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Turismo inteligente y tecnología

Un destino turístico inteligente es un espacio innovador con una robusta infraestructura tecnológica que facilita la integración del visitante en el entorno.

Si en un entorno prepandemia conceptos como sostenibilidad y digitalización ya se vislumbraban como los principales retos a resolver en el sector turístico, no cabe duda de que el contexto actual ha acelerado la necesidad de incorporar las nuevas tecnologías en el desarrollo inteligente y sostenible del sector. Todos tenemos en la mente modelos de desarrollo turístico poco inteligentes, menos sostenibles y nada respetuosos con los ciudadanos. Es una realidad que debemos transformar, el turista y el ciudadano deben interactuar de forma más armónica entre ellos y con el entorno y por eso el turismo inteligente ha venido para quedarse.

Los nuevos modelos de turismo requieren la integración de muchos factores y componentes, tales como infraestructuras físicas y de tecnología de la información de alto nivel, recursos humanos bien capacitados, gestión efectiva, cooperación entre las partes interesadas y consciencia ambiental y social. Y claro está, también requieren de destinos inteligentes.

Un destino turístico inteligente o DTI es un espacio turístico innovador fundado sobre una robusta infraestructura tecnológica que responde al desarrollo sostenible del territorio, facilita la integración del visitante en el entorno y permite mejorar su experiencia adaptándose a sus necesidades, a la vez que mejora la calidad de vida de sus residentes.

Y es en este último punto donde reside el gran valor de los ahora llamados destinos inteligentes o smart destinations. Es interesante y esperanzador observar cómo el hecho de poner en valor a las personas está transformando el turismo. El turista del futuro, como ya estamos observando, viajará con teléfono móvil, tableta y todo tipo de dispositivos electrónicos, que le permitirán sacar el mejor partido de su experiencia turística, y los operadores públicos y privados deberán estar preparados para ello porque a cambio recibirán mucha información valiosa por parte de sus clientes, información que bien gestionada es oro puro. Y sí, es verdad que los avances tecnológicos han cambiado la forma de viajar y de convivir, pero es el cambio de mindset de empresas y administraciones públicas y su interés en centrarse en sus clientes (viajeros y ciudadanos) lo que realmente está provocando un profundo cambio en la gestión de destinos turísticos.

En las destinaciones inteligentes se usan las tecnologías de la información y las comunicacionespara brindar servicios utilizando dispositivos inteligentes que permiten el uso, la integración y el intercambio masivo de datos, pero es importante no olvidar que su finalidad es dar servicio a las personas.

Tecnología en la ciudad

Imagínense el destino o ciudad inteligente como un ser vivo, como nosotros, con unas características morfológicas determinadas, con unas necesidades particulares y en continua exploración del mundo que le rodea y de las oportunidades del entorno.

Así, tenemos las infraestructuras comunes de telecomunicaciones y las redes 5G, que son el esqueleto y el sistema vascular respectivamente de la nueva ciudad inteligente. Conjuntamente, proporcionan la estructura necesaria para interconectar millones de dispositivos a velocidades de 10 Gbps, con latencias de 1 milisegundo y con una banda ancha 1.000 veces más rápida por unidad de área que las redes 4 y 4.5G. Con estos números la capacidad de hacer circular datos de manera rápida y eficiente está más que garantizada.

Tenemos la inteligencia artificial, que es el nuevo cerebro de la ciudad. Debemos tener en cuenta que la nueva ciudad inteligente genera una gran cantidad de datos y la IA permite la interacción máquina a máquina para procesar esos datos y darles sentido. Para entender el aspecto interesante de la inteligencia artificial en el contexto de las ciudades inteligentes, tomemos un ejemplo. En un sistema en el que tienden a producirse acumulaciones de personas, la IA puede aprender dónde suelen ocurrir y en qué circunstancias, y esta información puede utilizarse para una mejor gestión de los espacios.

Tenemos el internet de las cosas, que es el sistema nervioso de la ciudad, se extiende por todas partes y conecta cada punto mediante sensores que miden multitud de variables y generan grandes cantidades de información para procesar y mejorar la toma de decisiones sobre temas como niveles de contaminación, ruido, intensidad de tráfico, calidad del agua, gestión de residuos y seguridad ciudadana entre otros. En la actualidad hay más de 25.000 millones de dispositivos conectados a internet en el mundo, así que este sistema nervioso se expande de manera continua y exponencial.

Tenemos la realidad virtual y la realidad aumentada, que son los nuevos ojos con los que la ciudad puede percibir e interactuar con una realidad cada vez más híbrida, donde las líneas entre lo analógico y lo digital cada vez son más difíciles de apreciar y donde se busca un turismo inmersivo en el que el turista y el ciudadano sean los verdaderos protagonistas de la experiencia. La digitalización de las ciudades es una realidad que además de contribuir a su protección, conservación, restauración, investigación, difusión y promoción, estimula el interés por su patrimonio cultural. Actualmente, algunos destinos turísticos cuentan con ya su gemelo digital que utilizan entre muchas otras cosas para la planificación y la gestión de la ciudad, así como para la investigación y resolución de desafíos emergentes en la ciudad.

Tenemos la robótica, que es el sistema muscular de la nueva ciudad, la nueva musculatura que irá fortaleciéndose con el paso de los años para llevar a cabo las tareas de mayor esfuerzo y más repetitivas. La conducción autónoma, los drones y los bots de servicios son algunos buenos ejemplos de como las tecnologías relacionadas con la robótica están ya cambiando las reglas del juego en destinos turísticos.

Tenemos la blockchain, que es el sistema inmunitario de la nueva ciudad y permite la transmisión segura, eficiente y transparente de la gran cantidad de datos que esta necesita para desarrollarse.

Como se puede observar, las tecnologías ofrecen multitud de combinaciones y permutaciones. Cada variación provoca cambios en el desarrollo de las ciudades, como las combinaciones de genes en los seres vivos. No hay dos ciudades iguales como no hay dos seres vivos iguales.

El horizonte de 2050

Y tenemos mucho trabajo por delante. Distintos estudios afirman que en 2050 un 70% de la población mundial vivirá en las grandes ciudades y que el turismo alcanzará los 4.700 millones de turistas internacionales. Con estos números, la única forma de evitar el colapso de las grandes ciudades y del turismo mundial es a todas luces la planificación inteligente y para ello las administraciones, empresas y entidades público-privadas de todos los ámbitos deberán trabajar de forma conjunta en esta dirección y no cometer grandes errores que pongan en peligro la sostenibilidad del planeta.

He hablado largo y tendido sobre destinos inteligentes, pero no me gustaría que de este texto se extrajese la idea de que todo lo comentado con anterioridad solo aplica a grandes ciudades y al turismo relativo a las mismas, nada más alejado de la realidad.

Bajo mi punto de vista los pueblos no son ajenos a la revolución digital que se está produciendo en el mundo, o al menos no deberían serlo porque su supervivencia va a depender de ello. Por tanto, también necesitamos pueblos y aldeas inteligentes que desarrollen y mejoren sus condiciones sociales, económicas, tecnológicas y ambientales. No me malinterpreten, a los pueblos se puede ir a desconectar o a disfrutar de un estilo de vida distinto al de la ciudad y parte de su encanto es ese, pero con una gestión “inteligente” de los recursos seguro que se consigue que ambos modelos convivan de forma simbiótica.

Si en un entorno prepandemia conceptos como sostenibilidad y digitalización ya se vislumbraban como los principales retos a resolver en el sector turístico, no cabe duda de que el contexto actual ha acelerado la necesidad de incorporar las nuevas tecnologías en el desarrollo inteligente y sostenible del sector. Todos tenemos en la mente modelos de desarrollo turístico poco inteligentes, menos sostenibles y nada respetuosos con los ciudadanos. Es una realidad que debemos transformar, el turista y el ciudadano deben interactuar de forma más armónica entre ellos y con el entorno y por eso el turismo inteligente ha venido para quedarse.

Los nuevos modelos de turismo requieren la integración de muchos factores y componentes, tales como infraestructuras físicas y de tecnología de la información de alto nivel, recursos humanos bien capacitados, gestión efectiva, cooperación entre las partes interesadas y consciencia ambiental y social. Y claro está, también requieren de destinos inteligentes.

Un destino turístico inteligente o DTI es un espacio turístico innovador fundado sobre una robusta infraestructura tecnológica que responde al desarrollo sostenible del territorio, facilita la integración del visitante en el entorno y permite mejorar su experiencia adaptándose a sus necesidades, a la vez que mejora la calidad de vida de sus residentes.

Y es en este último punto donde reside el gran valor de los ahora llamados destinos inteligentes o smart destinations. Es interesante y esperanzador observar cómo el hecho de poner en valor a las personas está transformando el turismo. El turista del futuro, como ya estamos observando, viajará con teléfono móvil, tableta y todo tipo de dispositivos electrónicos, que le permitirán sacar el mejor partido de su experiencia turística, y los operadores públicos y privados deberán estar preparados para ello porque a cambio recibirán mucha información valiosa por parte de sus clientes, información que bien gestionada es oro puro. Y sí, es verdad que los avances tecnológicos han cambiado la forma de viajar y de convivir, pero es el cambio de mindset de empresas y administraciones públicas y su interés en centrarse en sus clientes (viajeros y ciudadanos) lo que realmente está provocando un profundo cambio en la gestión de destinos turísticos.

En las destinaciones inteligentes se usan las tecnologías de la información y las comunicacionespara brindar servicios utilizando dispositivos inteligentes que permiten el uso, la integración y el intercambio masivo de datos, pero es importante no olvidar que su finalidad es dar servicio a las personas.

Tecnología en la ciudad

Imagínense el destino o ciudad inteligente como un ser vivo, como nosotros, con unas características morfológicas determinadas, con unas necesidades particulares y en continua exploración del mundo que le rodea y de las oportunidades del entorno.

Así, tenemos las infraestructuras comunes de telecomunicaciones y las redes 5G, que son el esqueleto y el sistema vascular respectivamente de la nueva ciudad inteligente. Conjuntamente, proporcionan la estructura necesaria para interconectar millones de dispositivos a velocidades de 10 Gbps, con latencias de 1 milisegundo y con una banda ancha 1.000 veces más rápida por unidad de área que las redes 4 y 4.5G. Con estos números la capacidad de hacer circular datos de manera rápida y eficiente está más que garantizada.

Tenemos la inteligencia artificial, que es el nuevo cerebro de la ciudad. Debemos tener en cuenta que la nueva ciudad inteligente genera una gran cantidad de datos y la IA permite la interacción máquina a máquina para procesar esos datos y darles sentido. Para entender el aspecto interesante de la inteligencia artificial en el contexto de las ciudades inteligentes, tomemos un ejemplo. En un sistema en el que tienden a producirse acumulaciones de personas, la IA puede aprender dónde suelen ocurrir y en qué circunstancias, y esta información puede utilizarse para una mejor gestión de los espacios.

Tenemos el internet de las cosas, que es el sistema nervioso de la ciudad, se extiende por todas partes y conecta cada punto mediante sensores que miden multitud de variables y generan grandes cantidades de información para procesar y mejorar la toma de decisiones sobre temas como niveles de contaminación, ruido, intensidad de tráfico, calidad del agua, gestión de residuos y seguridad ciudadana entre otros. En la actualidad hay más de 25.000 millones de dispositivos conectados a internet en el mundo, así que este sistema nervioso se expande de manera continua y exponencial.

Es interesante y esperanzador observar cómo el hecho de poner en valor a las personas está transformando el turismo.

Tenemos la realidad virtual y la realidad aumentada, que son los nuevos ojos con los que la ciudad puede percibir e interactuar con una realidad cada vez más híbrida, donde las líneas entre lo analógico y lo digital cada vez son más difíciles de apreciar y donde se busca un turismo inmersivo en el que el turista y el ciudadano sean los verdaderos protagonistas de la experiencia. La digitalización de las ciudades es una realidad que además de contribuir a su protección, conservación, restauración, investigación, difusión y promoción, estimula el interés por su patrimonio cultural. Actualmente, algunos destinos turísticos cuentan con ya su gemelo digital que utilizan entre muchas otras cosas para la planificación y la gestión de la ciudad, así como para la investigación y resolución de desafíos emergentes en la ciudad.

Tenemos la robótica, que es el sistema muscular de la nueva ciudad, la nueva musculatura que irá fortaleciéndose con el paso de los años para llevar a cabo las tareas de mayor esfuerzo y más repetitivas. La conducción autónoma, los drones y los bots de servicios son algunos buenos ejemplos de como las tecnologías relacionadas con la robótica están ya cambiando las reglas del juego en destinos turísticos.

Tenemos la blockchain, que es el sistema inmunitario de la nueva ciudad y permite la transmisión segura, eficiente y transparente de la gran cantidad de datos que esta necesita para desarrollarse.

Como se puede observar, las tecnologías ofrecen multitud de combinaciones y permutaciones. Cada variación provoca cambios en el desarrollo de las ciudades, como las combinaciones de genes en los seres vivos. No hay dos ciudades iguales como no hay dos seres vivos iguales.

El horizonte de 2050

Y tenemos mucho trabajo por delante. Distintos estudios afirman que en 2050 un 70% de la población mundial vivirá en las grandes ciudades y que el turismo alcanzará los 4.700 millones de turistas internacionales. Con estos números, la única forma de evitar el colapso de las grandes ciudades y del turismo mundial es a todas luces la planificación inteligente y para ello las administraciones, empresas y entidades público-privadas de todos los ámbitos deberán trabajar de forma conjunta en esta dirección y no cometer grandes errores que pongan en peligro la sostenibilidad del planeta.

He hablado largo y tendido sobre destinos inteligentes, pero no me gustaría que de este texto se extrajese la idea de que todo lo comentado con anterioridad solo aplica a grandes ciudades y al turismo relativo a las mismas, nada más alejado de la realidad.

Bajo mi punto de vista los pueblos no son ajenos a la revolución digital que se está produciendo en el mundo, o al menos no deberían serlo porque su supervivencia va a depender de ello. Por tanto, también necesitamos pueblos y aldeas inteligentes que desarrollen y mejoren sus condiciones sociales, económicas, tecnológicas y ambientales. No me malinterpreten, a los pueblos se puede ir a desconectar o a disfrutar de un estilo de vida distinto al de la ciudad y parte de su encanto es ese, pero con una gestión “inteligente” de los recursos seguro que se consigue que ambos modelos convivan de forma simbiótica.

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