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Materiales sostenibles que están cambiando el mundo

Bioplásticos de residuos orgánicos, papel y cartón más reciclables, recuperación de desperdicios alimentarios… Así se hace el ecopackaging más innovador.

Que los consumidores demandan envases y embalajes más seguros, higiénicos y sostenibles es ya una realidad. Como en otros sectores, también en este se está dando un proceso de adaptación constante hacia la transición ecológica. Lo saben muy bien en el Clúster del Packaging: “Desde todos los eslabones de la cadena de valor se están pivotando recursos empresariales hacia las nuevas demandas sociales y legislativas en materia de ecodiseño y economía circular”, nos dice Àlex Brossa, su responsable ejecutivo.

Acció, la agencia para la competitividad de la empresa de la Generalitat, tiene identificadas 400 empresas que ofrecen soluciones para implementar la economía circular, con una facturación de más 11.000 millones de euros. La mayoría son pymes y empresas jóvenes, con menos de una década de trayectoria, que ocupan, en conjunto, a unos 70.000 trabajadores. Y buena parte de estas empresas trabajan en el campo del packaging. “La gran mayoría incorpora soluciones ecológicas que intentan promover entre sus clientes para adaptarse a los nuevos escenarios restrictivos”, afirma Brossa, que augura un gran futuro a este nicho de mercado pues hasta un 30% de los usuarios está dispuesto a pagar más por un envase sostenible, es decir, de bajo impacto ambiental.

En ecopackaging cabe diferenciar entre varios materiales sostenibles: cartón, de fácil reutilización; bioplásticos, de origen vegetal (soja, maíz, fécula de patata, caña de azúcar, hoja de pino, por ejemplo) que sustituyen al plástico convencional; y vidrio, que se transforma en otro envase al que se le puede dar una segunda vida.

Desde el Clúster opinan que el desarrollo de nuevos materiales bajo pretextos más sostenibles es “positivo”, si bien precisan que es necesario realizar análisis de ciclo de vida o estudios transversales que midan el impacto del uso de ciertos materiales. En algunos casos, puede conllevar el encarecimiento de productos alimentarios básicos como el maíz.

“Frecuentemente surgen nuevos usos de materiales orgánicos”, dice Brossa, “pero su uso estará muy limitado a aplicaciones concretas y no creemos que sean hegemónicos en toda la industria. Y por lo que respecta a los bioplásticos, generan mejoras sustanciales en ciertos productos del mercado, comparados con materiales más tradicionales, pero también tienen grandes limitaciones”.

De hecho, tal como saben muy bien en el Clúster del Packaging, la batalla actual no está concretamente en los diferentes materiales, sino entre los modelos de uso y de final de vida asociados a los mismos. “Se trata de cuantificar los impactos de esos materiales: en términos de ecodiseño, de eficiencia en la producción, y su capacidad para acoplarse a las estrategias de economía circular”.

Uno de los principales consumidores de envases y embalajes es el sector alimentario, donde hay un especial interés en que se reutilicen subproductos y residuos agrícolas para generar otros nuevos. “Se está avanzando mucho en I+D para dotar a estos biomateriales de propiedades importantes en packaging aplicado al ámbito alimentario. Para crear, por ejemplo, barreras al oxígeno o generar propiedades hidrófobas y antibacterianas”, explica Maite Ardèvol, coordinadora de Economía Circular en Acció, quien señala que también la industria farmacéutica y la cosmética están avanzando mucho en ecodiseño y en la búsqueda de envases más sostenibles.

En Acció acaban de presentar un catálogo digital donde se identifican las 100 soluciones en economía circular más innovadoras de Catalunya. El desarrollo de nuevos materiales alternativos al plástico a partir de residuos orgánicos urbanos o residuos agrícolas, así como una mayor reciclabilidad del papel y el cartón son algunos ejemplos.

“Estamos viendo tendencias interesantes a la hora de recuperar residuos alimentarios. Desde pieles de patata a huesos de aceituna, cáscara de arroz, pieles de cítricos u hojas de piña, entre muchos otros. Otras tendencias pasan por reaprovechar productos que se pueden reciclar, pero que hace poco tiempo presentaban dificultades”, señala Maite Ardèvol. Hay en marcha iniciativas, por ejemplo, para reaprovechar y revalorizar los residuos del vidrio, creando nuevos subproductos: el tratamiento de aguas, arenas para campos deportivos, etc.

Poliéster a partir de residuos orgánicos

Hace apenas dos años, Venvirotech Biotecnology se alzaba con el Fòrum d’Inversió Acció. Esta startup había levantado una ronda de 2,8 millones de euros y contaba con un equipo formado por siete personas. Ahora nos dice Patricia Aymà, cofundadora y CEO de la empresa: “En breve vamos a dar a conocer tres grandes proyectos en fase avanzada con tres grandes empresas”. Venvirotech se dedica a la transformación de residuos orgánicos en bioplásticos Polyhydroxyalcanoato (PHA) que se caracterizan por ser producidos por bacterias, biodegradables en el medio ambiente y compatibles con el cuerpo humano.

“Mientras hacía mi tesina, estudié y desarrollé un proceso de selección de bacterias capaces de producir bioplástico a partir de residuos orgánicos como alimento. El bioplástico es una reserva energética para estas bacterias, ya que les permite sobrevivir durante periodos de hambruna”, explica Aymà. Estas bacterias se eligen mediante un proceso conocido como saciedad-hambruna que consiste en proporcionar una pequeña porción de comida a la población bacteriana, durante dos horas como mucho, y dejar que pasen hambre el resto del día. En esas condiciones, únicamente las bacterias productoras de bioplástico pueden sobrevivir al ciclo diario. “Cuando repetimos este proceso de manera constante, obtenemos las mejoras bacterias productoras de bioplástico biodegradable”, puntualiza.

Este bioplástico, que origina el “mismo residuo que una manzana”, se degrada entre seis y doce meses, algo que podría transformar el mundo del packaging, según Aymà: “En el futuro, los envases bio también van a tener fecha de caducidad. Todo ello se unirá a una tendencia de consumo más inteligente que permitirá introducir este tipo de bioplásticos en la cadena de valor”, afirma. Este material abarca una gran familia de polímeros, rígidos o flexibles, por lo que se puede aplicar en packaging, pero también en otros ámbitos como la biomedicina y la impresión 3D, especialmente en el desarrollo de prótesis y lo que llaman drug delivery, o recubrimiento de fármacos.

La cascarilla de arroz del Montsià

El convenio entre la Cámara Arrocera del Montsià y el científico Iban Ganduxé ya está revolucionando la industria automovilística, otro sector más allá del packaging que se beneficia de los materiales. Han desarrolladoOryzite, un sustituto del plástico a base de cascarilla de arroz que, mezclado con otros compuestos termoplásticos y termoestables en porcentajes elevados (60%), ayuda a moldear buena parte de las piezas del automóvil. Es el caso de Seat, firma que ya utiliza esta tecnología en el revestimiento del techo, el doble piso de carga del maletero o el portón trasero del modelo León. Una vez mezclado con polímeros, expuestos a altas temperaturas, Oryzite genera piezas más ligeras e igual de resistentes que los plásticos convencionales a un coste más bajo. El nuevo material aligera el peso total del vehículo, además de reducir la huella de carbono en los procesos de producción pues el 60% de los polímeros empleados es cáscara de arroz.

Cada año, la Cámara Arrocera del Montsià produce 60.000 toneladas de arroz, de las que se quemaban y desaprovechaban 12.000 toneladas de cascarilla. Y este proyecto surgió de la necesidad de valorizar los subproductos de los procesos productivos de esta cooperativa. “Sustituye al plástico hasta en un 85%, un porcentaje más elevado del que permiten otros materiales que solo se pueden aditivar hasta un 61%”, señala Iban Ganduxé.

Otras características de Oryzite, según nos dicen: contribuye a bajar los gases de efecto invernadero porque necesita menos tiempo y temperatura de fabricación; además, las cascarillas de arroz capturan carbono, es decir, emisiones. “Si tomamos como ejemplo la fabricación de un coche utilitario, el empleo de plástico convencional, que representa alrededor de un 15% del peso total, genera unos 750 kilos de CO2, y si se sustituye por este nuevo material se rebajan las emisiones de CO2 hasta los 64 kilos”.

Oryzite es compatible con multitud de procesos productivos y se puede aplicar a la fabricación de envases, bolsas, palés o piezas de automoción.

Vajillas y cubiertos comestibles

A finales de enero, la startup Voilà acaparaba titulares al ganar el Premio Innofood, dotado con 12.000 euros, gracias a sus cubiertos de cereales, principalmente harina de arroz, desechables y comestibles. Este programa de Barcelona Activa y Mercabarna reconocía así el esfuerzo deLaura Gispert, exalumna del Grado en Diseño de la Escola Elisava (Barcelona), quien había empezado a diseñar su propia cubertería como trabajo de final de grado, apenas dos años atrás.

Gispert empezó a darle vueltas a un problema muy común: qué hacer con los vasos, tazas y cubiertos de plástico que usamos durante un picnic, excursión o salida al aire libre. El principal objetivo era eliminar el impacto ecológico que generan estas vajillas y cubiertos de un solo uso. Así nació Voilà, que saldrá al mercado próximamente coincidiendo con la entrada en vigor de la directiva europea que prohíbe la introducción de plásticos de un solo uso.

Aunque existen precedentes, como la taza de galleta y chocolate blanco desarrollada por el estudio The Robin Collective (Reino Unido) para Kentucky Fried Chicken seis años atrás, la creación de tazas, vasos y cubiertos comestibles presenta varias dificultades. En primer lugar, deben ser funcionales, es decir, cubrir ese servicio para el que han sido diseñados. Por ejemplo, deberían mantener su estructura y forma si se vierten líquidos o alimentos cocinados a altas temperaturas. Cuchillos y tenedores deben ser capaces de cortar y trocear cualquier comida. En segundo lugar, y desde el punto de vista organoléptico, deberían gustar prácticamente a todo el mundo. En este caso, los cubiertos creados por Gispert, con el apoyo de Xano Saguer, reconocido pastelero de Espai Sucre, recuerdan a los típicos palitos de pan que se toman como tentempié. Por lo tanto, estos cubiertos se pueden comer o no, pero si se opta por lo segundo, se descomponen con facilidad, como mucho en 30 días.

Una apuesta innovadora por el cartón

El Grupo Damm le ha declarado la guerra al plástico de un solo uso. El año pasado sustituyeron las anillas de plástico de sus latas por otras de cartón 100% biodegradable. Y desde principios de febrero han reemplazado los plásticos decorados que envolvían los packs de latas por un embalaje de cartón PEFC proveniente de bosques gestionados de forma sostenible. Es el proyecto LatCub, galardonado con el Premio Europeo a la Excelencia en Innovación, de manos de la Asociación Europea de Fabricantes de Cartón (Procartón). Satisfechos con este reconocimiento, fuentes de Damm aseguran: “En nuestro caso, seguimos apostando por el fomento del ecodiseño en nuestros envases y embalajes, reduciendo el uso de materiales, mejorando su reciclabilidad e incrementando el porcentaje de materias primas de origen reciclado en su composición”. Con estas dos iniciativas, Estrella Damm reducirá más de 359 toneladas de plástico al año. Su capacidad de degradarse, volviendo al medio ambiente sin dejar huella, o su fácil reciclaje a través de un proceso orgánico, hacen de este tipo de materiales una alternativa sostenible a tener en cuenta por la industria. “Continuamos trabajando en poder eliminar todo el plástico de nuestras marcas y lograr packagings cada vez más ecosostenibles”, señalan desde Damm.

Polietileno desechable con algas marinas

Hace tres años, durante el último curso de carrera de diseño industrial, Albert Marfà empezó a investigar sobre bioplásticos. “Me motivaba el hecho de crear un material 100% natural, pero que pudiera replicar las propiedades de los plásticos rígidos que sujetan las latas. Conseguí una formulación a base de algas marinas, fibras naturales con restos de cultivos, harinas de trigo y almidón muy parecida al polietileno de baja densidad (PEBD). Y con un grado de rigidez-flexibilidad que varía en función de la ratio que se añada de harina, fibras o almidón”, detalla. Con el paso del tiempo, reformuló su bioplástico para que fuera aplicado a nivel industrial. En la actualidad, lo suministra en formato de pélets (pequeñas bolas en sacos de gran tamaño) que permite transformarlo en láminas o moldearlo en piezas, según el fabricante. “Desde el principio, me planteé que este material fuera implementable y generase un impacto en la sociedad”, asegura Marfà, CEO y cofundador de Oimo.

Un año después, Oimo vería la luz como empresa de nueva creación, tras recibir una ayuda directa de 75.000 euros de Acció. En la actualidad, la empresa cuenta con un equipo de cinco personas y entre sus planes para los próximos meses está el de comercializar este bioplástico al que todavía no han puesto nombre. El material, destinado al envasado de alimentos, en principio frutos secos, bebidas, cosméticos o productos agrícolas, se descompone en el plazo de un mes. Biodegradable al 100%, desaparece incluso en agua dulce o salada, impidiendo la acumulación de residuos en los fondos marinos.

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