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La oficina ya no es lo que era

La cultura organizativa de muchas empresas se está transformando con la llegada de la flexibilidad, los modelos híbridos y la todavía incipiente jornada laboral de cuatro días.

El trabajo ya no es lo que era. La oficina, tampoco. Desde que la crisis del coronavirus impactara en nuestras vidas, la vida laboral ha cambiado radicalmente, con una mayor flexibilidad de nuestra presencia en las oficinas, con modelos híbridos de trabajo presencial y en remoto, e incluso con la “tímida” llegada de la, ansiada por muchos, jornada laboral de cuatro días. Empleados y directivos coinciden en que la Covid-19 ha transformado la cultura corporativa y su relación con el espacio físico de trabajo.

Espacios colaborativos

Después de un periodo de teletrabajo “forzoso” con luces y sombras, los profesionales que trabajan en oficinas piden una mayor flexibilidad de la jornada laboral, pero también volver a espacios diferentes y adaptados a los nuevos tiempos, que faciliten la interconexión y la interacción social.

La oficina se perfila como el espacio más idóneo para facilitar el networking y el trabajo en equipo, mientras que el trabajo individual y de concentración pasa a ocupar las horas en remoto. “Está claro que a la oficina no volveremos a ir a enviar e-mails o a rellenar formularios, sino a hacer tareas colaborativas, creativas y a sociabilizar, y eso obliga a cambiar los espacios de trabajo”, afirma Camilo Agromayor, director general de Ofita, empresa de fabricación de muebles de oficina.

“A medida que las personas han aumentado su movilidad, las áreas de trabajo se han vuelto cada vez más diversas e informales. En estos espacios, los empleados pueden tanto hacer una pausa como seguir trabajando, pero de una forma más distendida, bien de forma individual o con otros compañeros”, asegura.

La oficina se perfila como el espacio más idóneo para facilitar el trabajo en equipo, mientras que el trabajo individual y de concentración pasa a ocupar las horas en remoto.

¿En qué se traduce? “En áreas con sofás, pufs, taburetes o juegos. Espacios de diseño más acogedores y divertidos que favorecen la motivación, la distensión mental y la productividad”, afirma el director general de Ofita. Una tendencia que comenzó en las grandes tecnológicas, como Google o Facebook, pero que ya se había empezado a extender antes de la pandemia en las nuevas oficinas abiertas por todo el mundo, tanto en las startups de nueva creacióncomo en grandes empresas y en organismos internacionales.

Según el Barómetro Grup Efebé 2021: Teletrabajo y la necesidad de repensar el Espacio Oficina, realizado por esta empresa especializada en el diseño, adecuación y mantenimiento de espacios de trabajo, para el 76% de los empleados de oficina el teletrabajo no ha sido una experiencia totalmente satisfactoria durante el confinamiento.

Trabajar desde casa está ofreciendo elementos positivos: un menor riesgo de contagio, mejor organización del tiempo y ahorro de tiempo y dinero en desplazamientos. Pero también comporta otras ineficiencias en determinadas tareas profesionales que solo pueden contrarrestarse en un espacio físico compartido y adecuado para la actividad laboral, como la garantía del trabajo en equipo, de la concentración sin distracciones o la inexistencia de limitaciones técnicas.

Aumento del teletrabajo

Y es que el teletrabajo, que ya era una opción muy extendida en Europa y en el resto del mundo, llegó a España para muchos de nosotros como una novedad durante el confinamiento. Solo el 33,5% de los empleados de oficina de nuestro país había disfrutado de las venturas y desventuras del teletrabajo, mientras que en enero de 2021 esta cifra se situaba en el 72,8%.

En Catalunya, la opción del teletrabajo es posible a día de hoy para un 25,1% de los profesionales en activo, lo que la convierte en la segunda comunidad autónoma con más teletrabajo por detrás de Madrid (con un 28% de ocupados con opción a teletrabajar), y por encima de la media nacional, que se sitúa en el 22,3%, según datos del Informe de la Sociedad Digital en España 2020-2021 de Fundación Telefónica. En cuanto a los días de teletrabajo por semana, según el mencionado Barómetro Grup Efebé, pasaron de 0,7 por semana antes de la llegada de la pandemia a 2,8 a principios de 2021.

Aunque el teletrabajo ha sido ampliamente aceptado por empleados y empleadores, en algunos casos la vuelta a la oficina está enfrentando posturas entre aquellos más proclives al teletrabajo y aquellos más proclives al trabajo presencial. Incluso ya hay estudios que vaticinan mayores éxitos laborales a los trabajadores que decidan acudir más a menudo físicamente a la oficina.

Según Grup Efebé, mientras que solo un 9% de trabajadores quieren estar presentes en la oficina 5 días a la semana, el 91% esperan que se afiancen las fórmulas mixtas de trabajo presencial y teletrabajo más allá de la pandemia, con dos o tres días por semana en remoto. “En esta escena, los equipos directivos juegan un papel clave en la vida profesional y personal de sus trabajadores y, a la vez, tienen en sus manos la oportunidad de crear una cultura de bienestar que contribuya a la mejora del ambiente en sus entornos de trabajo”, explica Estel Mallorquí, fundadora y directora de Biwel, creadora de software para el bienestar del empleado, según definición de la propia empresa.

Una de las voces más rotundas sobre la necesidad de la vuelta a la oficina tras el periodo de confinamiento fue la de James Morgan, consejero delegado de Morgan Stanley, en una conferencia con inversores el pasado mes de junio. “Si puedes ir a un restaurante en Nueva York, puedes venir a la oficina, y te queremos en ella”. En su exposición, basó su opinión en dos argumentos. El primero, el del salario. “Si quieres que te paguen un salario de Nueva York, trabajas en Nueva York. Nada de estar en Colorado y cobrar como si vivieras en Nueva York”. El segundo, el de la formación. “No os equivoquéis, hacemos el trabajo en las oficinas de Morgan Stanley. Ahí es donde nuestros becarios aprenden y así es como formamos a la gente”.

José Luis Casero, presidente de la ARHOE (Comisión para la Racionalización de los Horarios españoles), puntualizaba recientemente que lo sucedido durante la pandemia no ha sido teletrabajo, sino una especie de “sálvese quien pueda” forzado por la emergencia sanitaria. En sus palabras, las empresas que hagan una planificación cuidadosa de ese nuevo sistema van a salir reforzadas. “Las que crean que teletrabajar es plantar un ordenador en cualquier lugar y tener al trabajador disponible, cien por cien bajo la premisa de que ya que está en casa qué menos que atender a la empresa, se van a equivocar, porque solo van a conseguir quemar a sus trabajadores”, aseguraba. “Hay que evitar que el teletrabajo puede derivar en un telepresentismo que suponga conectarse de 9 a 21 horas y en el síndrome del pijama para el trabajador”.

“Si preguntas a los jóvenes, quieren libertad de espacio y tiempo. No tienen miedo al teletrabajo ni a trabajar por objetivos, pero invirtiendo en tecnología y formación, sin improvisar”, asegura.

Jornada de cuatro días

El paso más revolucionario, el de contar con una jornada laboral de cuatro días, que lleva tiempo resonando en el debate social y ha sido impulsado por la formación de Íñigo Errejón, Más Madrid, sería bien visto por el 71% de los empleados, según una encuesta de Hays, una de las principales compañías de recursos humanos. Sin embargo, aún se considera prácticamente un tema tabú en países como España.

En nuestro país han sido dos las grandes empresas que ya han apostado por este modelo, Desigual y Telefónica, pero en ambos casos aplicando una reducción salarial. En el caso del personal de oficinas de la firma de moda catalana, del 6,5%. En el de la empresa de telecomunicaciones, de un 16%. Mientras en Desigual este cambio se ha aplicado a todo su personal de oficinas tras conseguir el 86% de votos favorables, en Telefónica se trata de un proyecto piloto al que solo se han acogido unos cientos de sus trabajadores. Otras compañías de menor tamaño, aún poco numerosas, sí han implantado este modelo sin recorte alguno en la retribución, como la tecnológica andaluza Software Delsol.

Mercado de oficinas

El mercado de oficinas tampoco saldrá indemne de este cambio de hábitos. Grandes organismos internacionales, como la Comisión Europea, reducirán a la mitad sus edificios ocupados de aquí a 2030, después de que una encuesta interna revelara que más del 90% de sus funcionarios son partidarios de dos o tres días de teletrabajo a la semana.

No será el único. El Fondo Monetario Internacional, con sede en Washington, no descarta vender en un futuro uno de sus dos inmuebles en la capital estadounidense si detecta que el teletrabajo conlleva una menor necesidad de espacio físico para sus trabajadores. BNP Paribas, Deutsche Bank o HSBC ya están llevando a cabo este tipo de movimientos en sus oficinas alemanas.

La nueva oficina resultante de estas desinversiones, tanto en estos organismos como en empresas tecnológicas como Google, será aún más flexible: la idea es que la mayoría de los trabajadores no tenga despacho ni mesa fija y que las salas de trabajo colaborativo cuenten con muebles y muros con ruedas para adaptarse al número de personas que acudan a las reuniones.

Empleados y empleadores han iniciado una nueva andadura cuya viabilidad futura va a depender en gran medida del compromiso y actitud de los unos y los otros, y de cómo se vayan desarrollando las normativas que deben regular la nueva actividad laboral. Al fin y al cabo, el mercado de trabajo ha ido evolucionando a lo largo de la historia y pocos se atreverían a considerar que no vaya a seguir siendo así.

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