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El ecosistema de la IA crece en Catalunya

Catalunya está bien posicionada para convertirse en hub de inteligencia artificial al entrar en esta nueva década. Pero la competencia es feroz y necesita mantener atractivo su ecosistema.

Para muchos, la inteligencia artificial es algo que existe siempre en el futuro. Algo que llegará al mismo tiempo que la colonización de la Luna o viajes a través del tiempo. Es el don angustias C-3PO discutiendo con el sensato R2-D2, o el incandescente ojo rojo de Arnold Schwarzenegger en Terminator. En la literatura, el concepto de máquinas inteligentes con características humanoides precede incluso a los mismos ordenadores electrónicos; se la presenta como la salvadora de la humanidad o como nuestra ruina.

La realidad es mucho más banal: la IA ya lleva tiempo entre nosotros, y la mayoría interactuamos con ella diariamente. Si usas un mapa en tu móvil para hacer un viaje en coche, la IA va actualizando el mapa en tiempo real para evitar tráfico. También la IA se ocupa de enviar más de la mitad del volumen de correos electrónicos diarios mundiales a la carpeta spam para facilitarnos la correspondencia. Y puede vencer a cualquier humano en el ajedrez sin problema. Pero hay cosas que le cuestan, como identificar palmeras en fotos, de ahí la existencia de los captchas.

A medida que la tecnología avanza, la IA se hace más sofisticada, y más común su uso. Será cada vez más necesaria, por ejemplo, en todo negocio que quiera seguir siendo competitivo. De hecho, sus potenciales efectos en el mercado se han comparado con lo supuso en su momento la aparición de internet. Un estudio realizado por Price Waterhouse estima que para el año 2030 la inteligencia artificial aumentará el rendimiento económico global en más de 15 billones de dólares. Y la lucha por ese futuro dinero ya se está produciendo. En palabras de Jordi Puigneró, consejero de Políticas Digitales de la Generalitat, estamos viviendo nada menos que una “batalla mundial por la supremacía tecnológica”, de la cual las ciudades ganadoras pueden asegurar el futuro de sus economías.

En esta batalla, Catalunya de momento está bien posicionada. Un estudio de 2019 realizado por la Generalitat identificó 179 empresas que trabajan con la IA en Catalunya, y dan empleo a más de 8.000 personas (el sector TIC en su conjunto emplea a más de 120.000). Eso sí, el panorama de la industria es feroz, y en cambio constante, y hay que mantenerse al día con las innovaciones o se corre el riesgo de quedarse atrás. Con ese fin, el Govern ha lanzado “Catalonia.AI”, una iniciativa que pretende “convertir Catalunya, y Barcelona en particular, en un núcleo de la inteligencia artificial global,” a través de proyectos ambiciosos y una actitud proactiva en cuanto a su financiación.

Catalunya tendrá que sacar provecho de sus puntos fuertes: la alta calidad de vida y el estatus de Barcelona como moderna capital europea.

En febrero de 2020, el Govern anunció la dedicación de unos 10 millones de su propio presupuesto al fomento de la IA en la comunidad, casi la mitad de eso se designará a la investigación e innovación. Y con el programa Next Generation EU (un fondo europeo dedicado a la reactivación económica tras la pandemia) se dedicará unos 67.5 millones a la IA e infraestructura digital.

Todo esto está muy bien, pero Catalunya no es la única en anunciar tales planes. Gobiernos nacionales y regionales en todo el mundo están declarando sus intenciones de ser el próximo Silicon Valley. Escocia está dedicando cifras importantes a la causa. Navarra publicó recientemente su Estrategia Digital Navarra 2030, con objetico determinante para el desarrollo de la IA en la comunidad. Hasta la pequeña isla africana de Mauricio publicó su propia estrategia hace ya unos tres años. Para distinguirse de los demás, Catalunya tendrá que sacar provecho de sus puntos fuertes: la alta calidad de vida que ofrece, su tiempo agradable y el estatus de Barcelona como moderna capital europea son algunos de los factores que hasta ahora han sido importantes en atraer talento a la ciudad.

Ecosistema en ciernes

La palabra ecosistema aparece a menudo para describir una ciudad capaz de atraer emprendedores. Evoca imágenes de la naturaleza, tanto de tierra fértil y brotes verdes como de selección natural despiadada. Y eso es lo que buscan las startups nacientes, un entorno donde se puedan exponer a ideas nuevas y con una amplia red de talento a su disposición.

Es este ecosistema el que quiso Christopher Payne cuando creó su empresa, Reach, con la idea de usar la IA para revolucionar la manera en que archivamos y encontramos nuestros documentos digitales (sostiene que actualmente el empleado promedio gasta el 18% de su tiempo simplemente buscando archivos). “El ecosistema de Barcelona está muy enfocado a la tecnología, y por tanto muy enfocado a la IA. Muchas compañías que han recaudado mucho dinero están juntas en el mismo espacio”, explica.

Como muchos de esta nueva generación barcelonesa de empresarios, Payne tiene ascendencia catalana (por parte de madre), pero en la decisión de instalar aquí su negocio no hay un motivo patriótico. Antes que nada es un empresario que prioriza el bienestar de su negocio, y ha elegido Barcelona por las ventajas que ofrece.

Payne cita la calidad del talento local (menciona explícitamente a los graduados de la UPC), pero destaca sobre todo la calidad de vida: afirma conocer emprendedores y programadores que han venido de climas menos favorables para pasar la cuarentena y, una vez aquí, habiendo descubierto que pueden hacer su trabajo de manera telemática, se han quedado. “El teletrabajo ha llegado para quedarse, y en cuanto a las tech startups, Barcelona se beneficiará enormemente”.

Reach se lanzará en los próximos meses, pero Barcelona ya puede alardear de algunas de las startups más notables de Europa. Badi, por ejemplo, una app para encontrar inquilinos o compañeros de piso fundada en la ciudad por Carlos Pierre, que toma nota de las intereses, la edad y el presupuesto de los usuarios, y con esa información les propone cohabitaciones potenciales. Desde su lanzamiento en 2015, ha crecido un 450% año tras año, y justo antes de la pandemia celebró su listing número 300.000.

Pero Carlos no es el emprendedor más destacado de la familia Pierre. Es su primo, Óscar Pierre, el que lleva esa distinción: Óscar es CEO y co-fundador de Glovo, la famosa app de entrega a domicilio, y una de las historias de éxito más notables del emprendimiento catalán. Su empresa es uno de los actores principales en el pujante y ultracompetitivo sector del q-commerce (quick commerce), la entrega de cualquier cosa a cualquier lugar, cuanto más rápido mejor. Fundada en 2015, Glovo ya cuenta con 3,5 millones de clientes en más de 20 países, y da empleo a más de 50.000 repartidores, que trabajan de manera autónoma.

El corazón de su empresa es “Jarvis”; lleva el nombre de un robot de la película Iron Man, pero en realidad es un algoritmo. Una vez pedido un artículo, el algoritmo tiene en cuenta una variedad de factores, como tiempo de preparación de comida, el tipo de vehículo que tiene el repartidor, como está el tráfico en el momento y situaciones excepcionales (mal tiempo, manifestaciones, rutas cerradas temporalmente, etc.). En función de esa información, va decidiendo la forma de distribuir a los repartidores para agilizar el proceso. Glovo cuenta con 300 ingenieros y tiene previsto añadir unos 200 más este año para sus oficinas de Barcelona y Varsovia.

Para el éxito del ecosistema se necesitan asimismo universidades de primera calidad y centros de investigación de vanguardia. Tal vez la universidad más destacada sea la Politècnica de Catalunya, la mejor de España para estudiar informática y derivadas, según QS World University Rankings. Desde hace tiempo la UPC ofrece másters y doctorados en IA, y a partir del otoño de 2021 estará disponible un grado de IA de cuatro años que, como afirma Josep Fernández Ruzafa, decano de la Facultat de Informática, permitirá profundizar en la disciplina a lo largo de cuatro años. Es optimista en cuanto a las perspectivas laborales de los graduados, y ve en el desarrollo del sector una manera de liberar a Catalunya de sus limitaciones económicas. “El turismo y la construcción son sectores muy susceptibles a crisis temporales”, dice. “Pero en el sector informático no conocemos el paro y hay mucha demanda”.

¿Podríamos estar ante un posible cambio en la identidad de la ciudad, capaz de librar a la economía local del imperio de la industria turística? El tiempo dirá: de momento Catalunya disfruta de muchas empresas tech en ciernes, si bien pocas que hayan alcanzado pleno desarrollo como Glovo.

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