el reciclaje de los envases aporta una información de enorme utilidad para que ese ciclo de vida sea el más eficiente y sostenible posible.

Y acabo con una reflexión. La sostenibilidad no solo en el packaging será un camino permanente que necesita un plan de acción compartido y el compromiso total de empresas, administración y sociedad para luchar contra la emergencia climática.

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