Cataluña Económica

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El coche eléctrico pide un plan estratégico

El 75% de las empresas que se dedican al sector de la automoción desaparecerán si no hay un cambio de modelo urgente y una adaptación a nivel industrial.

La revolución del sector de la automoción motivada por la llegada del vehículo eléctrico ya es más presente que nunca. Lo que hasta ahora parecía un cambio de futuro ha llegado con fuerza y está creando un cambio de grandes dimensiones dentro del parque automovilístico del territorio. A pesar de la rapidez en el cambio de legislación y las restricciones cada vez más elevadas al vehículo de combustible fósil, la industria también debe responder con rapidez a este proceso de transformación si no quiere que desaparezca gran parte del tejido empresarial en un futuro muy próximo.

Y es que, tal y como hemos ido diciendo durante el último año, el 75% de las empresas que se dedican al sector de la automoción desaparecerán si no hay un cambio de modelo urgente y una adaptación a nivel industrial alrededor del vehículo eléctrico. La propuesta europea de prohibir la comercialización de cualquier vehículo de combustión (incluso los híbridos) para el año 2035 ha acelerado el proceso de adaptación del tejido industrial y ha avanzado las previsiones que se tenían. Según nuestro informe, encargado a KPMG, sobre la industria de la automoción, en el año 2040 el 30% de los vehículos fabricados serían de batería eléctrica, el 25% híbridos, el 23% eléctricos con pila de combustible y el 22% con motores de combustión interna. Pues bien, estas cifras han quedado mucho más acotadas.

A pesar de la noticia y el avance de este proceso de transformación, la desaparición de las empresas no implica una fallida del sector, sino un cambio sustancial en el que entrarán en juego fabricantes y proveedores que hasta ahora no habían formado parte del sector de la automoción. Algunos son fabricantes de componentes para el vehículo eléctrico como el cableado, pero hay que tener muy en cuenta toda la parte de infotainment que es una industria muy interesante.

Entrarán en juego fabricantes y proveedores que hasta ahora no habían formado parte del sector de la automoción.

Aunque se prevé que la importancia de Europa Occidental en la fabricación de automóviles siga decreciendo en los próximos años (hasta llegar al 5% de la producción global en menos de una década), el papel de Catalunya es indispensable hoy en día y lo seguirá siendo también en esta transición eléctrica. La facturación total del sector el año 2018 superó los 23.842 millones de euros y los puestos de trabajo directos llegaron a los 56.200. En resumen, el resultado es un impacto directo de casi 10.000 millones de euros en la economía catalana y más de 143.000 puestos de trabajo en todo el territorio.

Las fábricas de baterías

Respecto a las famosas fábricas de baterías, el tema está siendo el eje del inicio del cambio en el sector en territorio español. Actualmente hacen falta de dos a tres plantas de fabricación de baterías eléctricas para abastecer la demanda que se generará en los próximos años. En este contexto, hasta nueve comunidades autónomas (podrían ser diez si se añade Madrid) han propuesto proyectos para instalar fábricas de baterías.

La salida de Nissan de Catalunya, aunque es una noticia negativa por el impacto económico, puede ser también una muy buena oportunidad para instalar una fábrica de vehículos eléctricos ya que es más eficiente hacerlo en una instalación dedicada a la fabricación de automóviles pues que se requiere una menor adaptación de la fábrica. Además, podríamos retener buena parte del talento y la experiencia de los trabajadores de Nissan, muy importantes para nuestra industria.

El tejido empresarial que pivota alrededor de la automoción, la presencia de grandes fabricantes y la gran inversión en desarrollo tecnológico que caracteriza a Catalunya la posicionan como uno de los territorios europeos de referencia en el mercado del coche eléctrico.

El gobierno de Pedro Sánchez ya anunció una inyección de 4.300 millones de euros hasta el 2023 para impulsar el vehículo eléctrico y conectado (el famoso PERTE), que debería venir acompañado de otros 19.000 millones de euros en inversión privada. El debate sobre los fondos Next Generation también perfila a Seat como uno de los principales candidatos a recibir unas ayudas públicas de casi 3.000 millones de euros (que también vendrán acompañados de una movilización de 12.000 millones de inversión privada dedicados a transformar la cadena de valor del vehículo eléctrico).

La pila de combustible

Uno de los debates más interesantes en los últimos años ha sido la apuesta por la pila de combustible de hidrógeno ante la eclosión de la batería eléctrica. Aunque se contempla como una opción que podría coexistir con la del vehículo eléctrico (sobre todo como solución a largo plazo), su desarrollo no ha sido el mismo y aún nos queda camino por recorrer.

Una de las principales ventajas de esta tecnología es el rango de movilidad que permite a los vehículos, muy similar a la gasolina y un motor de combustión, una gran diferencia frente a la batería eléctrica. Además, se necesitan menos materias primas (especialmente litio y cobalto) y el tiempo de carga es mucho menor que el de un coche con batería eléctrica.

A pesar de ello, la eficiencia sí que hace decantar la balanza de forma clara: un vehículo eléctrico tiene entre un 80% y un 90% de eficiencia desde la producción de energía hasta su aplicación para mover el vehículo, mientras que la pila de combustible está entre el 25% y el 30%. Además, la instalación de una estación de abastecimiento de hidrógeno es mucho más cara que un punto de carga de vehículo eléctrico, y los modelos de vehículos que funcionan con esta tecnología aún son muy escasos y caros porque la tecnología aún está poco desarrollada. Para poner un ejemplo, un SUV para 4-5 personas tiene un coste aproximado de 70.000 euros.

Esta diferencia también es relativa y hay que seguir investigando la tecnología para que nos permita aprovechar todo el potencial que nos presenta la pila de combustible, que es muy interesante. Muy lejos de ser una alternativa energética del pasado, muchos expertos opinan que el hidrógeno es la clave para los vehículos (especialmente los de grandes dimensiones) en un futuro no demasiado lejano y puede ser una alternativa muy interesante para garantizar la movilidad sostenible de los vehículos en los próximos años.

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